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viernes, 23 de julio de 2010

El caso Vespucio, según Zweig

.Por: Fietta Jarque
20/07/2010
Tomado de: http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2010/07/el-caso-vespucio.html#more

América. Un nombre equivocado para todo un continente. Una sarta de malentendidos, mentiras y medias verdades que adjudicaron ese nombre nada menos que al Mundus Novus. Al paraíso terrenal que los europeos del siglo XVI, hundidos en guerras, abusos, pestes y pobreza vieron como una esperanza de pureza, redención, de fortuna. Como el auténtico Edén bíblico. Lo único que hizo este florentino fue escribir un cuadernillo en forma de cartas, relatando de forma amena lo que decía haber visto en estas nuevas tierras descubiertas por Colón. Pero mientras el genovés persistía en considerarlas como islas y costas de la Indias, Américo Vespucio (Florencia, 1454-Sevilla, 1512) fue el primero que las reconoció como territorio desconocido y nuevo, entre Europa y Asia. Se ha recuperado un delicioso texto de Stefan Zweig, Américo Vespucio. La historia de un error histórico (Capitán Swing Libros) que cuenta y desenreda todos los increíbles embrollos que dieron con el bautizo del continente con el nombre de este escritorzuelo que, con sólo 32 páginas, pasó a la inmortalidad.



Fueron entre cuatro y seis folletos titulados genéricamente Mundus Novus y aparecieron en 1503, no se sabe bien si en París o Florencia. A lo largo de la década anterior se había realizado la mayor cantidad de descubrimientos geográficos de los anteriores cinco siglos. Pero todavía no se sabía muy bien en qué consistían. Una de las virtudes que hicieron que los libritos del mal llamado Albericus Vespucius (se repitió esta errata en las primeras ediciones) fue que por primera vez se relataban las aventuras en estas tierras incógnitas con gracia y buena escritura. Describió extraños paisajes y animales, la apariencia de los indígenas inocentes en su desnudez y dramatizó sobre su canibalismo. Los anteriores relatos, hechos por marineros o viajeros de torpe verbo, no habían logrado ese impacto. El segundo acierto fue el título. Dos palabras que revolucionaron Europa. El por qué llegó a llamarse con el nombre de Américo Vespucio a este territorio fue producto de una especie de estrategia editorial. El éxito de esta obrita llevó en 1504 a un editor veneciano a reunir varios relatos de viajeros junto al suyo y a titularlo Mondo novo e paesi nuovamente ritrovati de Americo Vesputio, que atribuía así al florentino el descubrimiento de lo que entonces tampoco se concebía como continente sino como unas islas y tierras de conexión desconocida. El mal estaba hecho y su fama de descubridor se difundió fuera de control. Una nueva edición, más ambiciosa, realizada en Saint-Dié, un pequeño pueblo cercano a Estrasburgo, que incluía la ampliación de los hasta entonces vigentes mapas de la Cosmografía de Ptolomeo con los nuevos descubrimientos, concluían con una nota de uno de los eruditos que lo elaboraron, el joven Waldseemüller, que proponía llamar al Nuevo Mundo, Américo o América, en recuerdo de su descubridor. Imprimieron la palabra sobre el mapa y nada pudo parar sus reproducciones. Aunque más adelante el propio Waldseemüller enarboló una campaña para deshacer el entuerto (quizá a petición del propio Vespucio), el nombre había calado en el imaginario de la época por su sonoridad. Zweig dice que América era una palabra conquistadora.



El relato del autor vienés no se limita a rastrar todos estos datos y contarlos en un relato tan entretenido como erudito, sino que añade posteriores investigaciones que aclaran ciertos puntos. Stefan Zweig (1881-1942), llegó a ser muy conocido en su época, como autor, pensador, periodista, poeta, viajero y pacifista. Se exilió en Brasil, uno de los lugares que Vespucio visitó y del que dijo "si hay un paraíso terrestre en algún lugar, no puede estar muy lejos de aquí". Por eso, tal vez, no quiso esperar a que este paraíso se convirtiera en infierno. Angustiado al pensar que el nazismo se apoderaría del mundo, Zweig se suicidó junto a su mujer en Petrópolis en 1942 y poco después sus libros dejaron de reeditarse con la regularidad anterior hasta casi desaparecer de las librerías. Afortunadamente ahora se están recuperando en traducciones al español, principalmente editadas por El

1 comentario:

Álvaro Maestre García dijo...

Estoy de acuerdo contigo. Esta tierra debió llamarse algo parecido a Álvaro, pues en la primera edición (según el error registrado su nombre era Albericus)¿o quizás algo parecido a Alberto?
Bueno Diógenes, pero América está bien!
!Saludos!