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sábado, 23 de febrero de 2013

Eloy Eduardo Pereira Bossio


ASÍ TE ESPERÉ

Yo te esperé con mis brazos extendidos
hacia el infinito de los puntos cardinales
para ir al encuentro lejano de tus besos.
Y mis brazos, que agitaron tu bandera,
aún están vacíos.
Y mis manos, que empuñaron tu calor,
aún siguen lánguidas y frías.
Te esperé para sembrar mi amor en tu boca
y masticar con tus dientes y los míos
la espesa saliva del rencuentro.
Y tu boca, que alentaba mi alegría,
hoy me niega tu sonrisa.
Y tu boca, que llenaba mi esperanza,
hoy me niega las palabras.
Yo te esperé aunando a todo lo que ansío.
Como cántaro de barro, llenarme
con la miel de tus encantos,
como agitado sueño, sosegarme
con el roce de tus senos,
como tierra sin arado, abrir
surcos en tu cuerpo,
como noche silenciosa, alegrarme
con los trinos de tu risa,
como flores salvajes, respirar
el aroma de tu piel.
Así te esperé, con los ojos cerrados,
como ave nocturna en su ciego vuelo.
Así te esperé, en la plenitud de los soleados días
iluminados por la luz de tus pupilas.
Ha sido tan larga la espera
como tan largo tu olvido.

ARCHIVO DE RECUERDOS

Ya archivé todos los recuerdos.
Son muchos, casi no caben en el baúl de mi cerebro.
Pero allí están, apretujados como sardina en lata.
Los que no cupieron se quedaron en la punta de la lengua
y me llenan la boca de mariposas voladoras.
Encuban sus huevos entre mis dientes
y experimentan su metamorfosis.
Los tengo de variados colores y sabores:
unos grises,
unos blancos,
unos descoloridos.
Unos dulces,
unos amargos,
unos insípidos.
En fin, son parte de mi compendio de la vida.
A veces abro sus hojas envejecidas,
a veces prefiero olvidarlos,
a veces quisiera destruirlos.
Sí, a dentelladas furiosas, asesinarlos.
Deglutirlos como una ensalada
de frutas podridas: ¡con asco!.
Pero me asiste una duda:
¿Será qué los recuerdos hacen
más daño en el estómago que en la memoria?

CAMINAR PENSANDO Y PENSANDO PARA CAMINAR

Los caminos no se construyen sino haciéndolos
rompiendo surcos, escalando montañas,
atravesando áridos desiertos,
superando obstáculos,
calmando la sed
bebiendo
del vaso
de la vida.
Los caminos se abren con tu paso decisivo
dejando luces con huellas constructivas,
llevando el compás con los demás,
apurando a los de atrás,
cocinando ideas
con certera
voluntad.
Caminar no significa transitar sin rumbo fijo,
sin brújula y sin norte hacia donde llegar,
sin la guía de tu cerebro para pensar.
Caminar es andar pensando
y pensando para
caminar.
Cuando vayas a caminar, si no lo estás haciendo ya,
saca de tu viejo baúl los dogmas que te impiden avanzar,
refresca tu mente con nuevas convicciones,
aviva tu alma con mejores reflexiones,
que el pasado sólo es eso:
pasado que
se va.
Llénate de coraje, que lo vas a necesitar a cada paso que das.
Si tienes dudas, detente al caminar, vuelve a pensar,
considera la nueva marcha que has de tomar.
No te intereses en los retrasos del tiempo
ni de la ruta extenso que tienes que transitar.
Reinicia tu senda que no siempre
el que llega primero
es el primero
en triunfar.

TIEMPO SIN OLVIDO

Aún te diviso desde lo lejos del tiempo
del tiempo que se congela en la memoria
que se fija en el recuerdo y permanece como inmóvil
cual si fuese un astro matutino de ciclo fijo
de diarios nacimientos de llamas ardientes
que iluminan radiantes los recuerdos.
Te veo venir envuelta en tu coraje juvenil
serenamente andando sobre las puntas de tus pies
tarareando una vieja canción que me aprendí
y sólo basta un beso tuyo para sofocar mi desespero
enredándome sagaz entre tus risas y tus cabellos.
Nacíamos en cada nacimiento de la noche
crecíamos en cada amanecer de un nuevo día
y nos agigantábamos pensando en el regreso
para volvernos a encontrar de amor sedientos
volviendo a nacer con renovado aliento.
Para convencernos con palabras no sobraba el tiempo
hablaban nuestros besos prolongados en silencio
conversaban las manos recorriendo nuestros cuerpos
y una sola mente era par para querernos.
¡Oh, tiempos! Viejos tiempos.

TIEMPO SIN OLVIDO

Aún te diviso desde lo lejos del tiempo
del tiempo que se congela en la memoria
que se fija en el recuerdo y permanece como inmóvil
cual si fuese un astro matutino de ciclo fijo
de diarios nacimientos de llamas ardientes
que iluminan radiantes los recuerdos.
Te veo venir envuelta en tu coraje juvenil
serenamente andando sobre las puntas de tus pies
tarareando una vieja canción que me aprendí
y sólo basta un beso tuyo para sofocar mi desespero
enredándome sagaz entre tus risas y tus cabellos.
Nacíamos en cada nacimiento de la noche
crecíamos en cada amanecer de un nuevo día
y nos agigantábamos pensando en el regreso
para volvernos a encontrar de amor sedientos
volviendo a nacer con renovado aliento.
Para convencernos con palabras no sobraba el tiempo
hablaban nuestros besos prolongados en silencio
conversaban las manos recorriendo nuestros cuerpos
y una sola mente era par para querernos.
¡Oh, tiempos! Viejos tiempos.



Eloy Eduardo Pereira Bossio, yo, nací en Arjona-Bolívar un 29 de agosto de 1953. Recuerdo que fue un día de tormentas con remolinos de brisas y tierra cuando la partera del pueblo (La seño Rita) gritó desde el cuarto: ¡Ya Rosa Parió! Una tía logró el milagro que ningún maestro pudo alcanzar: "Me enseñó a leer". Este fue el punto de partida para tomar la opción del magisterio: Soy maestro egresado de la Normal Piloto de Bolívar, Licenciado en Educación Básica de la Universidad Javeriana, Especialista en Aprendizaje Autónomo (UNID-CAFAM) y, por esas vainas de la vida intelectual, candidato a Maestría en la Enseñanza del Español como Segunda Lengua. Creo que es buen prontuario si le agrego mi pasión de vida: El arte y la literatura. Como escritor he sido muy reservado, casi oculto en la maraña de mis creaciones, pero escribo. Escribo para la libertad, para el amor, para las vicisitudes del ser humano, para la tormenta social. En fin, lo mío es un canto de la vida para la vida.

sábado, 16 de febrero de 2013

En medio de la noche


Por: Carlos César Silva

Yo estaba acariciándome los senos. Me irrumpían velas y plumas que expedían un olor a sándalo. La medianoche arribaba con rapidez. Hacía rato que había dejado de oír a lo lejos la voz arrogante de Pablo, al parecer había terminado de darles órdenes a sus hombres. Sin embargo, seguía haciéndome esperar. Desesperada, me puse la bata y salí a buscarlo.

Recorrí todo el interior de aquella casa suntuosa y solo pude hallar de él un par de habanos mal apagados. Luego sentí ciertos movimientos en el patio y con cuidado me dirigí hacia allá. Cuando me aproximé a la piscina, vi de repente entre las aguas a Pablo: estaba juntando delicadamente sus labios con los labios de alguien, a quien desde la posición que yo ocupaba, no alcanzaba o tal vez me rehusaba a distinguir. De modo que me acerqué un poco más. Atónita, descubrí que se trataba de Gonzalo, la mano derecha de Pablo, cuya piel dorada y musculatura perfecta tal la de un dios —reconozco— lograron tentarme en varias ocasiones. Ahora, sin que ellos se percataran de mi presencia, salí corriendo en busca de la pistola que Pablo me había dado para que utilizara cuando fuera necesario…

Tomado de: Grupo Jauría

CARLOS CÈSAR SILVA. Nació el 22 de noviembre de 1986 en Valledupar. Es estudiante de derecho de la U.P.C. pertenece al taller de Creación Literaria Renata-Valledupar dirigido por el poeta Luis Alberto Murgas. Es miembro fundador del grupo artístico "Jauría" y de la Asociación "Juventud Opina". Se ha desempeñado como gestor cultural y tallerista en el municipio de La Paz (Cesar). Cuentos suyos aparecen publicados en la Antología Viajes a la memoria y en la revista Puesto de Combate.

domingo, 10 de febrero de 2013

Diógenes Armando Pino Avila





Dios hizo al mundo tan perfecto,
lo puso a girar en una esfera de cristal
dotando al hombre de fino intelecto,
retándolo a  ver si lo puede descifrar.

Fue por ello que los míticos arhuacos
nos legaron al Gran Padre Kaku Sarankua
poderoso creador del mundo y los espacios,
de este vasto universo, la más bella kankurua.

Los misteriosos y no muy lejanos Muiscas
de regalo nos dieron La Gran Madre Bague
deidad mujer que hizo el cosmos a prisa

Con la preciosa ayuda invaluable de Bachué,
en una larga danza, acompañada de Bochica
creando la naturaleza y dándonos el ser.

.
Avanzó el mundo y también la ciencia
y observó el hombre los astros y planetas
del inmenso universo tomó conciencia
queriendo explicar su construcción perfecta.

Egipcios y griegos tomaron delantera
elucubrando así ingeniosas teorías
con las que explicaban a su manera
la arquitectura del orbe en su osadía.

Platón, Aristóteles, Claudio Ptolomeo
Y muchos otros, forzando su razón
colocaron la tierra en el centro cual trofeo

Para que girara el mundo alrededor,
en una explicación o mágico escamoteo
desconociendo verdad enorme como el sol.



Transcurridos unos siglos se cambió de parecer
Aristarco de Samos con osadía dijo lo contrario
sembrando la duda en el diario acontecer
lo que produjo la atención de muchos sabios.

Con mucha observación y cálculo matemático
observaron con cuidado traslación y rotación
destruyendo con razones el modelo estático
que a la tierra ponía como eje del gran sol.

, Siguió Copérnico indómito haciendo lo propio
derribando el postulado convertido en Ley
y desafió  la infeliz hoguera de los católicos,

Despertando así la domeñada e ilota grey
que de pie aplaude el incipiente telescopio
que en su mano porta el anciano Galilei.


El Big-bang, el tiempo, los agujeros negros
la Mecánica Celeste, las teorías de Laplace
trajeron a la ciencia conceptos y criterios
y  pusieron el mundo al derecho y al revés.

La ciencia avanza y tiene sus motivos
fundados en sólidas formas de pensar
aparece Einstein y “todo es relativo
y ahí mismo la cosa vuelve a comenzar.

Y en la mescla de cuántica y astrofísica
nacen métodos y discursos muy diversos
que con una temática de por si dificilísima.

Explican el átomo y la estructura del universo
y tiempo después nos cambian la película
con pose de sabio, a mi entender perverso.



Y ahora nos plantean criterios muy diversos
planteándonos teorías del tiempo y el espacio:
“universo no hay uno, son varios y dispersos,
lo llaman “multiverso” , tómalo despacio.

Hay varios universos escalonados en el tiempo
y que pasajeros en la luz con un poco de suerte
rápido iremos al pasado o al futuro incierto
--el avión para lo que viene, es cosa de juguete.

Pero los filósofos que todo toman al vuelo
se inventaron sabiamente tremenda paradoja
y con ello armaron un simpático revuelo

Ya que viajando al pasado, si se me antoja
antes que conciba a mi padre, puedo matar al abuelo
en ese caso no nazco y entonces no hay “ahora”!


Otras publicaciones de Diógenes Armando Pino Ávila:
El peso de la carreta (Cuento)
Quirófano (Cuento)
Las tres piedras mágicas de Antonia (Cuento)
Más vale llegar a tiempo (Cuento)
Cantos del ayer y el ahora (Poemas)
Evadiendo la misteriosa puerta del olvido (Poemas)
Ruta ineludible (Poema)
Cosmogonía y cosmovisiones (Poemas)
A la deriva (Poemas)
Un secreto para ser contado (Cuento)

sábado, 2 de febrero de 2013

Edwar Buelvas Mendoza.



Tedio

De vez en cuando es bueno morir un poco
cansarse de la ropa y los zapatos
colgar la vida en el perchero
al lado de un paraguas
o de algún saxofón



Una espina rompe las venas
y el tambor del crepúsculo
se aja el pensamiento
se alborota la risa de los malos deseos

Un vital ejercicio
para un lunar al borde de unos labios sin gusto

En mi pueblo
la sangre ama a los atardeceres
de vez en cuando
hay fiesta y se prenden los cañones


Historia del miedo.

Involuntariamente,
la luz de tu ciudad en trance
entra en mi pecho incendia la rutina.

Mi guerra es no dejarme tocar
por tus deseos

Es inútil llorar muertes ajenas.
Las nuestras ya vendrán desde algún sitio
sin pedirnos permiso
sin darnos concesiones

En mis venas los rostros se desplazan
indiferentes y tristes sin memoria
sin un pan que morder sin una zarza
que arda en el camino de los desheredados

Involuntariamente
el miedo
-agua de vendaval- carcome la paciencia
y el hueco de la sangre en surtidor se desparrama
como un chorro de nada tras de todo

Hay un eco de voces en el agua
un grito en la paciencia de la carne.


¿Quién soy?

El enigma de la palabra
en la roca
trajo mi nombre al paso de los días

La duda que hay implícita en el tiempo
se clava como el dardo
en el jaguar de mis ancestros

¿soy yo? No sé si hubo un suspiro
en la efusión de noches con orgasmos
no se si hubo pasión en la carne
que hace siglos me trajo una sonrisa

en el ombligo de la tierra
estoy colgando
a penas
con ganas de beber
de unos senos de madre.

Los días sin ti.

Los días sin ti
me traen el delirio de la ausencia
me carcomen la lengua
me cuecen las ideas

ardo en fiebre
amalayo
no me caben en el cuerpo
mariposas ni piel
ni mi alma sostiene ahora mis suspiros

los días sin ti son tristes en mi memoria
invento cuentos de miedo
en la penumbra
incito el mal
pido a la tierra que me devore
ahuyento pájaros del aire
convoco espantos y gritos destemplados
las palabras se afean los silencios
se aturden

los días sin ti son crueles en mis ojos:
veo el desierto de tu piel
y el aroma perdido de tus huesos
veo la oscuridad y no veo nada
veo el tiempo
y no siento el latir de tus venas
veo el camino y no te alcanzo el pie
veo la lumbre y la luz ya no brilla
estoy ciego sin ti y estoy perdido

los días sin tu ser son aves sin mensaje
aves de mal agüero
que rondan mi cabeza
aves desordenadas que me pican los sesos
que me hacen desvariar
y ahogar mis sueños en un ronquido estéril
con falacias a bordo
verdades inventadas
seguridad incierta en este río revuelto
sobre un buque falaz que viaja sin destino

los días sin ti son noches sin sosiego
puerto deshabitado
donde cuento las olas
que van y que regresan sin noticias
ni espectros de nuestras soledades
ni vestigios de ensueño.

Edwar Buelvas Mendoza. Nació el 6 de enero  de 1967 en El Carmen  de Bolívar. Licenciado en filosofía y letras. Especialista en docencia universitaria y educación personalizada. Docente de la Institución Educativa Técnica Industrial Juan Federico Hollmann. También ha ejercido como tutor en programas de educación abierta y a distancia, en la Universidad de Cartagena y en la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo. Ha publicado textos literarios y pedagógicos en distintos periódicos y revistas de la Región Atlántica. Ha publicado el libro Historia del miedo en 2006.