Seguidores

viernes, 30 de agosto de 2013

Margarita Galindo

LA VIDA REFLEJADA
Sobre el agua
serena, alucinante,
diluido espejo
por donde pasea
con las velas abiertas
en el aire,
mi barca de los sueños,
va un instante
de mástiles azules
encantados.
Ya la espuela de plata
cantarina,
hiriendo la madera,
resuelve un acertijo
de rendijas.
Las palabras arrullan,
la cantiga
se deshace en quimeras.
Es la hora del ocaso
de las fieras
y la vida,
apretando los pasos,
se mira en un reflejo
convertida.

A ORILLAS DE LA VOZ
Esta es la voz.
La misma
que subió
desde el fondo
de la tierra
a asomarse
en mi piel.
A preguntar
por todos
los caminos
que recorren
el mundo
ya darme
pretensiones
de dios
venido a menos.
La que llega
y desde
muy adentro,
me palpita
en los oídos.
La que grita
en mi lengua
y da a mis dedos
la escueta palidez
de los naufragios.
Esta es la voz,
la misma,
la que no
tiene labios.

HABLÁNDOTE EN SUEÑOS

Mis palabras
te sueñan
islas encadenadas
al espacio que ocupa
tu cuerpo
sobre el mundo.
Se arrojan al fuego,
a la ceniza, al agua,
a ese confluir
del hado
con la muerte.
En la hora de tu noche
codician las estrellas
y hablan sus palomas
con agrios papagayos
que despedazan frutas
en largas pesadillas.
En todo tu universo
mis palabras
enlazan los sonidos
más dispares.
Pero te dicen siempre
que el amor y la vida
son un paso seguro
en nuestra sangre.
Huellas

UN DIA LLEGO LA BALA
En la casa
Hubo un patio
donde el hombre
se reía del cansancio,
mientras la ventana
era todavía
un remiendo de luz
en la pared.
Un día llegó la bala
y cerró los postigos
con su golpe de hierro.
Entonces, el hombre
floreció en el pecho,
en la espalda,
en el vientre.

La sangre se volvió dura,
se hundió en la tierra,
la fecundó con su semilla
de desesperanza,
y la casa se quedó sola.

CLAROSCURO
Al borde
del aire desatado,
transportador de alas
y silencios.
Al borde de lo oscuro.
Allá, en el mismo sitio
de las contradicciones,
está, apenas, la sombra.
La detenida florescencia
que ahoga la luz,
la distancia más ágil
de la palabra al sueño.
El balbuceo del día.

Margarita Galindo nació en Barranquilla (Colombia). Terminó sus estudios de bachillerato en el Colegio Lourdes de la ciudad de Barranquilla. Es periodista egresada de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.          
PUBLICACIONES
En 1962, Poemario "Vendedor de Mariposas", en la colección "La Ventana Abierta"
En 1988, Ediciones Embalaje del Museo Rayo (Roldanillo, Valle del Cauca), publicó su libro "35 mujeres leyeron poemas día y noche en el Museo Rayo".
En 1988, publica el Poemario "Tocado por el Angel", ediciones C.P.V.
Aparece en las antología "Poemas en Abril", "Diosas en bronce" y "Nuevas Voces de Fin de Siglo", publicadas en Santa fe de Bogotá y los Estados Unidos de América.

sábado, 24 de agosto de 2013

Andrés Caicedo

Infección
(Odiar es querer sin amar. Querer es luchar por aquello que se desea y odiar es no poder alcanzar por lo que se lucha. Amar es desear todo, luchar por todo, y aún así, seguir con el heroísmo de continuar amando. Odio mi calle, porque nunca se rebela a la vacuidad de los seres que pasan en ella. Odio los buses que cargan esperanzas con la muchacha de al lado, esperanzas como aquellas que se frustran en toda hora y en todas partes, buses que hacen pecar con los absurdos pensamientos, por eso, también detesto mis pensamientos: los míos, los de ella, pensamientos que recorren todo lo que saben vulnerable y no se cansan. Odio mis pasos, con su acostumbrada misión de ir siempre con rumbo fijo, pero maldiciendo tal obligación. Odio a Cali, una ciudad que espera, pero no le abre las puertas a los desesperados).
***
Odio a todas las putas por andar vendiendo adoraciones falsas en todas sus casas y sus calles.
(Odio la Avenida Sexta por creer encontrar en ella la bienhechora importancia de la verdadera personalidad. Odio el club campestre por ser a la vez un lugar estúpido, artificial e hipócrita. Odio el teatro Calima por estar siempre los sábados lleno de gente conocida. Odio al muchacho contento que pasa al lado, perdió al fin del año cinco materias, pero eso no le importa, porque su amiga se dejó besar en su propia cama. Odio a todos los maricas por estúpidos en toda la extensión de la palabra. Odio a mis maestros y sus intachables hipocresías. Odio las malditas horas de estudios por conseguir una buena nota. Odio a todos aquellos que se cagan en la juventud todos los días).
***
Odio las misas mal oídas… odio todas las misas. Me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio… y a ustedes les importa?
Si, odio todo esto, todo eso, todo. Y lo odio porque lucho por conseguirlo, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso lo odio, porque lucho por su compañía. Lo odio porque odiar es querer y aprender a amar. Me entienden? Lo odio, no he aprendido a amar, y necesito de eso. Por eso, odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada…
a nada
a nadie



Luis Andrés Caicedo Estela  nace el 29 de septiembre de 1951 y muere el 4 de marzo de 1977  en Cali, ciudad en la que pasó la mayor parte de su vida.

Se trata de un escritor precoz que desde que descubrió su vocación por la literatura no quiso perder ni un minuto de su vida, hasta el punto de convertir la construcción de su obra en una obsesión. En 1964, cuando entró a cursar tercer grado, escribió su primer cuento, El Silencio, pero es al parecer hasta 1969, año en que gana el segundo premio del Concurso Latinoamericano de la Revista Imagen de Caracas con el cuento Los dientes de Caperucita -del que había escrito siete versiones-, que Caicedo logra consolidar una disciplina en la escritura. Desde ese momento, Caicedo continuó escribiendo cuentos cortos y piezas teatrales, y comenzó a escribir sus primeras novelas. 

En la época de los festivales teatrales de los setenta se conocieron sus primeras obras teatrales Recibiendo al Nuevo Alumno y La Piel del otro héroe. Asistió a las reuniones un grupo de escritores de la ciudad llamado Los dialogantes que contaba con la participación de escritores y críticos como Carmiña Navia, Gustavo Álvarez Gardeazábal, y Eduardo Serrano entre otros y a partir de la cuál inicia un periodo de compulsividad en su consciente formación como escritor. 

A su vez, y sin detener su actividad literaria, trabaja con el Teatro Experimental de Cali como actor. Allí funda el Cineclub de Cali, que inicialmente funcionaría en la sala del TEC para posteriormente ser trasladado al desaparecido Teatro Alameda y luego al Teatro San Fernando, cineclub que poco a poco se convierte en “una actitud generacional” para los jóvenes de Cali, epicentro de una intensa actividad cultural en la ciudad y que junto con Ciudad Solar –especie de posada - espacio cultural- se convierten en centro de operaciones y disipaciones de Andrés y su grupo de amigos. También es desde el cineclub que planea y ejecuta su folleto Ojo al cine que hacia 1974 se convertiría en la revista especializada sobre cine más importante de Colombia. Es también entre el cineclub y Ciudad Solar que Caicedo iniciaría sus proyectos cinefílicos con sus “pocos buenos amigos” entre los que sobresalen Hernando Guerrero, Luis Ospina, Carlos Mayolo y Sandro Romero, con quienes intenta llevar al cine su guión Angelita y Miguelángel, de cuyas grabaciones todavía se conservan algunos fragmentos. 

 En 1973, Caicedo viajó a Estados Unidos, con cuatro guiones de largometrajes escritos por él y que pretendía vender al cineasta Roger Corman. Fue allí donde iniciaría la escritura de Que viva la música y la redacción de Pronto, memorias de una cinesífilis, diario que pretendía convertir en novela. En 1974 escribió el cuento corto Maternidad, que él mismo consideraba su obra maestra. En 1975 publicó con el patrocinio de su madre en las Ediciones Pirata de Calidad su relato El Atravesado que tuvo un éxito relativo a nivel local. También entregó ese mismo año la versión final de ¡Que viva la música! a Colcultura para ser publicada. En 1976 la casa editora Crisis, de Buenos Aires, compró los derechos de impresión de ¡Que viva la música! Caicedo intentaría por primera vez suicidarse ese año. 

Finalmente y cuando tenía tan sólo 25 años, el 4 de marzo de 1977, después de recibir el primer original de la novela ¡Que viva la música! Publicado por Colcultura, Andrés Caicedo muere de una sobredosis al ingerir intencionalmente 60 pastillas de Seconal, según él, porque "vivir más de veinticinco años era una insensatez". Caicedo consideraba que debía dejar el mundo antes de pasar los veinticinco años, pero habiendo dejado una prueba de su existencia como forma de trascender.

A pesar de su temprana muerte, Caicedo dejó un gran legado a la literatura colombiana, el cual se puede ver reflejado en la obra de autores como Manuel Giraldo 'Magil', Octavio Escobar Giraldo, Rafael Chaparro Madiedo y más recientemente Efraím Medina y Ricardo Abdahllah. El grupo de teatro Matacandelas de Medellín ha presentado durante años la obra Angelitos Empantanados, basada en los cuentos homónimos del escritor.

sábado, 17 de agosto de 2013

Horacio Benavides

Bagdad a oscuras

Cuando de la herida del niño
empezó a brotar
la dulce agua del sueño
y la anciana
hubo apagado
con sus dedos la última llama
y los perros sin dueño
se entregaron
a su suerte
en el abandono
de la ciudad en ruinas
se escuchó de nuevo
la antiquísima voz de la sangre
He llegado a saber
oh rey afortunado...

31
Como a veces un nombre familiar
se nos olvida
y repetimos nombres
para tratar de hallarlo,
así se te olvidará
tu propio nombre
Y no tendrás
libreta de teléfonos
cuaderno de apuntes
donde apoyarte
Y de uno en uno
los nombres serán ríos,
ninguno el tuyo,
y el tiempo del desvelo

Una pausa en el atormentado corazón de Hamlet

Mientras duerme el joven Tiempo
bajo el manzano de oro
Ofelia se encamina hacia la muerte
Le llama el agua
le siguen las flores
Flota en tanto dura el poema
en su boca
Un ala sobre el atormentado corazón
mas nadie podría detener la música
Silencio o noche
y el loto para siempre

Alguien en otro lugar

Amor que pasas sin dolerme
piedra vuelta nube
En algún lugar
te estará esperando
un muchacho
parado bajo la lluvia
Hablará solo
se quemará la boca
Y no habrá para él
Un trago suficientemente amargo


Horacio Benavides. Nació en Bolívar, Cauca, en 1949. Ha sido profesor de educación básica primaria y educación media en Cali, ciudad donde también dirige un taller de literatura para niños. Es coeditor de la revista de poesía |Deriva. Ha publicado, entre otros, los libros de poemas: |Orígenes (1979), |Las cosas perdidas (1986), |Agua de la Orilla (1989), |Sombra de Agua(1994), |La aldea desvelada (1998), y |Sin razón florecer, con el cual ganó el Concurso Nacional de Poesía del Instituto Distrital de Cultura y Turismo en 2001.

jueves, 8 de agosto de 2013

Ainye Pinilla De la Rosa

Me Enamoré
Me enamoré de la vida,
Me enamoré de las aves,
Me enamoré de ti
y tú no lo sabes.

Te miro y me pierdo.
Me pierdo en mis sueños
y sueño despierto.
Si me miras tiemblo.
Si me hablas muero;
muero queriendo,
amarte en silencio

Sentir
Hay cosas que se sienten,
No se dicen…
Hay palabras que se usan
para expresar
lo que se siente.
Hay que inventar palabras
que abarquen lo que se siente.

Uno enseña a sentir,
buscando beneficio propio,
pero no existe
palabra que exprese
lo que se siente realmente.

Quiero que tú sientas
esto que yo vivo
para así un día
mirarte a los ojos
y sin utilizar ninguna
de esas palabras
poder hacerte sentir
lo que has
creado en mí.


Tu mirar
Soy todo lo que ves,
ves un poco de lo que puedo ser,
soy eso que sólo tú puedes mira,
fuera de tú mirar no hay nada más...

Necesito sentirte,
verte y mucho más...
!tenerte!
si despierto un día,
y veo que no estas,
no sabría que seria de mí,
sola, sin tu mirar.

Ainye Pinilla De la Rosa. Una de las nuevas figuras de la poesía en el Caribe Colombiano. Nació el 6 de abril de 1984 en Soledad, pequeña urbe muy cerca de la ciudad de Barranquilla, ciudad en donde actualmente reside. Su infancia transcurrió en su pueblo natal, y allí realizó sus estudios primarios en la Escuela Anexa No. 1 y en la Escuela Normal Superior del Distrito de Barranquilla obtuvo el título de Bachiller. Es Tecnóloga en Procesos Industriales, pero además ha realizado estudios de Salud Ocupacional en el Sena.
Combina su profesión con el oficio de escribir, fruto de esa actividad son los libros de poesía “Sueños Plasmados” y “Libérrimo” (Editorial Antillas, 2008).
En su actividad profesional ha laborado en Nova Óptica Amalin Hazbun y en Janna Motor’s, en el departamento de Mercadeo y Publicidad.

Algunas de sus poesías y trabajos literarios han sido publicados en El Heraldo, Q’hubo y Revista Bacanal, todos de Barranquilla. (Nota biográfica tomada de: http://escritoresdelcaribe.blogspot.com/2010/09/ainye-pinilla-de-la-rosa.html

viernes, 2 de agosto de 2013

Diógenes Armando Pino Avila

Ruta ineludible

De nada sirve recordar mis naufragios anteriores
Si estoy condenado de nuevo y sin remedio
A naufragar en las aguas abisales de tu sexo.

De qué sirve la rosa de los vientos
Si la quilla de mi barco
Siempre navega en dirección a tu puerto
E indefectiblemente encallará en tus corales.

De qué sirve arriar las velas
De mi endeble navío
Si el viento con terquedad
Me empuja hacia tus acantiladas costas.

De qué sirve utilizar el astrolabio
O conocer la posición exacta de las estrellas
Si la ruta indeclinable de mi viaje
Siempre terminará en tus embrujadas playas.
¿Por qué me resisto?
¿Por qué me rebelo?
¿Por qué me ilusiono?
Si mi viejo barco, desde joven
Ancló por siempre en las aguas tibias
de tu amor sin condiciones.     

Poeta

He visto al zapatero,
Beodo de la esquina,
Mirar sin disimulo,
Mis zapatos viejos de poeta,
y cada vez que a su lado paso
Me brinda sus servicios
De lustre y de remiendos.
Le sonrío y le doy las gracias,
Pues no conoce de mis afujías dinerarias.

Qué pensará el barbero
De mis crespas y desgreñadas canas,
y de mi barba hirsuta?
Qué pensará el sastre
De mi descolorida camisa y de mi raído jean?
Qué pensará el tendero de mi deuda añeja?
Qué pensaría mi estómago, Si alguna vez pensara,
De mi dieta lánguida Y de mi anémico menú?

La noche hace sentir
Su silenciosa voz,
Y acallo mis angustias,
No pienses cosas banales,
Por consuelo, me digo,
Ellos conocen que no hay trabajo
Y el estómago conoce tu dieta estricta
y también sabe que eres poeta.

 Ventilador

Aspado giratorio que del techo pendes,
Que giras sin cesar para refrescar mi entorno.
Te pareces tanto a mí,
Tú infatigable girar se parece al mío.

Yo giro sin rumbo
Y siempre llego al mismo sitio,
Encuentro siempre los mismos lugares,
Las mismas personas,
Las mismas preguntas
Y las mismas respuestas.

En cambio tú,
Giras sin preocupación alguna,
Sin preguntas,
Sin respuestas,
Sin afanes.
No te importa el inicio,
No te importa el destino,
No te preocupa la meta.

En cambio yo,
dudo salir al hacer mis vueltas,
y pienso mucho,
Los celos de mi mujer,
La mirada lánguida de mi vecina,
El odio reprimido de su marido,
El qué dirán los amigos,
Qué murmurarán los enemigos,
Qué pensará el tendero,

Mi querido aspado,
Un día de estos me igualo a ti,
Acabaré con mis preocupaciones,
a todo el mundo mandaré a la mierda
Y giraré libre por un momento,
Para luego quedar inerte
Igual a ti,