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viernes, 14 de diciembre de 2012

Rómulo Bustos Aguirre


Por Rómulo Bustos Aguirre


De origen
Hay un cierto declive
por el que el esplendor de todo gesto
                                                se precipita
y halla su raíz
recobra su rostro de medusa
Y solo queda su rastro
 se precipita
 una vaga fosforescencia que no alcanza
que no alcanza

Sufí
Como un perro que inútilmente
intenta morder su cola
giro en sentido inverso del movimiento
de los astros
para alcanzar mi sombra
Sólo ella
puede darme noticias de mi luz

De la levedad
Érase un alma tan leve que cuando murió su cuerpo
era tal su levedad que pasó sin detenerse ante la Puerta del cielo

Al menos eso fue lo que creyó el Guardián de la Puerta

Y el Guardián de la Puerta alarmado
temiendo que fuera a dar al Abismo o Vórtice de la nada
le sugirió que, a modo de plomadas, dejara caer palabras pesadas
Y el alma leve dijo: cedro, argamasa, potala, escaparate

Pero siguió levitando

Y el Guardián de la Puerta le sugirió que probara con malas palabras
Y el alma leve dijo palabras crapulosas
que la censura celeste me impide repetir

Pero siguió levitando

Y el Guardián de la Puerta le sugirió que probara con palabras inmundas
Y el alma leve dijo palabras abyectas
que el asco me hace imposible repetir

Y finalmente el alma leve se perdió de vista
ante la mirada desolada del Guardián de la Puerta

El Guardián de la Puerta
que era en realidad Sir Isaac Newton en apariencia de Guardián de la Puerta
no lograría comprender que per saecula saeculorum nada sabría
sobre el libre vuelo o caída de las almas en el espacio angélico
ni mucho menos entender
que en eso consistía su propio y exclusivo círculo del infierno


Rómulo Bustos Aguirre.  Nace en Santa Catalina de Alejandría (Bol.) en 1.954. Estudios de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Cartagena y de Literatura Hispanoamericana en el Instituto Caro y Cuervo (Santafé de Bogotá).
Ha publicado : El oscuro Sello de Dios (1.988), Lunación del Amor (1.990), En el Traspatio del Cielo (1.993), Antología de Poetas Costeños (1.993), Palabra que Golpea un Color Imaginario (1.996) : compilación de los tres títulos anteriores, realizada por la Universidad Internacional de Andalucía., La Estación de la Sed (1.998).
Primer Premio Concurso Nacional de Poesía, organizada por la Asociación de Escritores de la Costa (1.985), por el libro El Oscuro Sello de Dios, Premio Nacional de Poesía Colcultura (1.993), por el poemario En el Traspatio del Cielo. Muestra de su trabajo ha sido incluida en varias antologías de la poesía colombiana. Como dibujante ha participado en diversas muestras colectivas de artes plásticas.


viernes, 7 de diciembre de 2012

Si la eternidad empezara un domingo


Si la eternidad empezara un domingo

Por: Miguel Barrios Payares

Siento ganas de subir al cuarto, escuchar Pink Floyd y suicidarme. Hoy ha llovido más que todos los días. Es un día cubierto por nubes y calor. Las ventanas están cerradas. No me creo el cuento de que María Paula se suicidó. ¿Cómo? ¿Por qué? No me creo ese cuento de que el viejo no tenga nada que ver. Yo creo que él la mató. Era viernes, la casa de él estaba llena de personas cuando yo me di cuenta de lo que pasó. Él estuvo bajo un árbol de mango, lloriqueando y dando respuestas a medias a todo el que le preguntaba. Ella estaba muerta en una morgue con la cara hecha puré. Una vieja lavó el piso sucio de sangre. Dicen que María Paula se tomó un montón de pastillas, luego se desmayó y cayó de frente contra el piso, dicen que quizá estaba embarazada y que el novio la dejó y por eso se suicidó. Pura mierda. Las hormigas se juntaban una al lado de la otra y besaban la sangre que la vieja no alcanzó a limpiar de las ranuras de las baldosas. Hoy es un día para recordarla, quizás porque ella decía que odiaba Valledupar, que odiaba sus días calurosos, así que hoy estaría de mal genio. Voy a la nevera. Tomo una caja de leche. Un solo sorbo. No. la llevo hasta el sofá de la sala. Tres sorbos a lo sumo. Me tiro. Dejo la caja a un costado. Este día está de espantos. María Paula no está y ella estaría de espantos. Una hormiga perdida recorre mi pie. Baja. Sigue y se devuelve. Este día es espantoso. La hormiga ve la planta de mi pie ir sobre ella. Se cubre. La aplasto. Un poco de ella queda sobre el piso y otro poco debajo mi pie. Tengo la posibilidad de suicidarme ahogado en leche. Vi en MTV la noticia de un tipo que hizo algo parecido. Aquí sería ridículo, por lo menos, un suicidio como ese. Imagino los titulares de primera página y una foto mía con cara de estúpido, muerto y con la boca llena de leche. María Paula era una pelada bien, me costó un tiempo como no tienes idea hacer que entrara a la casa, como un mes y otro más para que me diera un beso de dos segundos. La cosa es que no me alcanzó para más. Hay otra hormiga. Huele los restos de la aplastada. Se va. Regresa. Se vuelve a ir. María Paula no se suicidaría casi por las mismas razones que yo. No le gustaban las fotos de los periódicos. Hay una línea de hormigas que recorre mi pie. Bajo mi otro pie del sofá al suelo. Pienso en el viejo, él está solo en la casa con su reumatismo y con sus dolores de cabeza y sin María Paula. No toma medicamentos. Espera morirse pronto. Pobre viejo. Pero aún pobre y viejo sé que la mató. Ruedo el pie. La caja cae y la leche se riega. Las hormigas nadan en la leche. Llegan más hormigas. Prendo el televisor. Hago zapping sobre estática. La estática en el televisor es lo más parecido a la tristeza. Veintidós en la barra de volumen. El sonido se confunde con la lluvia. Quiero subir al cuarto. Seguramente hoy es domingo.

Tomado de: Grupo Jauría