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lunes, 30 de agosto de 2010

Alvaro Maestre (Poeta de Villanueva Guajira Col)

Monólogo

Heme aquí Señor,
Sorprendido por tu infinita paciencia;
Encandilado por las luminarias de Tu grey
Postrado de rodillas en las bancas de caoba
De tu culto, pidiéndote cordura
Impávido por las llamadas a la tolerancia
De tus fieles
Absorto por las permanentes
Pasadas por la faja de tus mandatos
¡Y tu ahí Señor!
¡Pellízcate Señor!

Alíviame la carga, Señor

Yo merezco una múcura de dolor más pesada
Y más grande. (Luis E. Mizar M.)

Alíviame la carga Señor:
Déjame mis tristezas y mi llanto
Que son mis compañeros cotidianos.
Déjame mis dolores y pesares
Que van unidos a mí como la sangre.
Déjame mis derrotas arraigadas
Que me enseñan a luchar.
Déjame los abrojos de mi senda
Para guiarme con pasos cuidadosos.
Déjame las migajas, si tú quieres
¡Pero aleja de mí esta soledad!

Sobrevaloración

Del mundo quiero la nada...
Ya es bastante para mí;
Del tiempo... ¡cuatro instantes vespertinos!
De ti, Lenis, tu dedo en descenso
(Para soñar de nuevo)
Del cielo, el relámpago aquel, de mi ventana,
Quiero el pétalo marchito,
El lienzo perforado,
La cruz del clavo flojo,
La mandolina rota,
El peje que se escapa,
El grito que se calla,
El Padrenuestro viejo,
La rueca ya vencida,
La lámpara de Diógenes,
La mesa paticoja,
La cantimplora seca,
A mis poemas viejos,
Y tantas inutilidades...
Que me hagan creer
Que para algo sirvo.

Descanso celestial

... Y estando hecho todo,
Colgó Dios su chinchorro
Y se quedó dormido, tan profundamente.
Que no despierta todavía.

No reniegues si un perro te mea, y di: Mea culpa

¿Por qué si un perro te orine
Lo atribuyes a la mala suerte?
Es tu estatismo
Lo que provoca la evacuación urgida.
En la prisa inminente del efluvio
Te confunde con un poste
Y tú, en lugar de agradecer
Que te amosca en los goteos iniciales
Como un energúmeno reniegas,
Pavoroso de tu suerte.
Si supiera cómo,
El perro se disculparía contigo,
! Por hacerte despertar!

El estruendo no silencia la palabra

A todos los tertuliadores.
A todos los tertuliaderos.

Se puede arriar la vela y limitar el rumbo
De la nave.
Se cortará la pluma del ala de las aves
Para restarle altura al vuelo libre
Y al eco mismo se puede silenciar
Con ruido nuevo;
Se puede herir al sujeto pero el verbo
Más libre y altanero en la defensa
Se atará a sujeto nuevo y numeroso.
El estruendo no silencia la palabra,
Cuando la onda ondule en el silencio
El murmullo de voces lo condena.

El triunfo de la palabra

Pon le mordaza
Si habla, hiere,
-Si afirma, mata,
-Si calla, duele,
-¿asomará al balcón para la arenga?-
Si el gaitanesco puño llega a abrir,
¡Horror a la injusticia!
La soportabilidad se abrirá paso
Al son de las fanfarrias pueblerinas
Que anima
A defender su verbo hasta el ocaso
De los tres soles generales,
-¿a quién dolerá si se le acalla?-
A nosotros señor, a nuestro pellejo,
A la patria dolerá y al mismo pueblo
Y a la historia y a Dios y a la esperanza.
¡Deja que hable entonces:
- Y habló sobre el amor y los dolores,
Desmitificó el Credo
Exorcizó la fe
Purificó al adjetivo encajonándolo preciso
En el sujeto
Y al verbo le dio la espada y la coraza.

sábado, 28 de agosto de 2010

El decalogo del buen lector

Tomado de: http://www.madrimasd.org/blogs/futurosdellibro/2007/12/03/80189

Un buen lector, según el decálogo preparado por Antonio Muñoz Molina, es:


1. el que empieza a serlo antes de comenzar a leer, con las historias que le cuenta papá o mamá, las que le despiertan la imaginación y la curiosidad por querer saber. Por eso, el buen lector es aquél al que le cuentan historias desde pequeño;

2. el buen lector empieza a leer muy pronto, por eso en las escuelas no tienen que coartarle a un niño la necesidad de aprender a leer cuando él mismo lo decida y no cuando lo marquen los programas de estudio: “Si el niño tarda mucho en aprender a leer, pierde mucho tiempo”.

3. el buen lector no sólo ama los libros, también disfruta de la música, el cine y hasta la televisión: “La televisión no es enemiga [...] ni el cine, ni el videojuego son enemigos de la lectura, lo que es enemigo de la lectura es la ignorancia”, consideró:

4. “El buen lector no sólo ama la literatura y la literatura de ficción, también ama los libros de historia, ama los libros de explicación de naturaleza, de ciencias naturales, el buen lector también ama los mapamundis”, cualquier tema es bueno para leer, porque siempre hay algo nuevo que aprender, incluso en el periódico;

5. el buen lector es aquél que aprende a disfrutar la soledad, porque la lectura requiere un acto en solitario, aunque en esta época es un poco más difícil que en otras, por la comunicación instantánea;

6. el buen lector aprende a disfrutar de la más rica y variada compañía, porque al leer puede encontrar similitudes de las historias impresas con su propia vida. “Te enseña que los seres humanos somos muy parecidos y también muy diferentes”;

7. el buen lector disfruta compartiendo sus lecturas, recomendando lo que ha leído para que otros lo conozcan y lo disfruten;

8. un buen lector es un militante de las librerías independientes, alejadas del ritmo vertiginoso de la mercadotecnia, “donde puede uno comprar el libro que salió hace tiempo y que ha tenido tiempo de que alguien lo descubra en una librería”.

9. el buen lector puede surgir en cualquier parte, pero también hace falta una transformación social, porque la lectura implica cierto grado de justicia social: “La única manera de que haya lectores es un sistema social que permita a la gente aprender a leer y escribir”, concluyó Muñoz Molina.

Es, a mi juicio, este último punto (y soy consciente de que he perdido uno por el camino) el primero y primordial, el que, como demuestran las encuestas sobre sociología de la educación y la lectura, determinan de por vida la propensión a hacer de la lectura un placer insondable (con todas las características fenomenóligicas que Muñoz Molina describe tan acertadamente pero que son, precisamente, derivaciones o consecuencias de una predisposición sociologicamente generada) o una práctica absolutamente rechazable, simplemente inconcebible (y, en consecuencia, cualqueira de los rasgos que la definan o la requieran).

El problema de cualquier definición de lo que un buen lector deba representar o ser (como ya intentara Daniel Penac en Como una novela, en la relación de derechos que lo acompañaban), es que suele realizarse desde una persepectiva escolástica, afin a los intereses y valores de quien la pronuncia y propaga, haciendo pasar como principios universales lo que no son sino principios propios de una determinada condición, olvidando, en consecuencia, que el amor a los libros o a la soledad o la replicación de vidas en otros personajes no son placeres automáticos que carezcan de una génesis determinada.

Pd. Derechos del lector según Penac:

• El derecho de no leer un libro.
• El derecho de saltar las páginas.
• El derecho de no terminar un libro.
• El derecho de releer.
• El derecho de leer lo que sea.
• El derecho al Bovaryismo (enfermedad textual transmisible).
• El derecho de leer donde sea.
• El derecho de buscar libros, abrirlos en donde sea y leer un pedazo.
• El derecho de leer en voz alta.
• El derecho de callarse.

jueves, 12 de agosto de 2010

Enrique Fierro (Poeta Uruguayo)

Quiero ver una vaca

Quiero ver una vaca
Quiero ver una vaca colorada
Quiero ver una vaca colorada
A las tres de la tarde

Quiero ver una vaca colorada
A las tres de la tarde
De un día de febrero

Quiero ver una vaca colorada
A las tres de la tarde
De un día de febrero
En un campo verde

Quiero ver una vaca colorada
A las tres de la tarde
De un día de febrero
En un campo verde
O amarillo

II
Viene y va
La vaca colorada
Por la orilla del río
Enamorada

Nada vio
La vaca colorada
Que viene y va
Por la orilla del río
Colorado

Vaca será
Más vaca enamorada
La vaca que viene y va
Y nadie vio
Por la orilla del río
Colorado

Entre una idea
Y una vaca colorada
Me quedo con la vaca colorada




sábado, 7 de agosto de 2010

Edo Ivo (Poeta brasilero)

El ratón de la sacristía


Un ratón moraba
en una sacristía.
Era un mal católico
y todo lo roía.
Sólo respetaba la
Santa Eucaristía.

En un lugar sagrado
justo se escondía.
Ni el mismo arzobispo
verlo conseguía.
De día dormía
y a la noche roía.

Como el propio Dios
él era invisible.
A nadie en el mundo
él se aparecía.
Padre y sacristán
siempre lo maldecían.

Ninguna ratonera
ni la misma doctrina
lograba agarrarlo.
Huía a los venenos
como si tuviese
protección divina.

Mal caía la noche
salía de la madriguera
y todo lo roía.
Ni siquiera evitaba
el pechito santo
de la Virgen María.

Huía a los peligros
como como el Diablo a la Cruz.
Qué hambre era la suya !
Ni siquiera evitaba
el dedito del
Niño Jesús.

En una madrugada
cuando él roía
rico ornamento
Dios se le apareció.
Y a la muda censura
él le respondió:

"Nosotros, los roedores,
vuestro santo nombre
invocamos siempre.
Dios sea alabado
que creó la tierra,
los ratones y los hombres.

Fuiste vos, Señor !
Y quien crea un ratón
crea su hambre,
su muela del juicio.
Para que vivamos
roer es preciso".

En silencio Dios
pesó el argumento
y para evitar
su ornamento
y salvar a la Iglesia
no titubeó.

Quien vive tiene hambre?
Roer es preciso?
Dios no lo hace por lo menos.
Para qué veneno?
Llevó al ratoncito
para el Paraíso.

EL SOL DE LOS AMANTES


El oficio de quien ama es ver
un sol oscuro sobre el lecho,
y en el frío, nacer al fuego
de un verano que no dice su nombre.

Es ver, constelación de pétalos,
la nieve caer sobre la tierra,
algodón del cielo, aire del silencio
que nace entre dos espaldas.

Es morir claro y secreto
cerca de tierras absolutas,
del amor que mueve las estrellas
y encierra a los amantes en un cuarto.

Traducción: Carmen Gloria Rodríguez y Vania Torres


EL SUEÑO DE LOS PECES


No puedo admitir que los sueños
sean privilegio de las criaturas humanas.
Los peces también sueñan
En el lago pantanoso, entre pestilencias
que aspiran a la densa dignidad de la vida,
sueñan con los ojos abiertos siempre.
Los peces sueñan inmóviles, la bienaventuranza
del agua fétida. No son como los hombres, que se agitan
en sus lechos estropeados. En verdad,
los peces difieren de nosotros, que todavía no aprendemos a soñar.
Y nos debatimos como ahogados en el agua turbia
entre imágenes hediondas y espinas de peces muertos.
Junto al lago que yo mandé cavar,
volviendo la realidad a un incómodo sueño de infancia
pregunto al agua oscura. Las tilapias se ocultan
de mi sospechoso mirar de propietario
y se resisten a enseñarme cómo debo soñar.

Traducción: Carmen Gloria Rodríguez y Vania Torres

viernes, 6 de agosto de 2010

EL PORTÓN

Por: Edo Ivo (Brasil)


El portón se abre el día entero
pero en la noche yo mismo lo cierro.
No espero ningún visitante nocturno
a no ser el ladrón que salta el muro de los sueños.
La noche es tan silenciosa que me hace escuchar
el nacimiento de los manantiales en los bosques.
Mi cama blanca como la vía láctea
es breve para mí en la noche negra.
 Ocupo todo el espacio del mundo. Mi mano desatenta
derriba una estrella y ahuyenta un murciélago.
El latir de mi corazón intriga a las lechuzas
que, en las ramas de los cedros, rumian el enigma
del día y de la noche paridos por las aguas.
En mi sueño de piedra quedo inmóvil y viajo.
Soy el viento que palpa las alcachofas
y enmohece los arreos colgados en el establo.
Soy la hormiga que, guiada por las estaciones,
respira los perfumes de la tierra y el océano.
Un hombre que sueña es todo lo que no es:
el mar que deterioran los navíos,
el silbo negro del tren entre hogueras,
la mancha que oscurece el tambor de queroseno.
Si antes de dormir cierro mi portón
en el sueño se abre. Quien no vino de día
pisando las hojas secas de los eucaliptos
viene de noche y conoce el camino, igual que los muertos
que aunque jamás verán, saben dónde estoy
cubierto por una mortaja, como todos los que sueñan
se agitan en la oscuridad, gritan palabras que huyeron del diccionario
y respiran el aire de la noche que huele a jazmín
y a dulce estiércol fermentado.
Los visitantes indeseables atraviesan las puertas atrancadas
y las persianas que filtran el paisaje de la brisa y me rodean.
¡Oh misterio del mundo!, ningún candado cierra el portón de la noche.
En vano fue que al anochecer pensara en dormir
solo protegido por el alambre de púas que cerca mis tierras
y por mis perros que sueñan con los ojos abiertos.
En la noche, una simple brisa destruye los muros de los hombres.
Aunque mi portón amanece cerrado
sé que alguien lo abrió, en el silencio de la noche,
y asistió en lo oscuro a mi sueño inquieto.

Traducción: Carmen Gloria Rodríguez y Vania Torres

martes, 3 de agosto de 2010

Ser polvo enamorado

Por: Pablo Armando Fernández (Cubano)
Tomado del libro: Ser polvo enamorado


SONETO


Si del amor la música es sustento
y quien canta es de dioses elegido,
sabe el cantor, que no responde a olvido
lo que es para los dioses juramento.

Pulsa cantor tu enamorado acento,
que en contiendas de amor, nada es perdido
puede ser desafiado y combatido,
mas nunca se impondrá mudar de intento.


Si del amor la música es esencia
que a dioses y mortales enamora,
aquieta con tu canto la dolencia

de quien sólo consuela cuanto añora.
Y al exigir de amor que olvide ausencia,
sea la misma voz con la que implora.

DEL MAR, LA FLOR Y EL SUEÑO
                                                Para Laura


No es verdad que sólo seas un nombre.
Eres el canto de la espera,
la mañana anunciada;
un trino, un gorjeo, un aletear.
Y el aire agradecido
hacía el despertar y aparecías.
Eso eras antes de llegar
y encontrarte: toda luz y armonía.
De pronto; Laura, canción o encanto
para nosotros, entre el mundo
y tú sola para ti misma.
Eres el canto y la mañana.
Tu nombre haciéndose canción
para que el mundo cante.

ECLIPSE DE LUNA

Si tú fueras por un momento,

tan sólo uno,
sensible a tus impulsos
y en ellos encontraras
lo que malogras por pudor;
soberbia o miedo.
Si tú fueras sensible
a cuanto te acontece
por sí mismo, sin ti,
como quien vaga a oscuras,
te reconocerías en alguien
que, ahora, te inventa para el sueño,
y hace de ti, lo real:
un hombre que padece
indiferente a cuanto se le ofrece
sensible a la caricia.

domingo, 1 de agosto de 2010

LOS VISITANTES QUE SE QUEDABAN PEGADOS AL ASIENTO

Por: Bartolomé Monterrosa
De Astrea Cesar Colombia


A cierta edad, uno ya está alejado de sí mismo. En una misma historia puede deambular por tiempos diferentes. A veces llama al interlocutor con el nombre de alguien que ha fallecido hace mucho tiempo. Cuando se es anciano, tal vez para tener la posibilidad de ser escuchado, se emprende la boga por los recuerdos borrosos, a la vez que cuenta historias a uno que otro interesado. En ocasiones, en uno de esos ires y venires, estaciona el vehículo de la memoria en algunos puertos del pasado en donde se ilumina la mente y la mirada opaca vuelve a brillar. Entonces fluyen con rigurosa precisión las más fascinantes historias.

Sólo hasta ayer por la tarde mi abuelo me reveló el misterio de las terribles mujeres que dejaban a los incautos pretendientes de sus hijas pegados al asiento.

Cuenta que después de unos pocos días de haber llegado al caserío, decidió visitar a Narcisa López, una señora que además de saber insondables secretos de la vida tenía tres hijas, quienes por su belleza ocupaban los deseos y los sueños de los muchachos de la población. Llegó cuando era la hora de transición entre el día y la noche, es decir entre claro y oscuro. Saludó formalmente a todos. Luego le ofrecieron un asiento. Se acomodó a esperar que las preciosas jóvenes lo hicieran a su lado. En efecto, así ocurrió.

Charlaba de manera muy amena haciendo divertir a las muchachas. Le sacaba gran ventaja a su buen sentido del humor. Estaba tan divertido que recibió y se tomó un café que le trajo la señora Narcisa, casi sin darse cuenta. Sólo cuando sintió en el estómago una punzada que cada vez se fue haciendo intolerante cayó en la cuenta que el pocillo que tenía en sus manos estaba ya vacío.

Al instante comenzó a sentir estropicios y movimientos de todo el contenido que guardaba desde el estómago hasta el recto, en todos los ritmos y en todas las direcciones. Pronto, los chistes que antes habían sido graciosos ahora se tornaban faltos de sentido. Ya no generaba en su reducido auditorio divertidas carcajadas; con sus gestos de tortura producía en las divas expresiones de preocupación y ansiedad.

En el preciso momento en que estaba a punto de desbordar en su angustia estomacal, entró Narcisa. Lanzó una mirada a sus hijas, que éstas entendieron como una orden de desalojo. Sin decir una palabra y con una seriedad luctuosa abandonaron la sala en donde se encontraba la visita. La señora ocupó uno de los asientos que dejó una de sus hijas.

--- ¿Se siente bien? --- preguntó Narcisa.

--- No tanto --- Respondió el visitante.

--- ¿Se quedó pegado al asiento?

--- No. Bueno… más o menos --- Respondió retorciéndose del malestar.

A penas pudo percibir el flujo que se les escapaba por su esfínter, aún en contra de la presión que ejercía sobre el asiento. Entonces sintió que su estómago descansaba un poco. Narcisa le pidió que se quedara sentado en el asiento mientras le preparaba una bebida que le libraría del malestar que le aquejaba. Después de un rato, cuando era casi media noche, ya se sentía bien, pero el asiento estaba untado de caca. La anfitriona le pidió que se levantara y lavara el asiento en el patio. Así lo hizo.

Narcisa se le acercó al joven y le dijo:

--- Bueno, jovencito querido, es hora de guardarnos unos secreticos para conveniencia nuestra.

--- Lo que usted diga--- Respondió el joven envuelto en una terrible mezcla de temor y vergüenza.

--- Usted deberá decir que se quedó pegado al taburete y que mediante una serie de conjuros yo lo hice levantar. --- luego agregó--- Así nadie sabrá nada de su embarrada en mi asiento y evitará la vergüenza ante el pueblo.

No fue necesario decir nada. Todos los habitantes del caserío sabían la suerte de quien salía de la casa de Narcisa en horas de media noche. Ésta los había dejado pegados al asiento. Días después se enteró que muchos jóvenes se habían quedado fuertemente fijados en el asiento de Narcisa y sólo ella los liberaba a través de un conjuro a la media noche.

Lo que todo el pueblo ignoraba era que los afectados no tenían otra alternativa: aceptar que había sido víctima de un hechizo que los mantuvo ahí pegados, en vez de tener que afrontar la pesadilla de levantarse y dejar un reguero de mierda en el asiento delante de las encantadoras jóvenes.

Julio de 2010