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viernes, 25 de noviembre de 2011

Rodolfo Lara Mendoza

No hay brecha entre nosotros y la Tierra

No hay brecha entre nosotros y la Tierra
Por eso sé que es mía la mano de humedad
que resucita tus nostalgias cuando llueve
Y ese amplio bulevar de tus dolencias
que suelo recorrer también cuando no estás conmigo

No hay brecha entre nosotros y la Tierra
Y el pájaro que canta en tu mirada
sacude con sus alas este montón de hojas que soy

Pedido poco usual para una muchacha de tienda

He esperado hasta el silencio de la tienda
para hacer mi encargo,
he aguardado hasta los últimos pedidos
para hacer el mío:
“un cuarto y cuatro onzas de cielo” que tú con tu presencia,
 muchacha, me brindas por adelantado
Así que acabo por solicitar otra cosa:
galletas o mandarinas que sacas de una caja
como de un sombrero,
yogures que justifican mi espera hasta el silencio,
hasta ese corazón que guardas en el anaquel más alto
A veces, por descuido, solicito algún artículo agotado,
y niegas en la flor de tu tristeza como quien
vuelve a los lugares de siempre y los encuentra cambiados
Muchacha, quisiera que también se te agotara esa tristeza,
 por eso siempre me abstengo de hacerte mi pedido,
quién sabe si yo tengo ese trapo de felicidad
que limpie desde adentro tu mirada,
muchacha de ojos tristes como un vidrio empañado

He esperado hasta el silencio de la tienda
para hacer mi encargo,
he aguardado hasta los últimos pedidos
para hacer el mío:
“un cuarto y cuatro onzas de cielo” que tú con tu presencia,
 muchacha, me brindas por adelantado


Telúrica

Perdón por no lanzarte piedras, cielo
Ni elevar hacia tu vientre un pájaro de sol
Perdón por no ensayar figuras
en las nubes de tu desconsuelo
Perdón por ser sencillamente tierra

Invocación

Acogedora mía, patrona de mis ojos,
déjame atravesar las calles con mis cuencas vacías
y estas ansias de hallarte
que todas las mujeres juntas no lograrán saciar
Déjame ser las zetas con que expresas tu sueño
o e1 olor con el que escribes tu presencia en mi alcoba
Déjame estremecido, sumergido en tu tibieza,
como un colibrí que expira sobre el cuenco de una mano,
como un insecto dormido en los vaivenes de una hoja

Acogedora mía, patrona de mis ojos,
déjame un toque de tu sal sobre los labios,
para volverme nube, viento, estrella
y no tocar ya nunca más la tierra


Atardecida de amor sin manos

Salimos a buscar la tarde
 aquella que de cada uno conservaba el otro
Yo ansiaba confesarle que en mí se hallaba intacta
y que ahora en lo cercano de sus ojos
moría la angustia obsoleta de mis años sin verla
La angustia de esos años en los que coloqué
su rostro en otras sin saberlo

Salimos a buscar la tarde
una sombra de lluvia se cernía sobre el cielo
y un tenue resplandor emergía de sus brazos
Quise tocarla
Pero el miedo a que ella terminara de reír
y el mundo irrumpiera entre nosotros demasiado pronto
apagó mis manos

De árbol y pájaro

Yo amaba en ella un resplandor de pájaro
que nadie más veía
Un ala tímida que asomaba a sus ojos
en ciertas noches de luna
Y un inusual gorjeo que no lograba ocultarse
en su respiración dormida

No sé si ella alcanzó a percatarse
de lo verde de mi abrazo
O de esta manera mía de horadar con los pies
la negrura de la tierra
Sólo sé que voló con mis hojas
una oscura mañana de agosto

Y que desde entonces no he dejado de buscarla,
arañando con mis ramas al viento culpable

Romance en plenilunio

Él era una ciudad de piedra a la que nada conmovía
Y ella era la nata espesa del agua que la bordeaba
Cercanos, sí, pero sin conocerse
una noche de luna se encontraron,
guida se supieron metáfora de avenidas inundadas,
De ciénaga que se desborda y lame la soledad de piedra
De una ciudad en la que Dios no ha vuelto a poner su
Mano

Desde entonces se tienden juntos a esperar la luna llena

El baile místico de los travesaños de un techo

Beber hasta perder el sentido,
como esa noche de mis dieciséis
en que mamá salió a buscarme
La imagen de aquel adolescente asido
a la cadera lustrosa de un sanitario
Mirando desde la cama el baile místico
de los travesaños de un techo

Luego los años:
mejor alcohol para llevarse las razones
Aunque el guayabo no sea cosa del cuerpo

Lo digo por las oscilaciones del ahora,
por las intermitencias de un paisaje conocido
que sabe hacer doler la música,
acaso tengan un propósito:
rebobinar los días hasta el rostro lozano de mi madre,
 hasta ver girar de nuevo, en torno a mí,
las maderas extintas de aquel techo

La visita
Viste mi casa
Y el largo comején de ausencias
que dibuja en sus paredes
En ella ningún rastro de mí:
de aquél que fu, tomado de tu mano,
 y que hoy se llama como tu recuerdo

Viste mi casa
Y a aquél que en su interior vagó por años,
malviviendo en silencio,
sólo para vestirse una mañana con tu risa

Textos tomados del libro: “Y pensar que aún nos falta esperar el invierno” Ediciones Pluma de Mompox S.A. Colombia 2011

Rodolfo Lara Mandoza,  Cartagena de Indias, Colombia, 1973. Afirma no tener biografía, sino solo poemas que hablan de un hombre dado a la tarea de rescatar de sí un poco de inocencia.
Primer premio en la II Convocatoria de Premios y Becas del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena 2002. Premio Nacional de Poesía “Gustavo Ibarra Merlano” de La Universidad Tecnológica de Bolívar (Estudiante Universitario) 2005. 

viernes, 18 de noviembre de 2011

Alvaro Maestre Gracía

La imperfecta creación
Debió Dios estar cansado cuando decidió hacer al   hombre.  Tanto   que   al   día  siguiente descansó. Supuestamente lo hizo un viernes y es comprensible  su cansancio. ¿No estamos los viernes exhaustos todos?

Estaba Dios en el Chat-EI-Arab y decidido  a hacer su obra cumbre.  «Esta vez no ordenaré, dijo el Señor; voy a manufacturar al hombre». Tomó un poco de barro y amasándolo le dio forma y soplándolo le dio vida.

El barro  escogido  debió  ser  de  mala  calidad—lo sospecho—porque aunque allí quedaba el Paraíso Terrenal, hoy es un desierto. (¡Tanto barro bueno en Ráquira y en Valencia de Jesús!). Sospecho que era de mala calidad porque   de todo lo hecho por Dios, el hombre  es lo más imperfecto. (Me da temor pensar, siquiera, que Dios haya sido chambón. (No lo pensaré! La culpa es del barro).

Y empezó el hombre a resquebrajarse en todo; le llegó al hombre el aburrimiento y la soledad y Dios le hizo la mujer. (Pudo haberle  hecho la televisión o el crucigrama y no exponerlo al pecado).

Creada  la  mujer, creada  la  malicia  humana  y  las rogativas a Dios para que se les  permitiera hacer lo que ambos querían. (También lo sospecho, porque no se habla en El Génesis ni de acoso ni de violación por parte de Adán). Y Dios les dio el libre albedrío.

Satisfechos, vinieron  los problemas y los trasteos, por cuanto fueron expulsados del Paraíso y se crearon los cinturones de miseria alrededor del Paraíso, que para la época fungía como el hábitat natural para el hombre y la única despensa productiva. Se inventó  el desplazamiento.

Embarazada la mujer, (sospecho  que  en el primer asalto), llegaron los antojos y Adán fue empujado  por su mujer a buscar mangos en el Paraíso y apareció el robo al invadir predios prohibidos  no obedeciendo al tradicional letrero: "Cuidado:  Perro bravo", que presumo habría también allí.

Parida la mujer, apareció la desnutrición, el desvelo y otros males no tan menores, que forzaron al hombre a buscar  trabajo  en  cualquier  actividad  y se creó  el patronato humano  (el divino  ya era  evidente)  y la obediencia debida.

Crecidos los hijos, (y sólo hablo de los dos mayores), nació en el hombre la envidia, el rencor y el crimen. Y ya eran  cuatro   los  humanos,  de  los  cuales  una  era desobediente (Eva),otro pecador (Adán),otro criminal (Caín) y el único aparentemente bueno (Abel),estaba muerto.

Y vio Dios que eso no era lo que Él quería y entonces creó el Poder y la Esperanza para corregir el mundo o resignarlo, en un plan de contingencia Divina.

¿veremos algún día a Dios satisfecho de su obra? Nosotros esperemos, que Dios es el Poder. Al principio, todo fue tinieblas y Dios hizo la luz; Harry Truman creó de nuevo la tiniebla, pero volvió a brillar la luz y en esa incesante lucha de luz y tinieblas, he de ver que la luz triunfe y puedas tú, Sofía, al fin, ver que sí existo.

Alvaro Maestre Gracía. Villanueva Guajira 1.951, Publicó el poemario El Triunfo de la Palabra en 2004, en corrección La Segunda Huída.
Tomado

jueves, 17 de noviembre de 2011

Oscar Parra Barrios

(Poemas tomados del libro: "Festejo de lo perdido")

ESTE SILENCIO
que derrama la poesía
viene envuelto en un manto
 de asombro.
¡Y cae...
...cae!

¡Dios. mío!...

haz que el vacío
sea menos filoso.

SOPLO  DE TI EMPO
a Bélgica Quintana

Hay un viento
en el hueco del silencio

-pasos que arborecen-
Mientras las horas
se beben mi último reflejo
... Sucede
que me hago luz
al otro lado de las estaciones

AL OTRO  LADO DE LAS ESTACIONES
la ciudad contempla su funeral
de risas

- Átame al silencio -

Sepúltame bajo los mágicos flirteos
que arden a cada instante
en la lejanía de la infancia

HUESOS DERRAMAN SUS HUELLAS
en el afanado abandono de los miedos

¡Ay, dolor! ...

Deja de alegrarte
por lo que no ha ocurrido.

OLVIDO
Déjame abrazarte
También estoy cansado de ese imperio absurdo
de soledades

Bitácora de los trenes:  déjame cavar en ella
mi propio suspiro
o lo poco que me resta  por perderte

Mis huesos están pegados al mismísimo silencio ...


COMO  DUELE SABER QUE YA EXISTO
borbotean  todavía las llagas
en mis huesos

El árbol de los linajes  bañó con su esperma
sombras preñadas de fe
que  a mi sed no dieron muerte.

Ungí los miedos bajo  el sepulcro
de los sinsontes
Y su trinar ha puesto voces a este silencio

VIAJES
El filo de los miedos atravesó
por un costado  del abismo
donde pasó mi infancia
vestida de pájaro

El tiempo rompió fuente
y dio flujo al silencio

Por el mismo hueco
se dieron a la fuga Jos secretos

Entre incendios de campanas
el alma estaba cruzando
umbrales en la sombra  ·

ENTRE NIDOS VIEJOS
miradas curtidas
de aves que emigraron

-Se aletea en silencio
el reposo de los sueños-

Y el alma se adentra
dando vuelcos al pasado

HORAS ESPERAN
más allá de las sombras ...

Espejos reclaman
sus secretos

Nada les tengo...

Todo se derramó durante el viaje.

UNA CONNIVENCIA
de años que corcovean

-rompe las olas como espejos-

Sólo el silencio permanece  intacto
                                                  a Solenys Herrera



Oscar Parra Barrios.  Nace en Aracataca, Magdalena. Poeta y Gestor cultural. Poemas suyos han sido publicados en la Revista Poesía Viva, Cartilla El solar y en el Portafolio Literario Connivencia. Ha participado en las compilaciones de autores Guajiros: “Los Hijos del Pez”, editado por la Universidad de La Guajira; “Palabra y Residencia”, editada por la Dirección Técnica de Cultura Municipal; Cuentos Renata Guajira, como diplomante en el Taller de Escritura Creativa, editada por el Ministerio de Cultura. Actualmente es miembro de la Fundación Atrapasueños. Trabaja como Instructor en el área de Redacción y Sustentación de Informe.







domingo, 6 de noviembre de 2011

Yadira Vega Mendoza

(Tomado de Revista Letras. Número 2, año 1, octubre de 2011)
Héroes de guerra
Como bejuco seco su brazo reposa
y su enlutado cuerpo lloró de ira.
Los dedos emprendieron la partida
 llevando un apellido hasta la fosa.
Su aliento fúnebre.
Esa sonrisa perdida en el tiempo,
con su mirada opaca
y un lápiz le exigía a su brazo izquierdo.
Cayó el sombrero, cubrió su sombra,
dejando ver arrugas en su frente
y con alfombra de prisioneros,
amontonados indiferentes.

Hechos
Crecen manos abriéndose espacios en la tierra santa.
Lloran los hombres para ahogar su ignorancia.
Corre el deseo para estrellarse contra cuerpos ansiosos.
Se descalza el espíritu para tocar la alfombra de antojos.
Se escupe el lodo con sabor a ajenjo.
Respiro el aroma a carne cruda
y en mi pupila destierro la belleza engañadora de mi ello.
Forcejeo con mis rodillas para no venerar tu figura.
Solo me someteré  a mí misma.


Amo mi tierra
Anochece en mi piel y en el letargo del sueño
la serpiente merodea  en un bosque de muslos.  
Se abren bóvedas para hospedar a los muertos.
 Cobra intereses la deuda del imán.
Labran la tierra mis pasos al andar.
Llora mitierra.
Se ahogan mis palabras cuando pienso en ti.  
Se inunda el Valle con lágrimas de la Sierra
 que fueron derramadas en el Guatapurí.

Dualidad
En una tarde huracanada
Se tejen con tus cabellos trampas para peces.
Arrasan mis pensamientos como lava caliente,
rescatando  la duda y los rencores.
Bajo la lluvia  se decolora  tu aliento 
y con la luz de un relámpago,
se prende la mecha de tu pecho.
Escupe el cielo las calles y se evaporan hedores.
Ronca el trueno enfurecido  sembrando   pánico  a  las palmeras
que se inclinan al paso del viento.
La intrépida brisa levanta la falda del mar
 haciendo pases de cumbia.
Son una sola mis lágrimas con la lluvia,
son una sola mis lágrimas con las tuyas.

Yadira Vega Mendoza, de San Juan del Cesar, Guajira. Esteticista e Instructora de gimnasia. En la actualidad reside en Valledupar repartiendo su tiempo entre sus pasiones: Familia, trabajo, poesía y teatro.