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viernes, 29 de junio de 2012

Gustavo Tatis Guerra


Nadie es inmune a las metáforas

Se había deslumbrado con aquella metáfora inusual del poeta americano E. Cummings: “La terrible cara de Dios, más brillante que una cuchara”. ¿Por qué terrible, por qué brillante?, se preguntaba mientras devoraba con ansiedad, cucharadas de garbanzos revueltos con arroz.

No había consuelo para aquel peregrinaje sin regreso.

¿De qué luz de penumbra había nacido aquello que lo encantaba? ¿Acaso de la luz nunca oscurecida de aquel verso de San Juan de la Cruz? Esta vez el amanecer lo había dejado sin aliento, con una iluminada desazón, al final de una cacería despiadada en la que nadie vendría a despertarlo ni rescatarlo de aquel abismo insondable en el que había descendido tras el espejismo de una metáfora.

Hara-kiri

El viejo almirante Oshibo, luego de hacerse el hara-kiri, entró a la muerte, luego de una tremenda agonía. No quiso acelerar lo inexorable. Antes que alguien se le ocurriera darle un golpe de gracia, él había dejado escritas dos líneas concebidas poco antes del final. Eran en esencia, la sombra de un pájaro en el agua, acaso toda su vida:

La luz de tu cuerpo brilla y tiembla
en la luna de mis manos

La sangre del viejo almirante no dejó de fluir.
Sus ojos parecían diáfanos y serenos como los de un niño.

Gustavo Tatis Guerra. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, 1992. Nominado en tres oportunidades a ese mismo premio en 1993, 1995, 1997. Ganó en 2003 el Premio de Periodismo “Álvaro Cepeda Samudio”. Autor de los poemarios “Conjuros del navegante”, 1988, “El edén encendido”, 1994, “Con el perdón de los pájaros”, 1996, “La ciudad amurallada” (Crónicas de Cartagena de Indias”), 2002, “Alejandro vino a salvar los peces”, Premio Nacional de Cuento Infantil Comfamiliar del Atlántico, 2002, publicado por Panamericana, en 2003. Tiene un libro de cuentos, una novela inédita y un ensayo sobre la obra poética de Luis Carlos López y Raúl Gómez Jattin. Panamericana publicó en 2004, su ensayo novelado “Bailaré sobre las piedras incendiadas”, sobre Virginia Woolf. Vive en Cartagena de Indias.
Derechos reservados
© Gustavo Tatis Guerra


Tomado de:  http://cuentobreve.blogspot.com/2006/10/gustavo-tatis-guerra.html

viernes, 22 de junio de 2012

José Sarabia Canto


Foto tomada de: http://ensuncho.blogspot.com

Aun cuando su nombre es José Sarabia Canto, titulamos canta porque este poeta en Río de Luna, canción para un caballito de palo, no hace otra cosa distinta que cantar con esa forma tan peculiar suya de vivir la vida bajo una tonada eterna de marinero que ama el amor.
Después de navegar por mares y ríos, José Sarabia se ha quedado en el puerto de Magangue amamantando sus fantasmas, protegido por el hado tutelar de don Antonio Botero y de muchos amigos que se ha granjeado en esos lares. José es hoy la voz del río y de la tierra
Excelso fumador de naturalezas, bacán de barrio, viejo lobo de mar, putañero, trasnochador, ha sido capaz de fumarse tres libros rojos de Mao Tse Tung y dos biblias Reina Valera, para saciar su necesidad de viajar en espacios pequeños por el universo.
Su poesía es él. Su vida misma, venciendo toda precariedad es un poema.

Para que todos caigan en la cuenta de lo que surge de José Sarabia Canto, aquí él les canta:



YO BASTARDO

Yo, un bastardo de barrio de calles polvorientas,
De callejones sin pavimentar,
De casetas de bailadores de salsa,
Y patios escuetos, extramuros de jugadores de Béisbol.
Que cargo mi posición de hijo natural,
Bastardo, viejo lobo de mar.
Que mis habitaciones son de paso,
Que he dejado varias maletas en los hoteluchos
De la Media Luna, con hondos recuerdos en esos cuartos
Porque nunca tenía para pagar el inquilinato
De mis huesos dolidos de tanto andar.
Que me alimento en restaurantes de pobres
Y mesas de fritangas de negras bailadoras de bullerengue
De tambor y bongó
Y con los gamines y desplazados
Me alimento en duro aire caluroso y la plaga
Y a nadie le interesa un culo
Como si fuéramos vidrios rotos
O arrumes de basuras abandonadas
O lingotes de hierro en desuso.
Yo, que me voy pareciendo a esta rumenta
Defecada de la globalización y la mal llamada guerra,
Que no me suicido porque amo al mar,
Que voy pareciéndome al mar por su soledad
Y su extraña lejanía.
Creo en Dios y soy santero
(Pero creo que Dios no cree en mí)
Yo, que no uso camisa de olán como Quinto Guerra,
Que nunca he tirado la puerta por la ventana
Pero no trago entero.
Que me embarco en buses de caimán
Donde se transporta el hambre y la angustia
Y ponen salsa y música champeta a todo volumen
Y venden toda clase de chucherías y atracos por
El afán de varias hambres
Y se transporta la angustia y la pobreza que impera a toda velocidad.
El pito y el humo de la ciudad
Envenena igual que la marihuana y la cocaína.
Yo, que no me encuentro libre de pecado
Que muchas veces he tirado la primera piedra
que ya estoy maduro para lo que sea
Incluso para morirme.
Que recorrí todos los montes del río y los mares
Haciendo arte la palabra sin fusil
Y ahora quieren que me desmovilice
Sin pensión y sin epíteto.
Que he vivido en miles de puertos
Y he dormido en diferentes pueblos
Con los pocos dientes que me quedan.
Te cuento que todavía no me hallo
Pero el día que me encuentre con ese otro yo subjetivo
Me haré su vate, será mi vale y desde ese momento
Andaremos juntos, porque estoy tan solo
En este infierno globalizado
Con esta autobiografía de bastardo sempiterno
Andariego, loco y bacán… tendré para mucho tiempo.

POEMA DEL ADIOS

Tanta alegría acumulada
Que trajo Ana María para conocer el río
Y se fue con los “crespos hechos”.
NO supo que donde el “máquina borracha”
Hay un muerto escuchando salsa,
Tampoco vio las champas escoradas
A la vera de las garzas que parecen vetustos
manatíes mansos.
Se fue tan lejos Ana María
De mi mar y no supo que los cadáveres
Que van río abajo
Surgen de la guerra.
Se fue Ana María a la tierra de
Walt Whitman con la aurora
Y me dejó la imagen de su cuerpo desnudo
Tas la ventana en la niña
De mis ojos.

RÍO ERÓTICO

Ana Milena
Musa de facilidades ilimitadas
Esta mañana caliente
Después de un fuerte vendaval,
El río impetuoso
Exhala con el rumbo del agua
Acelerada
Un olor a himen.
Al olor fuerte del ángulo
De tu ingle,
Al vaho de tu vulva
Huele esta orilla,
Donde recuerdo Ana Milena
De “crica” fácil nena,
Babeante achicando mis ganas
De penetrar tu olor a río revuelto
Como entre por mis narices
Este olor a pez nadando.


viernes, 15 de junio de 2012

Héctor Rojas Herazo


La Casa entre los Robles

A un ruido vago, a una sorpresa en los armarios,
la casa era más nuestra, buscaba nuestro aliento
como el susto de un niño.
Por sobre los objetos era un tibio rumor, una espina, una
mano,
cruzando las alcobas y encendiendo su lumbre furtiva en los rincones.
El sonido de un hombre, el retrato, el reflejo del aire sobre el pozo
y el día con su firme venablo sobre el patio.
Más allá las campanas, el humo de los cerros
y en un dulce y liviano confín, entre la brisa,
el pájaro y el agua levemente cantando.
Todos allí presentes, hermano con hermana,
mi padre y la cosecha,
el vaho de las bestias y el rumor de los frutos.
Adentro, el sacrificio filial de la madera
sostenía la techumbre.
Una lluvia invisible mojaba nuestros pasos
de tiempo rumoroso, de fuerza, de autoridad y límite.
Pasaba el aire suavemente, buscaba sombras, voces que derramar,
respiraba en los lechos, dejaba entre los rostros su ceniza dorada.
Era entonces el día de hojas, de potente zumbido,
el día para el cántaro, la miel y la faena.
Como un don de reposo llegaba a nuestro cuerpo
la noche con su carga de remotas espigas.
Nuestro pan de anhelado resplandor,
nuestro asombro
y las lámparas derramando sus ángeles sin prisa en los espejos.
Como un hombre que anhelara su parte,
su sitio en nuestra mesa,
el viento dulcemente flotaba en los manteles.
La quietud de los muebles, las voces, los caminos,
eran todo el silencio de la noche en el mundo.
Llenando de inaudible presencia las paredes,
habitando las venas de pie frente a las cosas.
Buscaban nuestras manos un calor circundante
e indagaban los ojos otra piel impalpable.
Algo de Dios, entonces, llegaba a las ventanas
algo que hacía más honda la brisa entre los árboles.
Estampa de Año Nuevo
Miras el tiempo atrás, miras tu sangre,
tus derrotadas horas, tu sonido,
malhayando un tal vez y un no me importa.
Fundido con el mar, la muerte, el sueño,
purgas en lo que fuiste, quieres pena,
regresas al aroma de un miércoles, al sigilo
de tus desnudos pies en una alcoba.
Recordando un recuerdo, te preguntas
por lo que pudo ser y lo que ha sido.
Lo que eres, lo que tu sed y tu suplicio afirma.
Y encuentras tu carcomido sol, tu mismo luto,
tu misma piel ajada,
tu idéntica manera de verte en un espejo
con el tiempo lamiendo tus espaldas.
Pruebas la eternidad:
el ancho, el filo de un rencoroso diente.
Es entonces cuando te vuelves sin saber
y escuchas, cuando abrazas y ríes,
cuando dices con amable terror,
de labios para afuera o para adentro:
"Te felicito, amigo, te mereces
el año, la agonía que has ganado".
Y con tu voz sacudes la ceniza
que la muerte ha dejado en sus cabellos.

EL DESEO
El deseo es vegetal
pide caminos
aire
quiere temblar en fruto
suspenderse
pide un cuerpo abonable
pide un labio
pide comer y ser comido
quiere
entrabarse y gemir con ramas duras.
Gime por ser
quiere temblar
sentirse
palparse desde dentro
saberse entre las cosas respirando.
Quiere el viento y el ala
quiere el día
quiere el follaje de su fuerza obscura
brillando entre la luz hoja por hoja.
Es vegetal por eso:
por su destino de tiniebla y cielo
porque rompe y emerge
porque sube
porque la muerte sufre con su anhelo.

EL AMIGO
De pronto me miró,
solitario el que más como ninguno.
Me miró con sus ojos y sus huesos
y sus desnudos pies entre zapatos.
No pude resistirlo (el hombre no soporta
lo que mira hasta el fondo).
A espaldas de él estaba el paraíso
con todos sus demonios y pucheros
y papá Dios haciendo sus globitos.
Y de este lado estaba la consola,
los muebles, los testigos de la sala.
Y el amigo sentado en su silleta.
Mirándome, sentado, respirando.

HÉCTOR ROJAS HERAZO (Tolú, 1921-2002)
Doctor Honoris Causa de la Universidad de Cartagena, 1997
Medalla del Congreso de la República grado Comendador, 1991
Medalla ProArtes al Mérito Literario, 1995 y 1998 (Cruz de Boyacá)
Premio nacional de poesía José Asunción Silva, Bogotá, 1999 
Honor al mérito Universidad Santo Tomás de Aquino en su IV Centenario, Vida y obra, 2000
Libros publicados: Rostros en la soledad (1952); Tránsito de Caín (1953); Desde la luz preguntan por nosotros (1956); Agresión de las normas contra el ángel (1961); Las úlceras de Adán (1995).

viernes, 8 de junio de 2012

JOSÉ FELIX FUENMAYOR


LAS BRUJAS DEL VIEJO CRÍSPULO
Por: JOSÉ FELIX FUENMAYOR

No, Don Pepe, brujas como esas de que usted me da noticia no las tenemos por aquí. Las brujas de nosotros no se empandillan por hacer daños en los sembrados; tampoco se juntan en montonera chillando y dando brinquitos de bailarinas. Y no faltaba más, que se enfiestaran con el Demonio, si hasta le sacan el cuerpo cuando pueden, porque siempre lo tienen detrás. Y no voy a negarle que algunas han echado su monstruo al mundo; pero jure usted que se las cogerían dormidas, pues de voluntad no encontraría una sola el tal Satanás que se le pusiera de candelero. Otra cosa le digo: no saben montar palo de escoba. Y ni hablar de ninguna parecida a esas grandes señoras que usted me cuenta, muy casadas, a quienes sus grandes señores, poco maridos, dejaban solas y encerradas por muchos días; y esperando entraban en comezón, y se volvían lobas de noche para salir a rascarse en las perrerías. Porque acá no se dan de esas. Nuestras brujas no pican de encopetadas ni pecan por picazón. Ni piensan siquiera en tener hombre a la mano. Su vida es un desamparado pasar como el de esas otras que usted me dice de tan humilde condición que dan lugar a que los diablos traperos, recogedores de almas para el Infierno, se equivoquen, cuando ellas mueren, y les ponen el saco recolector en el trasero.

Usted podrá encontrar por ahí unas cuantas mujeres, viejas las más, medio empelechadas y con buena olla al fogón, vendedoras de yerbas milagrosas, oraciones contra maleficios, cocimientos para el amor: no se dejen engañar, esas las echan pero no son. Brujas de verdad, la de la señora Indalecia y la de la señora Encarnación. Le voy a contar sus historias, y no espere que se le pongan los pelos de punta. Sus correrías lo desilusionarán. ¿Qué salen a hacer nuestras brujas? Simplemente a buscar comida.

Primero la de la señora Encarnación. Ella le había dado en alquiler un cuarto en el patio de la casa a una mujer algo joven y bien parecida a quien todas las mañanas le amanecía sentada ante una mesita con hortalizas que ponía a un lado de la calle, junto a la cerca de la casa. Ese era su negocio. De dónde sacaba los rábanos, la lechuga, el ají, la señora Encarnación no lo sabía. Pero una mañana no vió a la mujer en su puesto de costumbre y fue a averiguar qué le pasaba. La llamó desde afuera y ella contestó que empujara la puerta y entrara. Así lo hizo la señora Encarnación y encontró a la mujer acostada en el piso al pie de la cama a donde no pudo subir porque en el último momento le faltaron las fuerzas. Se le veían dos heridas, una en la cabeza y otra en un brazo. Y la mujer confesó que ella era bruja y contó que todas las noches a las doce mudaba su forma en la de una puerca y se iba derecho a La Floresta donde se cultivaban muy buenas hortalizas, comía hasta hartarse y luego robaba las que ponía a la venta en su mesita; pero que la noche anterior el cuidandero la descubrió y la corrió a machete, y se sentía muy triste porque con la mucha sangre que perdió se le había ido la virtud de la brujería; y su preocupación era que, incapacitada para el único trabajo que sabía, le esperaban tiempos de hambre y necesidades. La señora Encarnación le preguntó cómo hacía para cambiarse en puerca y la mujer contestó que decía: "Sin Dios y sin Santa María"." ¿Y qué haces para volver a tu natural?", continuó interrogándola la señora Encarnación. "Digo al revés: Con Dios y con Santa María", respondió la mujer. "Entonces -dijo la señora Encarnación- me está permitido ayudarte y te ayudaré, porque desde ahora quedas con Dios y con Santa María". La señora Encarnación era muy pobre; y con la carga de aquella mujer que se echó encima, su vida de privaciones empeoró más y más. Pero una noche la mujer le dijo, como quien no quiere la cosa: "Ya tengo otra vez mi sangre completa". La señora Encarnación, bajando los ojos, dijo: "Cuídate mejor, no vuelvas a perderla". La señora Encarnación terminó su historia así: Era una excelente mujer. Durante muchos años -Dios me lo perdone- fue el amparo de mi inválida vejez; pero un día no volvió y no sé qué habrá sido de ella.

Ahora, la de la señora Indalecia. Siendo ella muy niña solía pasar y repasar en sus idas y vueltas camino de su escuelita, por frente a la casucha donde vivía sola una viejita que frecuentemente la llamaba y le ofrecía rajas de melón, torrejas de patilla y otras frutas que comía con gusto. Una tardecita, cuando no eran todavía las seis pero el día estaba ya oscuro, pasó como de costumbre la señora Indalecia -que entonces era llamada Indalecita- y la viejita la invitó a entrar un momento. Entró, la viejita la llevó al patio y en su presencia comenzó a desnudarse e iba poniendo la ropa en un matorral. Después le dijo: "Mijita, el favor que te pido es que me cuides mi ropita. Espérame aquí, voy a buscar unas patillas y no tardaré en encontrarlas porque ahora es el tiempo". Enseguida la viejita, toda en cueros, sacó del mismo matorral un garabato y picándose con él una parte que la señora Indalecia no quiso nombrar, se convirtió en zorra y se fue corriendo. La señora Indalecia dice que por un lado salió la zorra y por otro ella disparada y no paró hasta su casa a donde llegó muerta del susto; que jamás volvió a pasar por aquella calle, ni como Indalecita ni como señora Indalecia; y que al fin la viejita fue muerta como zorra, cosa que todo el mundo supo, y sucedió de este modo: una noche Tobías, el muchacho de la rosa del compadre Sóstenes, salió a echarle un vistazo a los sembrados; aunque la luna estaba en menguante alcanzó a ver un animal por los lados del patillar; le tiró con la escopeta y quedó seguro de haberle dado porque lo vió voltearse y caer detrás de un barranquito, pero dejó el cogerlo para cuando aclareara: y a la salida del sol lo que encontró allí fue a la viejita muerta. "Estaba desnuda y con un garabato enganchado en salva sea la parte", dijo la señora Indalecia.

RESEÑA BIOGRÁFICA
José Felix Fuenmayor (Barranquilla-Colombia; 1885-1966). Fue uno de los miembros fundadores, junto con el catalán Ramón Vinyes, del llamado "Grupo de Barranquilla". Que a partir de 1940 reunía en el pintoresco bar La Cueva a la nueva generación de jóvenes escritores barranquilleros: Alvaro Cepeda Samudio, Gabriel García Márquez, el pintor Alejandro Obregón, el artista Orlando Rivera, apodado "Figurita", el industrial Julio Mario Santodomingo y el crítico Germán Vargas, entre otros. En realidad, todo el mundo cabía en La Cueva, a partir de las 6 p.m. para tomar ron, whisky y cerveza. Y dialogar sobre libros.
José Félix Fuenmayor, con un vaso de whisky en la mano, hablaba acerca de la maestría en el tratamiento de los temas, enseñaba a no caer en lo folclórico y en descubrir, para la narración, lo esencial, así lo esencial asuma la forma de un simple detalle.
Fue un poeta precoz, publicando a los 25 años un libro de versos, Musa del trópico, que incluía traducciones del francés y del italiano. Fundó el periódico El Liberal que dirigió por varios años. Animó las revistas Mundial La Semana Ilustrada. En 1928 publicó la novela Cosme, elogiada por los escritores colombianos más célebres del momento. Ese mismo año dio a luz su cuento fantástico Una triste aventura de catorce sabios.
En 1967 aparece su libro de cuentos, La muerte en la calle, en las ediciones Papel Sobrante de Medellín. Esta obra también fue editada por el Instituto Colombiano de Cultura, la Editorial Sudamericana de Buenos Aires y por la Casa de las Américas, de la Habana, Cuba. Son estos cuentos, precisamente, los que influyeron desde el punto de vista narrativo sobre la formación de los autores del grupo.
Gabriel García Márquez compara la técnica de escribir cuentos de Fuenmayor con la de Rulfo: "Ambos tienen en común la manera única de contar cualquier cosa, hablada o escrita, con una naturalidad que no tenía nada que ver con el naturalismo, y que por lo mismo tenía algo de sobrenatural".


sábado, 2 de junio de 2012

ANDRES FELIPE LEAL QUINTERO



POEMAS A AGUACHICA.
l

Intentaron escribir
Tu sacra historia
Con el filo del sable.

Yo,
Tomo mi pluma
Acaricio tu vientre.
Frescos prados
En lo profundo del valle.

Mientras una fresca brisa
Llega del bosque

lll

Quiero cantar
Un himno nuevo
Donde tu imagen
Sonriendo esté.

Quiero decir
Tiernos versos
A tu belleza
A tu querer.

Remontar
Sobre tu valle,
Raudo lecho navegar
Coronar la gran cumbre
Donde hay miel y pan.


V

En un pasado
Sólo existía
Una niña
De tersa piel.
Te  bañabas
En la mar del rio,
Bajo los montes
Mágicos del ayer.

Llegó un hombre
Cómo la leche,
De tu carne virgen
Se enamoró.
Sobre el altar 
De fértil Valle
El divino himen
Fue para él.

Amarró a tus hijos
Bajo el azote,
Murallas de piedra
Cuartearon tu piel.
Aún resistes
Bella señora
Tendida en el Bosque
Esperándome ver…

Vl

Un Cristo rey
Abre sus brazos
 A los que llegan
A los que van.
Mientras un cerro
Seno precioso,
Un relicario hace de altar.

 Es ésta cruz
La que te observa,
Igual que yo
Tu ser, va cuidar.

Vll

Es Buturama
Nombre de indios
Es tierno nombre
De raudo caudal
O son aquellos
Que con sus danzas
Besos imparten
A su nidal.

Es Buturama
Otro tu nombre
Dime
Mujer, Amante,
De mil formas  te llamo
De mil formas   te quiero amar…

    

Andres Felipe Leal Quintero. (15-01-1979) –Técnico Profesional En Recursos Naturales, Agricultor de oficio, Amante a la literatura. Hago ejercicios de escribir cuento corto y poesía. He participado en concursos de cuento y poesía a nivel Nacional, Regional y Departamental. Finalista en IV  concurso de Microcuento UISSTEREO Bucaramanga 2006, Estimulo a la creación literaria en el Primer concurso DEPARTAMENTAL de poesía 2009  (CESAR) con el Poemario ELOGIO AL DESEO, Finalista concurso departamental de cuento 2011 ( Cesar). Poemas publicados en revistas culturales Libros y Letras y Puesto de Combate.
 Sigo leyendo y Escribiendo para mejorar el Estilo…