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domingo, 28 de agosto de 2011

Jorge Marel

PALABRA  DE HONOR

Os doy mi palabra
No palabras  cruzadas
Jamás  palabras  mayores
Mucho  menos  la palabra encarnada
Solamente mi palabra

Os doy mi palabra
A media palabra
Tratando de medir mis palabras
Palabra  por  palabra

Os doy  mi palabra
No me dejéis con la palabra en la boca       
Yo soy un hombre de palabra          
Yo no tengo más que una palabra
Palabra de honor.


DISCURSO EN BENARES
SOBRE LAS VANIDADES  DEL MUNDO

Mirándonos
en absoluto silencio
con una flor en su mano

Buda   El Iluminado
no requirió
de las palabras

EPITAFIO PARA EL POETA LIPO

Ebrio en un  río,
una noche
se bebió la muerte
en el cáliz plateado de la luna...

EPITAFIO PARA EDGAR LEE MASTERS

Fue el poeta de tos mil epitafios
escritos en la colina
de Spoon  River.
Ahora,
bajo tantos nombres,
bajo tantas frases y fechas,
también él está muerto.

GRAFITII DE LA SOLEDAD

a Jorge  Valencia  Jaramillo

Alguien
{ Cualquiera de nosotros)
Alguien errante por las calles
Gritó anoche

"¡Estoy solo!
¡Socorro!"

Alguien
Empujado contra  un muro sombrío
Por el viento helado
De la soledad

Alguien
(Cualquiera de nosotros)

Y su grito
Desgarrado Aún resuena
En la ciudad

LA VIDA

Homenaje a Luis C. López
In memoriam

"Nada
turba e! largo silencio.  Y solamente
repite el mismo tema
de la fuente
la   oquedad  del ambiente
solitario.

II
Mi vida, flor inútil sin tallo y sin olor,
se dobla mustiamente ya casi deshojada,
y el tedio es un gusano peludo en esa flor.
{Y si a un hombre de trampas
le preguntan  :
"Eso qué es?",
exclama:        
"La  vida, la vida, la vida, la vida” )
Y sin embargo,          
eso es sólo la mala prosa
de una vida que acaso no es la vida,
porque vivir en la atonía de lo incurable,
no es vivir ...

III

Aburrido de mí, de ti, de aquel, de todo y nada,
vuelvo a mi soledad
sintiendo  en mí lo imponente
de la salvaje soledad  marina
en estas noches
de una infinita tribulación..
Ah, qué tristeza más grande, qué tristeza infinita
de pensar muchas cosas ... !  i De pensar, de pensar!

IV
La vida viene y va ...
No vale hoy nada nuestra vida.
Nada.
Ah,  qué compleja es la misión de vivir
en este mundo  que es sólo una emboscada…

(Viajan las hojas su tristeza amarilla...)

Mi alma sueña nerviosamente. "
i Oh, qué ingente tristeza
y qué infinito deseo de emigrar !
Y sin embargo,
la vida que nos queda
puede servirnos para vencer .  "

NOCTURNO DE LA SOLEDAD

A José Asunción Silva Gómez
 In memoriam

Vago a solas en la noche
En la noche de otoño  llena de viento
Por secos bosques deshojándose  pálidos
O en la noche de invierno
Entre grandes relámpagos
Bajo lluvias O tormentas de nieve
O en la noche de primavera
Entre flores marchitándose
Y pájaros mudos
O en la noche de verano
Bordeando lúgubres mares
Golpeándose desde siempre y sin fin

DESDE LA LUZ

Homenaje a Héctor  Rojas Herazo

El mundo entero
es un tránsito de Caín,
una agresión
de las formas
contra el Ángel,
y sufre,
sufre todo rostro
en la soledad.

Y sin embargo,
desde la luz
aún preguntan por nosotros.

SEMBLANZA DEL MAR

A Aurelio Arturo
In memoriam


Mi hermano, el mar, está muy solo,
solo como tú, o yo, como todos los hombres,
y vá y viene, errando bajo el cielo,
igual que un hombre, insomne, entre la noche.

Extraño es el mar, tan extraño
como un ser al que nadie, ni él mismo, conoce,
y si de algún lugar viene, no sabe cuál es,
y si hacia algún lugar vá, ignora hacia dónde.

Desolado, a lo lejos,
canta con la más amarga de todas las voces,
y cuenta siempre, en su canto tan triste,
historias de naufragios y tragedias sin nombre.

Canta, desesperadamente canta
soledades, exilios, desamores...
Aislado, desterrado de todas las playas,
en sus olas deriva, sin estrellas o norte.

Desde el alba hasta el crepúsculo
sufre como un pescador la impiedad de los soles,
y en las crueles tormentas, bajo cielos malignos,
tiembla igual que un niño perdido en un bosque.

Tal vez un día el mar se morirá de enfermo,
como sucede a tantos de los hombres.
pero nadie oirá el gemido final de su agonía
porque estaremos muertos para entonces.

Ah, pero el mar aún vive, y tiene sueños  todavía
sueños de los que emerge cada día más noble.
y sueña elevarse hacia la luz, y sueña
vientos y rocas que no lo hieran con sus golpes

La libertad es un sueño del mar
Tras ella, avanza hacia el vasto horizonte
Y no quiere más estar solo ,
i Su soledad es tan amarga y enorme!.

Bajo las lluvias sueña con el áureo verano,
 porque en el verano lo acompañan los jóvenes
y  ellos aman la vida, y aman la alegría,
y vuelven a encender el amor, alumbrando  sus noches.

(Paraíso del mar es el verano,
aquel tiempo con luces y aromas y colores
el reino donde sería tan bella la vida
y la dicha hallarían el mar y los hombres)

El sol y los pájaros también son mis hermanos.
El, es la luz ... Ellos, música entre flores
Pero el mar es mi hermano más amado
porque el mar está solo, y sufre, como todos los hombres…

(Ah. yo sé que el mar me ayudaría
si un día mi voz le cantara al Hombre,
porque el mar es casi humano  :
¡bastante sabe de tristezas  y dolores ...!

OLVIDO Y MEMORIA

En el jardín de los sueños
florece
       en la noche
como una rosa blanca
                               el olvido

Al alba
       en medio de un vuelo súbito  de pájaros
el sol la  corta
                  con su espada llameante
y brota de nuevo
                          como oscura savia
la memoria
               atroz
                     de nuestra muerte.

LOS JOVENES Y EL MAR

A. N.C. In memoriam

En la tarde de verano
                        iluminados por el sol
los jóvenes danzan
                            nadan
                                  se lanzan contra las olas

y ríen bajo d cielo azul
                                     felices de vivir

De pronto
              una ola golpea
arrastra
          sumerge un cuerpo esbelto
y el agua        
          se llena de burbujas

Viviendo como en sueños
                                       los jóvenes lo olvidan
Si un rostro bello tiene la muerte
                                                   ese rostro es el mar

EPITAFIO PARA EL POETA LIPO

Ebrio, en un río,
una noche
se bebió la muerte

en el cáliz plateado de la luna...


EPITAFIO PARA EDGAR LEE MASTERS

Fue el poeta de tos mil epitafios
escritos en la colina
de Spoon  River.

Ahora,
bajo tantos nombres,
bajo tantas frases y fechas,
también él está muerto.

LA RESPUESTA

A  N.K. In memoriam.

Y pregunté al mar,
bajo la noche :
i Dios existe?

Y entonces el mar se iluminó

CREAClÓN

A mi hija Claudia  Beatriz

El fuego,
tan hermoso,
se creó para soñar,

y la lluvia,
tan gris,
para evocar ...

Y el hondo  mar
El mar,
para pensar ...


JORGE MAREL Seudónimo literario, legalmente registrado, de Jorge Hernández Gómez. Poeta y Gestor Cultural. Autor de 17 libros de poemas publicados, reunidos en el libro EL MAR INFINITO, Obra Poética,1976-2010.nació en Sincelejo (Sucre} el 21 de  Junio del 1946. Poeta y  periodista cultural, comentarista de Arte Y Literatura. Sus poemas han sido incluidos en varias antologías y selecciones de la  nueva poesía colombiana.

viernes, 12 de agosto de 2011

Candelario Obeso


CANCION DER BOGA AUSENTE


A los señores Rufino Cuervo y Miguel Antonio Caro
Qué trite que etá la noche,
La noche qué trite etá;
No hay en er cielo una etrella
Remá, remá.
La negra re mi arma mía,
Mientra yo brego en la má,
Bañao en suró por ella,
¿Qué hará? ¿Qué hará? 
Tar vé por su zambo amao
Doriente sujpirará,
O tar vé ni me recuerda...
¡Llorá! ¡Llorá! 
La jembras son como toro
Lo r'eta tierra ejgraciá;
Con acte se saca er peje
Der má, der má 
Con acte se abranda er jierro,
Se roma la mapaná...
Cojtante y ficme? laj pena!
No hay má, no hay má!... 
Qué ejcura que etá la noche,
La noche quéejcura etá;
Asina ejcura é la ausencia
Bogá, bogá!

CANCION DEL BOGA AUSENTE

A los señores Rufino Cuervo y Miguel Antonio Caro
Qué triste que está la noche;
La noche qué triste está,
No hay en el cielo una estrella.
¡Remá, remá! 
La negra del alma mía,
Mientras yo briego en la mar ,
Bañado en sudor por ella,
¿Qué hará? ¿Qué hará? 
Tal vez por su zambo amado
Doliente suspirará,
O tal vez ni me recuerda..,
¡Llorá! iLlorá! 
Las hembras son como todo
Lo de esta tierra desgraciada;
¡Con arte se saca el pez
Del mar, del mar!... 
Con arte se ablanda el hierro,
Se doma la mapaná...
¿Constantes, firmes? iLas penas!
No hay más, no hay más... 
Qué oscura que está la noche,
La noche qué oscura está,
Asi de oscura es la ausencia.
Bogá, bogá!

CANTO REL MONTARA
 

A mi amigo el señor doctor José Ignacio Escobar


Eta vira solitaria 
Que aquí llevo,
Con mi jembra y con mi s'hijo 
Y mi perros,
No la cambio poc la vira 
Re lo pueblos...
No me farta ni tabaco 
Ni alimento;
Re mi pacmas ej er vino 
Má que güeno,
Y er guarapo re mi cañas 
Etupendo...!
Aquí nairen me aturruga; 
Er Prefeto
Y la tropa comisaria
 Viven lejo;
Re moquitos y culebras 
Nara temo;
Pa lo trigues ta mi troja 
Cuando ruecmo...
Lo alimales tienen toros 
Su remerio;
Si no hay contra conocía 
Par er Gobiecno;
Poc las cosas que otro tienen 
En los pueblos

CANTO DEL MONTARAZ
 

A mi amigo, el señor doctor José Ignacio Escobar
Esta vida solitaria 
Que aquí llevo,
Con mi hembra y con mis hijos 
Y mis perros,
No la cambio por la vida 
De los pueblos...
No me faltan ni tabaco 
Ni alimento;
De mis palmas es el vino 
Más que bueno,
Y el guarapo de mis cañas 
¡Estupendo!...
Aquí nadie me aturuga;
El prefecto
Y la tropa del comisario 
Viven lejos.
De mosquitos y culebras 
Nada temo;
Para los tigres está mi palo 
Cuando duermo...
Los animales tienen todos 
Su remedio;
Si no hay contra conocida 
Es para el gobierno.
De este modo, pues, no cambio 
Lo que tengo
Por las cosas que otros tiene 
En los pueblos...

Candelario Obeso
(1849 - 1884)
Es el iniciador de la corriente llamada "Poesía Negra" en Colombia. Nacido en Mompox en el seno de una familia de origen humilde, en los escasos 35 años de su vida fue militar, ingeniero, educador, periodista, y político, pero además legó a la posteridad una valiosa producción literaria, original y fecunda.
Aparte de sus polémicos artículos acerca de la política colombiana de su tiempo, Obeso tradujo el Othelo de Shakespeare y numerosas obras de Víctor Hugo, Byron, Musset, Longfellow, entre otros. Y aunque también escribió dramas, comedias, textos pedagógicos y dos novelas - La Familia Pigamalión y Las cosas del mundo -, su creación más significativa es sin duda alguna, Cantos populares de mi tierra, en la cual vertió toda la ternura, el lenguaje, la sensibilidad, la picardía, y el lirismo de su raza. Con estos Cantos, Candelario Obeso ganó el lugar destacadísimo que ya se le va reconociendo en la historia de la literatura colombiana.

viernes, 5 de agosto de 2011

Mary Daza Orozco

CUANDO LAS ANIMAS SE ASOMAN




¡POBRE ALMA QUE CRUZÓ VALLES Y MONTFS Y DEJÓ EN LOS BRUMOSOS HORIZONTES IDEALES Y SUS RITOS MUERTOS!
RICARDO NIETO




Su figura núbil, de carnes mórbidas, muslos largos y curvas inquietantes, se patentaba a través del balandrán que usaba como vestido. Esperaba tranquila el fin de la rutina para irse a dormir. Su  vida no tenía más horizontes que las cuatro paredes de la vieja casa y las creencias indeclinables que marcaban, desde su nacimiento, su derrotero cotidiano.

Observó una y otra vez el ambiente impregnado de olores desvaídos, adornado por innumerables pares de ojos de colores, instalados en todos los huecos de las paredes y ventanas. Eran ojos tristes y quietos que la observaban. Eran ojos luminosos, parecían luceros nostálgicos suspendidos en el domo negro de la noche pueblerina, con la diferencia de que ellos permanecían allí a pesar de las lluvias, las brisas, las sombras; en cambio, los luceros huían despavoridos cuando una nube negra comenzaba a pintarse en la atmósfera.

Lo supo cuando pudo entenderlo. Su abuela se lo dijo: "Son los ojos de las ánimas". Le parecieron juguetes de colores que venían hasta ella a animarla en sus fantasías infantiles. Cuando creció, comenzó a inquietarse:
-Abuela, ¿cómo sabe que son los ojos de las ánimas?
-Porque siempre han estado ahí. Todas las noches se asoman y desaparecen cuando el sol lanza sus rayos pregoneros del día.
-¿Y por qué se salen de sus tumbas?
-Porque son ánimas en pena. En este pueblo nadie les reza.
Y allí estaban como todas las noches. Eran muchos pares de ojos coloreados e impertérritos. Ella los miró y sonrió. Ya estaban preparados para observar el ritual del baño nocturno: su abuela, con un cocimiento de hierbas, frotaba cada parte de su cuerpo perfecto. Con dedicación lavaba y lavaba, mientras balbuceaba una serie de conjuros inventados por ella misma. Acudía a esos artificios para desterrar del cuerpo de su nieta todo deseo sexual. Lo supo desde cuando la joven nació. Era una noche de invierno y los ojos estaban allí, en su serenidad impactante; vió nacer a la niña, mientras la madre moría. Antes de expirar lo reveló: "Mi hija jamás podrá  tener marido". La sentencia pasó de abuela a nieta. La joven fue convencida, desde niña, de que si llegaba a tener marido algo pavoroso le iba a ocurrir. Se mantuvo fresca y despreocupada, sólo la confundía la metamorfosis que sufría su cabello cuando llegaba la noche y los ojos de las ánimas se posaban en todos los huecos del cuarto: su larga cabellera negra se convertía en crenchas de colores brillantes. Los mismos colores de los ojos de las ánimas se pegaban a su pelo y le daban  un aspecto de enloquecedora belleza. De pequeña gozaba con el cambio de colores y tomaba entre  sus dedos hebra por hebra y tiraba de ellas pero nunca las pudo  arrancar. Su pelo de noche no le pertenecía: era un juego de tonalidades brillantes que proyectaban sobre su cabeza los ojos de los muertos.
Terminó el ritual del  baño y se tiró, desnuda, sobre el camastro. Se hundió en un profundo  sueño en el que no había ni ilusiones, ni pesadillas, ni quimeras, sólo la simpleza del acto de dormir, cuidado por decenas de ojos estáticos.
Cuando los primeros rayos del sol se metían al cuarto, se levantaba y comprobaba que su pelo era nuevamente como el carbón. El olor a café inundaba la casa. Los ojos ya no estaban. Se vestía con el balandrán y se iba, con paso felino, al patio. La abuela, enjuta, sorbía café y le tendía un pote a ella. Comenzaba la rutina. Pero ese día el viento sonó fuerte. Una ráfaga con olor a flores mustias se regó por el ambiente: era el aroma de las milenarias coronas que  adornaban las tumbas de los muertos.
-¿Por qué no nos mudamos lejos del cementerio? -preguntó.
-Porque siempre hemos estado aquí contestó la abuela. Y agregó:
-Por más lejos que vayamos no nos libraremos de estar entre los muertos. ¿No te fijas que están en todas partes? A veces creo que tú y yo también estamos muertas.

El viento se hizo tenaz. Una oleada ardiente llegó de algún lugar... Una figura musculosa pasó como un huracán. Tenía una belleza salvaje. Ella sintió una puntada en el pecho. La abuela también lo vió:
-Creía que estaba muerto. ¿Será que su espíritu ha vuelto? La joven se estremeció: -Ay abuela, los muertos salen de noche nunca bajo el sol.
La anciana asintió mientras la aconsejaba:
-¡No lo mires mucho porque te puede sentir cosas prohibidas para ti!
Ya las había  sentido  cuando le dió la punzada en el pecho. Guardó silencio y observando la lejanía desolada por donde acababa de atravesar la desconcertante figura musculosa.
Vivía metida en un mundo indescifra­ Estaba convencida de que llegaría la vejez en esa delirante rutína: baños de hierbas y su cambiante cabello. Sus ojos eran muy negros y su caminar semejaba el balanceo de una bailarina. A pesar del balandrán, se presentía su cuerpo ardiente y maldito,  negado para los placeres del amor.
Pensaba en los ojos de las ánimas y se preguntaba por qué su existencia estaba ligada a ellos. Su abuela se lo explicó una vez: "'Cuando tu madre te concibió en el mismo camastro  donde tú duermes, los ojos de las ánimas no se perdieron ningún detalle, fue como si ellos te engendraran. Por eso después de esa noche  de pasión, tu padre huyó en loca carrera, no  pudo soportar la mirada fija de tantos ojos de colores".
La abuela murió una noche cualquiera. Amaneció acurrucada en un rincón. Ella no lloró. No le gustaban las lágrimas. Por las noches se sentaba en el camastro y contaba ojos. Creía adivinar cuáles eran los de la abuela. Estaba segura de que eran verde mar. Y es que cada muerto cambia el color de los ojos al pasar al limbo pavoroso de las noches del pueblo. Ellas los catalogaba de acuerdo a la vida que habían  llevado. Lo convirtió en su pasatiempo: adivinar a quién habían pertenecido los ojos. Y cuando los miraba sonreía y sonreía y lanzaba carcajadas que la dejaban exhausta.
Miraba cada par de ojos: "Esos azules debieron ser de una virgen; los azules oscuros, de un cura; los verdes, de una vieja como mi abuela... O quizás no: el verde es esperanza y la abuela ¿qué esperanza iba a tener? Los amarillos, esos son los de ella. Sí, porque el amarillo es desprecio y la abuela lo despreciaba todo. Los violetas, esos deben ser de gente triste o sin nervios; los dorados, debieron ser de un joyero..." Soltaba una estridente carcajada. ¿Y por qué no hay ojos rojos? -preguntó una vez. Le respondió la abuela:
'"Porque se cree que son los ojos de los condenados y ellos no pueden salir a penar". Ella no había estado de acuerdo: "Yo creo, por el contrario,  que el color rojo está reservado los que han sentido una gran pasión". La abuela se había asustado: "¡Niña, tú no puedes hablar así, te digo que son los ojos de condenados!" En la inmensidad de la noche quería ver unos ojos rojos pero no estaban allí. Tampoco en su pelo había una sola hebra roja.
Desde cuando dejó de recibir los baños de hierbas y los conjuros su cuerpo estaba más vivo. Las punzadas en el pecho volvían cada vez que recordaba la figura soberbia y musculosa.
Estaba contando ojos cuando escuchó el tropel del viento y un chorro cálido que se acercaba. La noche seguía la ruta del miste­ rio. Se aburrió de los ojos y los increpó: "¿Por qué no se van a dormir? ¡Se van a volver bizcos de tanto mirar!" Su pelo fosforecía, su cuerpo desnudo se recostó en el camastro y se dispuso a dormir un sueño sin variaciones. Lo escuchó  llegar. La corriente impetuosa había aumentado y se metía a la habitación. Como una gacela se levantó. Lo vió en medio del cuarto. Quiso  gritar que se fuera, que estaba prohibida su presencia allí, pero una sensación de parálisis la atajó.
La tomó de un brazo y la acercó a su cuerpo. Ella sintió la punzada  profunda; sus
senos se endurecieron y sus pezones se volvieron cerezas maduras; su sexo lujuriante aparecía orlado por delgados crespones negros que  temblaban enloquecidos. Los brazos del  hombre la envolvieron. El cabello de colores los ató formando un lazo sobre los cuerpos brillantes. se tiraron sobre el camastro. Los atacó un deseo desaforado que los hizo gemir. Cuando se entregaron se sintieron ahogar.  El cuarto tembló desde sus endebles cimientos, el techo de zinc voló haciendo un ruido inmenso que asustó al pueblo, la ventana se salió de  sus goznes y cayó junto con un polvo fino que  se mezcló con e1 ambiente del cuarto. Los ojos de colore se abrieron como platos: los azules, se tornaron más azules; los verdes, más verdes; los grises, más grises; los dorados, más dorados, los amarillos, más amarillos; los violetas, mas violetas; y comenzaron una danza enloquecida en el aire enrarecido de lo que quedaba del cuarto.
Los amantes no se dieron cuenta de lo que ocurría. Se transportaron a un estado de languidez; por sus venas corría un líquido debilitante.
A la mañana siguiente los curiosos huyeron despavoridos cuando los encontraron muertos, tomados de las manos, con los cabel1os rojos y los cuerpos blancos.
Desde entonces, dos pares de ojos color rojo fuego comenzaron  a hacerle compañía a los ojos de las ánimas y a meterse  por todos los resquicios de puertas y ventanas de un pueblo de noches alucinantes.



Mary Daza Orozco. En 1986 ganó el Primer Concurso de Cuento del Cesar, del Instituto de Cultura y Turismo, con “Si lo hubieras dejado vivir...”. En 1989 gana el mismo premio con el cuento “Cuando las ánimas se asoman”. En 1991 es finalista en el Concurso Nacional de Novela convocado por Plaza & Janés Editores, con su novela ¡Los muertos no se cuentan así!.

En 1994 ocupa el segundo lugar en el mismo Concurso Nacional de Novela con su obra Cuando cante el cuervo azul, segunda edición 1996. En 1998 gana la Beca Fondo Mixto de Cultura para Creación Literaria que da como resultado su tercera novela publicada: Cita en el café La Bolsa, en 1998. En 1991 es finalista en el Concurso de Literatura en Testimonio, Premios Nacionales del Ministerio de Cultura, con su obra “Beliza su pelo tiene”. Su primera edición se vendió en cinco días y ya va a circular la tercera edición.

Fue Directora del periódico Primicia, órgano informativo del Círculo de Periodistas de Valledupar y ha sido columnista del diario El Pilón de Valledupar. Con un relato sobre su propia vida inauguró las tertulias literarias en la Cámara de Comercio de Valledupar.