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viernes, 28 de junio de 2013

Beatriz Vanegas Athías

RECORDANDO A MARÍA MAGDALENA
He desbaratado lo que no me dieron,
que era todo lo que tenía.
Alejandra Pizarnik
Buscó sin encontrar
un instante de lucidez
para percatarse
si existía o no su deseo.
En el roce de los cuerpos
quiso cerciorarse
de la existencia de su amante
pero él, solo era una rueda de humo
y ella entonces, un puñado de soledad.
Anduvo y desanduvo
como una gata nocturna
sobre los tejados,
pero al no encontrarlo,
tiró la estera
y se hundió en ella
abriendo las piernas a la carne.
El olor a humo de la noche
impregnó su vida
y esa noche y las siguientes
fueron mil los cuerpos
que sobre ella cabalgaron.

MEMORIA DEL REGRESO
Habitas el día como leona encarcelada.
No hay parque, poema, bar o conversación
que apacigüe al ejército de hormigas
que marcha por tu sangre.
La tarde es una sentencia a muerte.
La ventana un altar
ante el cual suplicas el milagro.
Cuando la noche llega y a quien esperas no,
sucumbes a la ira
y las paredes y los fetiches
soportan tu rabia.
Cuando la noche llega y a quien esperas no,
desciendes por el agujero de la inquietud
hasta caer en un sueño turbio y expectante
hasta que unos golpes a la madrugada
te anuncian esa sonrisa, esos ojos,
unos brazos que se abren
y ante los que no tienes más remedio
que desbordar una buena bienvenida.

EN EL PASILLO
En el pasillo ocurre el azulejo: ojo azul que
parpadea
feliz ante el hallazgo del grano de azúcar.
Ocurre el aroma mensual del lirio color
ladrillo.
En el pasillo ocurre el rebote del balón
que suspende la siesta.
Ocurre la impaciencia por recoger la ropa
seca
que la lluvia amenaza con empapar y la
carrera
hacia la cocina para intentar salvar la leche
que ya no es de este mundo.
En el pasillo ocurre la hamaca: balanceante
paraíso
para el encuentro con Sabines y Alejandra.
Y ocurre la noche: cuando el mirto
emborracha al aire
y los bonches son estrellas rojas
que encienden el cielo verde del jardín.
Y ocurre también, ni más faltaba,
el despiadado dolor de tu ausencia.

MEMORIA DE LA AUSENCIA
La ausencia es una porción adelantada de
muerte.
Es no estar afuera ni adentro.
Es una cárcel fétida
signada por la condena de la nostalgia.
Es una calle plena de máscaras.
Es estar de rodillas
sobre las huellas del amor
como esa pordiosera
que ayer en el parque aguardaba su
limosna…
Días y días de rodillas,
como la pordiosera
sobre el duro y frío asfalto del recuerdo.

TODO LO QUE QUIERO ES UN BALCÓN PROPIO
Un balcón propio
con persianas de madera
y cortinas fragantes
para ver a las mujeres lindas
pasear su tristeza maquillada
y a las mujeres feas
conformes con su andar
y amargadas con su sal.
Un balcón con persianas de madera
para ver a los hombres cansados
con el peso del amor inexpresado.
Un balcón propio
para ver la mecedora balancearse en la luna
y las redes aferrarse al azulejo
y al asesino pasear con los bolsillos
plenos de dinero adolorido.
Todo lo que quiero es un balcón propio
para descorrer la lluvia
y encarcelar al aire
y acariciar la gota que se amañó
en la hoja del almendro
y soportar a distancia
la lucha del hombre con el ancla;
y sonreír con la dejadez
del que sólo espera la noche y el bocado.
Y una tarde sin premura
tomar tu dulce mano pequeña
tocar como ciega tus ojos punzantes
saborear tu sonrisa confiable
y dibujarle a la noche
los colores del escándalo.

EN LA CARRETERA
Ocurre la mariposa
hoja que cambió de rumbo
y emprendió el vuelo.
Ocurre el hueco
herida abierta y lacerada
y jamás cerrada del asfalto.
Y la hoja
pájaro de corto vuelo
con destino pisoteado.
Y la hojarasca
instante sublime del árbol.
Y la sabana
intento de la tierra
de convertirse en mar.

INVOCACIÓN
Impídeme
recurrir al sueño
para corregir
la fatalidad
de no tenerte.

BINOMIOS
El arma blanca y el arma de fuego.
La súplica y el silencio.
La viuda y las declaraciones.
La ciudad engorda.
El poder también.

SAGA DE LOS DESTERRADOS
En donde fueron las grandes acciones de guerra
Blanquea ya la quijada de asno, y el mar a la redonda hace rodar su ruido de cráneos  sobre las riberas (…)
Saint-John Perse
1
No intentes habitar este añico del mundo
porque aquí el fuego se extinguió.
Es este un lugar oscuro
donde el fuego fundó su morada
y crecieron ciudades con rostro de carbón.
No intentes habitar este pedazo del mundo,
el fuego fatuo se aposentó en la montaña
y crecieron desiertos con oasis púrpura
y ríos cárdenos de peces purulentos.
No intentes asomarte, Prometeo,
no hay coro para tu gesta.
No intentes asomarte,
el fuego fatuo puede ser tu perdición.
2
Ahora mi patria es tu cuerpo.
Luce vano el trono
del rey de las miserias
ante el poder de mi dolor.
La ley es ese cuervo
que pugna por saciar su hambre.
La ley es el lazo que amordaza
mis lágrimas.
País de cuervos ahítos
y de lágrimas prohibidas.
Ahora mi patria es tu cuerpo.

(Poema ganador del Premio Internacional de Poesía Pilar Paz
Pasamar, Jerez, España, 2010)

Poemas tomados de la Antología Ahora mi patria es tu cuerpo: 


 BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS. Majagual, Sucre, Colombia, 1970. Poeta y cronista.

Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia, 1993, con el libro “Abriendo las piernas a la carne”, publicado en 1994 por Editorial Lealon, de Medellín. Premio Departamental de Poesía, Fondo Mixto de Sucre, con el libro “Galería de perdedores”, publicado por la misma editorial en 2000. Finalista en el Tercer Concurso de Poesía Amorosa en Palma de Mallorca, 2006. Cronista y reportera de los suplementos culturales de los diarios Vanguardia Liberal, El Meridiano de Sucre y Córdoba.

Trabajos poéticos suyos han sido publicados en antologías de poesía departamental y nacional y en las revistas “El Túnel” de Montería, “Puesto de combate” de Bogotá, revista “S” de Bucaramanga, Semana, entre otras. En 2006 publicó “Los lugares comunes” (poemas), con la Editorial Sic de Bucaramanga. En la actualidad vive en Bucaramanga prepara un libro de crónicas y reportajes titulado “Voces que apagan la oscuridad”, además del poemario “La herida de la hiena”. Coordina el Taller de Lectoescritura “Sara Malacara” donde promociona la literatura infantil y juvenil. Candidata a Magíster en Semiótica de la Universidad Industrial de Santander.

viernes, 21 de junio de 2013

María Antonia Guerra Vergara

CANTO A CALAMARÍ
  Ardor de trópico eras, Calamarí
   —antes de tu forjada historia—
     Susurro entre icacos y tibias aguas.
                     
 Arena argentada
 y encaje caprichoso de espumas
cuando era noche de luna plena.


Calamari: tus amaneceres los acompañaban
cantos inéditos de gaviotas,
aves que al besar las olas legaban el brillo
de su plumaje iluminado

Mientras que los pescadores,
con rostros transfigurados,
procuraban el sustento.

En Junio, y frente a un centelleante rojo de ocaso,
los cangrejos realizaban procesiones al filo de la tarde.
Y las indias mokanaes cantaban mientras preparaban la chicha.      

Rasgó la calma paradisíaca de las playas
gritos de poder, fulgor de armas.
Acentos de lejanas tierras irrumpieron, tomándote.
¡Ay! Cobra otra fuerza la historia de tu tierra, ¡Calamari!

                                 **
HABITANTES  CONVENTUALES   
          
Las Mariamulatas*  son almas de alas  negras,
huéspedes sinceras
del Convento de San Diego*.
Sus nidos en el aire vuelan
hacia árboles del patio.

Sus cantos no hieren lienzos,
no acallan la música
ni atentan contra ritos en el proscenio.

Caminan con las musas entre arcadas
y saben del color azul,
el imán de sus sonidos.

Tienen palco sobre ramas,
disfrutan de danzas sensuales
y de actores que se deslizan,
Entre el drama y la comedia.

Son únicas, escuchan coros matinales y vespertinos
de monjes recoletos,
Todavía descalzos, en el cielo.

Yo siento que perciben el viejo tañer de campanas
y están atentas a la voz de tambores,
que hoy fraternizan con violines.

No necesitan de maestros del arte,
Dios las ha graduado de belleza y coraje
para defender la poesía de su territorio,
por eso no gustan de piratas.

Anidan en la paleta del pintor,
regalan plumas al poeta
y posan desnudas ante el escultor-
en el sagrario de su corazón.

Con su negrura brillante tornasolan las plumas del sol.
Conocen de memoria las paradojas de los hombres
y son groseras cuando picotean el dolor de nuestra sangre.

Ellas se enorgullecen de su gracia  bautismal.
Y no les importa que también las llamen Mariazambas.
Se sienten reinas
y, un amor  de lengua caribe les dice:
“¡Qué  vivan mis Mariamulatas, caramba!”

                   ***
PATIO – PARQUE DE SANTO DOMINGO

Busco el halo del patio.
¿Estará en la noche?  ¿En la brisa  inodora?
¿En la geometría exhibida de las hojas?

Umbral secreto, en mis oídos, me percato del sonar andariego
de hormigas laborando bajo hojas secas de almendros.
Voces infantiles y ladridos jueguetones pululan en la memoria del
                                                                              /ambiente.
En cercanos siglos: huerta dormida y cementerio,
donde el viento leyó epitafios en noches relampagueantes.
Un eco visible en cada claraboya
deja entrever vitrales coloridos de luna, entre los ramajes.
A ratos la lluvia se sienta sobre bancas cementadas.

Gajos de trinitarias se asoman por las rejas,
inhalan el aroma de mariscos sazonados
y sienten que los cocheros apagaron los faroles de sus coches.       
    
                                                                                                   
El patio guarda un misterio que no descifro frente a su noche.
 Colgaré mi hamaca finzenú* entre las ramas del árbol de caucho    
                                                                                    /centenario;
sus raíces aéreas acariciarán mis sienes
y se deslizarán sobre ellas, gotas de lluvia
que caerán como llanto de alegría sobre mi cuerpo desnudo.
Cuando el brazo alabastrino de la aurora, retire el halo del patio,
yo tendré una evidencia:
una hamaca llena de semillas aladas
que se convertirán en amigables mariamulatas* bulliciosas.
¡Laudes para esa regia mañana!


                          **** 

COLECTIVA  ARTÍSTICA  EN LA CASA  DE ESPAÑA


¡Brotes  de música  salerosa!
¡Blancos copos floridos: relieve  arbóreo  en el patio!
Emergieron  del aljibe trinos que Lourdes bordó sobre el teclado.
Palmeras, damas  presurosas, suben bulliciosas las escalinatas
y se asoman en los balcones con sus dedos largos,
dedos verdes apoyados en los barandales.

Plantas ornamentales perfuman las espaldas de los artífices.
Un apóstol  del siglo XX
riega con incoloro incensario palabras  benditas:
fragmento de la carta papal a los artistas.
Fauces broncíneas, empotradas, arrojan al ruedo
danza verde, verde agua, por los paredones.
Airosa y felina, una dama  interpreta…
pases  flamencos de “El Gato Montés”.            


     María Antonia Guerra Vergara. Nació en San Benito Abad (Sucre), el 24 de diciembre de 1951. Desde hace muchos años está residenciada en la ciudad de Cartagena. Poeta, narradora, dramaturga, ensayista y corista.
Es licenciada en Trabajo Social de la Universidad de Cartagena con especialidad en Gestión Social. En la Universidad de Panamá en Panamá, estudió Licenciatura en Bellas Artes con especialidad en Arte Teatral. Ha estado vinculada a varias universidades locales y extranjeras en la dirección de Coros y en la dirección teatral También se desempeñó como Coordinadora de Cultura del departamento de Bolívar. Muchos de sus escritos se encuentran publicados en periódicos y revistas, en físico y en Internet.

Ha participado los últimos Parlamentos de Escritores y como miembro de la Asociación de Escritores de la Costa ha estado vinculada al Taller de Literatura Yngermina.          

sábado, 15 de junio de 2013

Patricia Pacheco Sánchez

TIEMPO

A veces me siento un poco paranoica,
Creo que me persigues
Veo que te acercas inclemente a mi cuerpo
Y siento miedo.

En otros contextos me pareces divertido,
Observo tu transitar burlesco
En los rostros ajenos
Como si nunca fueras a llegar al mío.

Últimamente te has vuelto mi aliado,
Me ayudas a justificar mis procederes
Recordando la vieja historia
de tu viaje sin retorno

Así eres tú,
Es por eso que hoy
me aferro a mi presente
Con la certeza, que arrasaras el futuro.

TORRENTES

Ese río tuyo, con la fuerza de sus caudales
Tomo por cause mis riveras
Recorrió todas mis comarcas
Ascendió pausadamente por mis colinas
Hasta entrar en el valle de mi alma
Se adentro en mis terrenos
Transitó confiado todos mis parajes
Me baño de gloria
Me lleno entera
Sin titubeos penetro profundo
Tus raudales lo regaron todo,
Sin falta, inseparables, sus afluentes
Llegaron a mis campos
Saturaron mis tierras
Inundaron mis viñas
Rompieron la presa
Y fue entonces,
Cuando se llenaron mis estanques
Que vi correr mis aguas
Desbordar mi laguna
Aparecer la buena luna
E iluminar mi cielo.

A hora vislumbro tierras nuevas
Al fin veo venir las lluvias
Y convertir el sequedal en tierra fértil.

Patricia Pacheco Sánchez Nació en Barranquilla, terminó sus estudios de primaria en Bogotá D.C., la secundaria en Cali, en esa ciudad adelantó además estudios de Historia del Arte; los estudios Universitarios los realizó en Barranquilla donde se Licenció en Ciencias de la Educación, Esp Biología y Química, posteriormente termino Administración de empresas y se especializó en Gerencia Pública. Apasionada siempre por las letras, los derechos humanos y la comunicación comenzó en 1995 a incursionar en la radio, en el año 97 llegó a la Cadena Radial Colmundo, donde mantuvo un espacio y fue Gerente de la Regional Barranquilla hasta el año 2008. Ha publicado en revistas de Colombia y el exterior, hace parte de dos libros virtuales publicados por Parnassus Patria de Artistas, comunidad virtual a la que pertenece y en la que realiza publicaciones regularmente. A la fecha cuenta con tres poemarios inéditos, Ensayos sobre el conflicto armado en Colombia, Cuentos Cortos y varias historias de ficción. Actualmente se encarga de la logística y montaje de eventos de diferente índole [Congresos, seminarios, talleres, coordinación de actividades culturales: recitales, exposiciones, conciertos, puestas en escena, diversas presentaciones artísticas, entre otras] para diferentes organizaciones.

Tomado de: www.poetasdel mundo.com

viernes, 7 de junio de 2013

Miguel Iriarte

TALLER DE AGUA
Ven.
Te presento la lluvia.
Es esta señora torrencial
Disciplinada en su oficio de modista
Que teje de agua la vida
en esta hora.
Cómo entretiene presenciar la danza cristalina
de sus manos
Aplicadas a la urdimbre cuidadosa de los aguaceros
(Casi todos confabulados para condenarnos al pasatiempo
—tan de moda, siempre—
de la nostalgia).

También a los arroyos:
Muchachos de adolescencia irresponsable
Que asaltan el pueblo en un desfile turbio,
Robándose los trastos de cocina,
A los niños de brazo que se alegran
ingenuos
Sin saber hacia qué parques los lleva de la mano
de la lluvia,
Y a los abuelos
que prefieren ahogarse
antes
de levantarle la voz a la creciente.
Ellos sucumben fáciles a las tentaciones del
desastre.

Qué dices…
Salimos a jugar con el agua sucia de las calles
Para matar esta sed de sentenciados al naufragio,
O nos quedamos a mirar
Con tristeza de solos
El bordado de agua. El tambor de la tarde.

POEMA DE LAS POCAS VENTAJAS
                                      "Lo que soy yo me compro una pistola"
                                                                           Roque Dalton
Como es que uno
a pesar de tener el sol de nuestro lado
y el favor de la luz y de la sal.
Que puede
- angustias más tropiezos menos –
caminar sueltos por la calle que escojamos
sin importar qué tan altas sean las horas.

Que puede disfrutar de la fruta gozosa de la mujer
amada o no.
Que posee la ventaja del grito y el regalo del cuerpo.
Que puede – mal que bien –
sentarse alrededor de algún arroz barato
sentir el agua navegando nuestros laberintos
y conseguir cualquier licor vulgar en nuestras fechas tristes.
Que puede leer a Borges, por ejemplo,
y escuchar el soplo sagrado de un saxo: el de Hawkins
(haciendo Body and Soul)
insistiendo en que somos de la estirpe obscura de Caín.
Yo no sé
francamente
como es que después de tantos dones:
Después de conocer la rosa
y la piel
escandalosa
de unos senos,
somos tan desgraciados.
Maldita sea!
Qué hacemos
para resistir estas ganas de malversar nuestras cenizas
de una vez
por todos.




INFORME DEL DESAMAR
Nadie sabe
En qué movimiento del mar pierde su fe.
Ninguno prefigura la cantidad de sal
Que le guarda el océano.

Así en el amor.
Nadie sospecha
En que abisal obscuridad pierde el contacto
Con el fondo
Vagando la insondable soledad.

Así en el mío.
Cayó sobre el amor una mancha de aceite.
Un mar contaminado ahogó tus peces en mi boca
Y en tu boca nadaron peces equivocados.

Así el naufragio:
Primero se hundieron las palabras
Después – y en una lenta inclinación –
Zozobraron los sueños
La risa de los días
Y el solo corazón que me quedaba.
Pez de piedra
Que no tuvo más remedio que irse a pique.

Mar de equivocaciones.
El amor eras tú, pero no era para mí.
Fue una alucinación
En una orilla que parecía cercana.
Un faro abandonado.
Una torre alfombrada
De excrementos de pájaros de muchos horizontes
Y deshechos de un mundo que hasta el mar olvidó.

Un cementerio de marinos perdidos
Que de pronto… te amaron…
Y olvidaron
En tus muros de sal una frase de amor
Y la mala intención de sus orines.
Y una piedra en tu vientre.

Ruinas – Amor – Fantasmas
Marea de desamor. Muerte
Viejo mareo que encanta.

Pero eras tú: la poesía.
Mi loca de la casa.
Por la que todavía sostengo los pies
Sobre el camino
Y tiro al mar mis huesos
Con que juegan mis hijos.




MAGDALENA EN EL RÍO
En el verano,
Después de largos días de camino
Buscando aguas y hierbas nuevas
Para calmar la inquietud de los ganados,
Llegábamos hasta la corriente serena del San Jorge
(un poco más arriba de Santiago Apóstol)
Donde era seguro encontrar muchachas encendidas
Por el fósforo pasional de la subienda
Y casi desnudas por el ardor y la pobreza.

Entonces corrían en tropel a los corrales
Para cambiar un poco de vitualla
Por pescado o por amor,
Muertas de risa y sin sostenes
Mientras componían el rancho abandonado en el invierno
Y sacaban culebras y alacranes del techo y los rincones
Con la tranquilidad del que arregla los santos de un altar.

A una de ellas, Magdalena,
Para que yo le cantara dos rancheras nuevas que aprendí
Le gustaba llevarme en su canoa de Ceiba por las tardes
Río abajo
Entre remolinos de agua turbia,
Gritería de loros y alcaravanes
Y nubes inmensas
De pájaros espantados con su risa.

Por allá lejos,
En el enredo antiguo del manglar
Anclaba la canoa en las raíces
Y me ofrecía sus piernas desatadas
Para que acomodara la orfandad de mis huesos
Contra unos muslos suaves
Sabios ya en el oficio de exprimir jornaleros.

Entonces yo cantaba
Mientras ella movía una mano en el agua
Para hacerle un murmullo a la canción.

En los días Santos de ese abril me daba dulces
De ciruela y mangos y otras mieles
Y yo la dejaba escuchar canciones y novelas
En la radio.



PESCADO SECO
Hay pescado seco en el agua
desde anoche,
Y eso significa que mañana es seguro que tendremos
Un exquisito salpicón de bagre ahumado en el almuerzo.

Mi padre lo ha traído bien envuelto en sus alforjas
Tres días de a caballo desde la ciénagas extensas
del San Jorge.
Y ha sido puntual en sus indicaciones
De cómo se habrá de hacer el preparado.

Yo trato de atender también a los detalles,
Pero en estos días he estado seriamente distraído
Desde que el lunes temprano llegó Beatriz, la prima,
Por primera vez sola de visita,
A pasar con nosotros una Semana Santa
Que será para mí de intenso temblor espiritual
y pleno goce.
Ella lo hará posible porque he descubierto
Que es pura y se ríe bella
En una suave aura de gracia y sin malicia,
Cuando me ve asustado mirarle la entrepierna
- mal sentada y sin nada –
A causa de esta sofocación con la que Dios nos castiga en estos días.

Mi abuela le hace señas con los ojos violentos
Y ya ha empezado a gritarle entre susurros:
¡Niña, siéntate bien que se te ve hasta el hígado!
Y ella, apenas sonrojada,
Se acuñe tan tranquila la falda entre las piernas
Y sigue pasando sus bellos ojos negros
Por unos figurines anticuados que encontró
En una vieja maleta del desván.

Es pura sí. Pero ya sabe que el deseo es una locura
Y aunque no la he tocado 
todavía
Sabe perfectamente que algo tendré que hacer
Para que no regrese triste a la ciudad
Sin poder contar nada trascendental a sus amigas.

Si ella se va feliz
Prometo que me pondré a rezar aunque no sepa.


Miguel Iriarte. Nació en Sincé Sucre en 1957 y reside actualmente en Barranquilla desde hace 30 años. Licenciado en Filología e Idiomas de la Universidad del Atlántico, Especialista en Gerencia y Gestión Cultural de la Universidad del Norte; Magíster en Comunicación de la Universidad del Norte. Poeta, publicista, periodista cultural, gestor cultural y catedrático de Semiótica y Comunicación de la Universidad del Norte.
Ha sido director del Instituto Distrital de Cultura de Barranquilla, Secretario de Cultura y Patrimonio del Atlántico, director de la Biblioteca Piloto del Caribe, director y editor de la revista de investigación, arte y cultura Víacuarenta, director de la Revista Oral Astrolabios; y actualmente es asesor cultural de la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta de Barranquilla.
Ha publicado los siguientes libros de poesía: Doy mi palabra. Ediciones Simón y Lola Gubereck, Bogotá, 1985; Segundas intenciones, Ediciones Metropolitanas, Barranquilla, 1996; Cámara de Jazz, Editorial La Iguana Ciega, Barranquilla, 2005 y Poemas Reunidos, Universidad Externado de Colombia, Colección Libro X Centavo, Bogotá, 2009. Tiene en preparación un cuarto poemario titulado Semana Santa de mi boca, prepara un volumen titulado Protextos que compila notas, artículos y ensayos sobre temas académicos y culturales y trabaja actualmente en su primera novela titulada La ceja del tigre. Codirige en Barranquilla el Festival Internacional de Poesía en el Caribe, PoeMaRío.

Sus poemas aparecen antologados en los siguientes volúmenes de poesía: Poetas en abril, ediciones Sociedad de la Imaginación, Medellín, 1985; Panorama inédito de la poesía colombiana, Procultura, Bogotá, 1986; Revista Prometeo, edición especial del Festival Internacional de Poesía de Medellín, 1994; Revista Casa Silva, dossier de poesía del Caribe colombiano; Antología de poesía y poetas de Sucre, Atlas poético de Colombia, Bogotá, 1996; Antología de poetas de Sucre, ediciones de la Gobernación de Sucre, Sincelejo, 1997; Cinco poetas de Sucre, ediciones Fondo Mixto de Cultura de Sucre, 1998; Antología de la poesía colombiana, Biblioteca Familiar, Presidencia de la República de Colombia, Bogotá 1997; Quién es quien en la poesía colombiana, Ministerio de Cultura, Bogotá, 1998.
Biografía tomada de: Blog Escritores colombianos.

sábado, 1 de junio de 2013

Amira de la Rosa


El Jazmín de la Princesa
 La princesa tenía un jazmín que vivía con su mismo aliento. Se lo había regalado la luna.
La princesa tenía ocho o nueve años pero nunca la habían dejado salir sola de palacio. Y tampoco la llevaban donde ella quería.
Un día dijo a su flor:
– Jazmín, yo quiero ir a jugar con la hija del carbonero sin que lo sepa nadie.
– Ve, niña, si así lo quieres. Yo te guardaré la voz mientras vuelves.
La niña salió dando saltos. El carbonero vivía al principio del bosque.
Pronto la Reina echó de menos a su hija y la llamó:
– Margarita, ¿dónde estás?
– Aquí, mamá –dijo el Jazmín imitando la voz de la princesa.
Pasó un rato y la Reina volvió a llamar:
– Margarita, ¿dónde estás?
– Aquí, mamá –contestó el Jazmín.
El principito, hermano de Margarita, llegó del jardín. Era mayor que su hermana y ya cuidaba de ella.
– Mamá ¿no está Margarita?
– Sí, hijo.
– ¿Dónde?
La Reina llamó a su hija y el jazmín contestó como siempre.
El príncipe se dirigió al lugar de donde venía la voz pero no vio a nadie.
La Reina repitió la llamada y el jazmín contestó. Pero pudieron comprobar que la niña no estaba, ni allí ni en ninguna parte.
Avisaron al Rey. Vinieron los cortesanos. Llegaron los guardias y los criados. Todo el palacio se puso en movimiento. Había que encontrar a la niña. La gente corría de un lado para otro en medio de la mayor confusión. La Reina lloraba. El Rey se mesaba los cabellos.
La Reina volvió a llamar esperanzada.
– Margarita, ¿dónde estás, hija?
– Aquí, mamá.
Se dieron cuenta de que la voz salía de la flor.
El Rey dijo que echaran el jazmín al fuego porque debía estar embrujado; pero la princesa llegó a tiempo para recogerlo.
Su hermano le dijo autoritario:
– ¡Entrega esa flor!
– ¡No la doy! Es mi jazmincito. Me lo regaló la luna. –Y lo apretó contra el pecho.
– Una flor que habla tiene que estar hechizada –dijo un palaciego.
– No la doy.
El Rey ordenó:
– Quitadle la flor a viva fuerza.
Y la niña, rápidamente, se la tragó. El jazmín, no se sabe cómo, se le aposentó en el corazón. Allí lo sentía la niña.
Todos lloraban porque decían que la princesa se había tragado un misterio. Y que vendrían muchos males a ella y al Reino. Pero no. Sólo que, a la Princesa Margarita, se le quedó para toda la vida la voz perfumada.

La Lluvia
A Margarita le entraron unas ganas desesperadas de saber contar.
Le enseñaban con garbanzos y ella se aplicaba:
– Uno, dos, tres... veinte... treinta...
– ¿Y ahora qué sigue?
– Y así un día y otro?
Cuarenta, cincuenta... y ya contaba de corrido hasta ciento. Estaba feliz.
Un día aparecieron nubes en el cielo. Ella se sentó junto a la ventana de su cuarto sin hablar. A todos les extrañó verla con la vista fija sobre los cristales.
Empezó a llover y ella soltó por el aire sus números, los que había aprendido, como si fuesen globos de colores.
– Uno, dos, tres... Contaba apresuradamente con ansiedad. Apretaba la lluvia y ella casi se ahogaba porque el agua podía más que su ligereza.
– Sesenta... setenta... noventa... cien...
Y soltó a llorar.
– ¿Qué te pasa?
– Se me acabaron los números. Ya no puedo contar más.
– ¿Qué contabas?
– Eso... eso... Yo quiero saber cuántas gotitas tiene la lluvia.
Tomado de:

A m i r a  d e  L a  R o s a Escritora, Colombiana

Amira de la Rosa ( 1903 - 1974 ). Nacida en Barranquilla, en el año 1903 su verdadero nombre era Amira Arrieta McGregor, pero firmaba con el seudónimo de Amira de la Rosa.

Escritora reconocida en el mundo literario Nacional e internacional.

En 1926 fundó, con sus hermanas, el Colegio Gabriela Mistral, que aún hoy existe (Carrera 38 # 81-29).

En diversas ocasiones cumplió funciones consulares en España y otros países.

Entre sus textos destacan sus piezas teatrales | Madre Borrada, Piltrafa y | Las viudas de Zacarías , escenificadas en España, Venezuela y Colombia.

Escribió también para niños publicados en un volumen " La luna con parasol" , una serie de cuentos cortos, llenos de poesía y ternura

Inagurado en el año 1982 el Teatro Municipal de Barranquilla fue bautizado en su honor.