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sábado, 26 de mayo de 2012

ANSELMO RANGEL ALFARO


Visita

La abuela va, la abuela viene en su vieja silla de mimbre. Manda un manotazo, manda otro. Nada atrapa.
-¿,Qué pasa, abue?
-Una mosca. Seguro tengo legaña.
-Ven.  No, no tienes nada
-Entonces tendremos visita.
-Ojalá traiga buenas nuevas.
Al día siguiente, a la misma hora, la abuela, en medio de encendidos velones, duerme en un largo ataúd de cedro.

Serenata
Ante la ventana de la amada el grillo abre las alas y deja fluir un sonoro y alargado cri..cri..cri.. cri..cri..cri..cri..cri
El hombre, que no tiene el pesado sueño de la mujer, que no tolera el idílico lenguaje de los ortópteros,  linterna y sandalia en mano lo busca.
A la mañana siguiente una procesión de hormigas lo lleva al cementerio.

ANSELMO RANGEL ALFARO (Chlmichagua.  Cesar, 1965). Cuentista, cronista, promotor de lectura, docente e investigador de expresiones culturales  tradicionales.  Licenciado en Lingüística y Literatura-
Publicaciones:
Recopilación Antológica del cuento cesarense. Historias pamplonesas en la voz de un cuentero", "La historia de la bruja cotuda y  otros cuentos y el libro de poemas "La única explosión que no mata". Trabajos periodísticos y literarios suyos han sido publicados en los diarios Vanguardia  Liberal de Bucaramanga  y El Pilón de Valledupar

 Tomado de: Revista Puesto de combate No. 76

domingo, 20 de mayo de 2012

Rodolfo Rincón Páez


MUERTOS DE MIEDO
 Aquí continuamos,
 haciendo que vivimos
los que nada tenemos que perder
excepto alcanzar  la paz.

Los mismos de siempre.
Los que no tenemos para donde irnos.
Como siempre,
viendo marchar a muchos
dejándolo  todo, sobre todo la muerte.

Aquí, inmóviles.
Anclados al terruño amado,
tutelándole a la Vida
el derecho de poseerla
así ella pese más que la muerte misma,
que la misma muerte.

Inmutables.
Aquí los solidarios ante el dolor,
incubando soledad y tristeza ;
acompañando ajenos muertos
que de otras partes traen,
que son también nuestros muertos
por los que también rezamos a DIOS.

Atónitos.
Aquí los mudos, ciegos, ignorantes y sordos;
los mismos que mucho hablamos,
vimos, concluimos y escuchamos,
pero que al final o al momento
el miedo nos taladra la conciencia.

Aquí seguimos....
y persistiremos seguir durando para el mañana,
así la piel la enjute prematuramente
el ardiente sol de persistente cobardía
que obnubila el naciente día
e incomoda el sueño y el descanso eterno.

Aquí afligidos. Abatidos y abrumados
por ayeres que pudieron ser diferentes.
Creímos que nuestros deberes
colocados a la guarda en el Altar,
los derechos sombreados por Oraciones
impedirían el desguace de la Patria Nacional.

Aquí estamos.
Yertos en la sombra fría
haciendo que vivimos,
 tutelándole a la Vida
el derechos de poseerla
así ella pese más que la muerte misma,
que la misma muerte.

Tomado de : Puesto de Combate No. 76

Rodolfo Rincón Páez.Aguchica 1.950.  Periodista,  catedrático de la Universidad Popular del Cesar. 

viernes, 11 de mayo de 2012

Giovanni Quessep



La alondra y los alacranes
Acuérdate muchacha
Que estás en un lugar de Suramérica
No estamos en Verona
No sentirás en canto de la alondra
Los inventos de Shakespeare
No son para Mauricio Babilonia
Cumple tu historia suramericana
Espérame desnuda entre los alacranes
Y olvídate y no olvides
Que el tiempo colecciona mariposas

Canción y elegía
Abandonas la música del bosque
Oh cuerpo amado si olvidé tu nombre
¿Qué tiempo de castillo entre las ruinas
La clausurada torre?

Desde mi canto para qué leyenda
(Tejió el amor la túnica imprecisa)
Si el canto no es real si el caminante
No asciende a tu colina

Si sombra de un color es la palabra
Ceniza de la piedra es el destino
Y el poeta lejano de la noche
Al lado del olvido

Dónde la oculta voz que te nombraba
El extranjero la doliente luna
Viene venía por el mar de vino
La nave en la penumbra

Penumbra de la nave es el espejo
La púrpura o lo blanco de la muerte
Vendrás venías por el mar antiguo
Penélope doliente

La mano y el cristal en su premura
Oh rostro amado si perdí tu nombre
Nave del paraíso te deshojas
Solitaria del bosque

Quién moverá mis pasos en la arena
Celeste o gris si al reino desencanta
El hilo de la muerte o la memoria
Cercano de la nada

Vuélveme ahora a mi país de origen
Nómbrame el reino para mí celeste
¿Qué sombra de silencio por el agua
Paraíso de nieve?

Nave de casi ayer entre las manos
El mar no permanece a tus orillas
Ya fábula de un cuento para siempre
Y espejo de las islas.

Nocturno
Enséñame quien eres tú
En las noches de amargo sueño
Si de aquél olvido cantable
Luna mortal o bella historia

Nada sabe mi corazón
De celestes apariciones
Si ha sido siempre un extranjero
En las músicas de tu mano

Mas a la sombra esperaré
A la sombra del almendro blanco
Para que me digas tu nombre
Donde la azul rosa termina.

Apiádate que llega el alba
Ya tu silencio me abandonas
Siento que mi hora está cerca
y he reinado sobre fantasmas

Amara yo el olvido
Felicidad en ruinas
Lo que han visto mis ojos
Volver al tiempo amado
Ya fugitiva música del polvo

(Nada tendrá el amor
Si en jardines o nieve
La Quimera le cuenta
Del valle de la muerte)

Felicidad en ruinas
Lo que ha visto mi alma en el encanto
Amara yo el olvido
Y el reino de las hojas que he encontrado.

Escrito para ti, en tu nombre

Pudiera ser que un día
retornaras al tiempo,
cubierta por las flores
que recogiste en el perdido sueño.

Pudiera ser también, Violeta,
siempre en el cántico nombrada,
que me dijeras de la blanca orilla
donde ahora es pasión y amor tu alma.

¿Me contarás en qué país nocturno
cantas para que el cielo se desvele,
o abra sus puertas al dolor del hada
que hila en tu corazón para la muerte?

Pudiera ser que recordaras
escrito para ti, en tu nombre,
aquel madrigal de la vida
que habla de un cuerpo entre las flores. 

No vuelvas a tu reino
No vuelvas a tu reino
que la rosa es cristal, ciprés el cielo,
y guaras las cenizas
de la palabra o del encantamiento.

Verías, si tornaras,
su cuerpo ya de piedra
donde se teje la desesperanza,
y en sus ojos el gris de la Quimera.

Vuelve más bien a la doliente isla
donde tu corazón es viento y polvo,
vuelve a tu nave púrpura
que eres de sueño y mar, amargo y solo.

Ah de tu alma. nadie te responde
en el otoño, cielo de la ausencia:
la luna que ahora ves ya no es tu luna
y es tu bosque el ayer de otras violetas.

  
 Giovanni Quessep. Poeta costeño (San Onofre, Sucre, diciembre 31 de 1939). Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad Javeriana de Bogotá, Giovanni Quessep realizó posteriormente estudios de literatura italiana y latinoamericana en la Universidad de Florencia.

Obra publicada
  • Después del paraíso (1961)
  • El ser no es una fábula (1968)
  • Duración y leyenda (1972)
  • Canto del extranjero (1976)
  • Libro del encantado (1978)
  •  Madrigales de vida y muerte (1978)
  • Preludios (1980)
  •  Muerte de Merlín (1985)
  •  Un jardín y un desierto (1993)
  • Carta imaginaria (1998)
  • Antología poética (1993)
  • Brasa lunar (2004)
  • Metamorfosis del jardín (2006)

viernes, 4 de mayo de 2012

Jorge Luis Guerra

Salvaje

Por: Jorge  Luis Guerra


En la mesa había dejado una pecera con oscuras perlas y peces coloridos nadando.  El gato que me había  advertido, supo lo que  era, alcanzando con sus  dos patas  delanteras el borde de la mesa, al igual que mi hijo. Observaban la pecera detenidamente. Curiosos, imaginé.  De repente salta  de la pecera un pez y cae sobre la mesa en medio de los observadores.  El gato  intenta meterlo al agua mientras que mi hijo se lo arrebata para  llevárselo a la boca, luego se me acerca, feliz, con un ligero hilo de sangre mientras  mastica.

Tomado de : Puesto de Combate No. 76

JORGE LUIS GUERRA, San Diego Cesar 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar. Miembro del grupo Jauríaa.