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lunes, 6 de septiembre de 2010

REVELACIONES (Diana Verónica Méndez Sánchez)

Por: Diana Verónica Méndez Sánchez, narradora de El Copey Cesar Col.
Tomado del libro: Viaje a la Memoria. Renata Valledupar.

Caminas las grandes avenidas de la ciudad, ligera, plena y con la sensación de que ahora te conviertes en lo que siempre quisiste, en lo que soñaste una vez. Eres la que deseaste tanto, la que despide sin dolor alguno el pasado, ese que dejas atrás para vivir un mundo hecho para ti. Vas libre, con una figura nueva que te hace llamativa. El semblante no es el de siempre, es mucho mejor; la seguridad que irradias te fortalece, te hace completa. Esa sensación nueva que se mueve dentro de tu cuerpo como un fantasma por el interior de una mansión abandonada.

Reconoces que el trabajo hecho ha sido bueno, no sólo porque los espejos de los grandes edificios te lo dicen, sino porque la mirada de todos lo confirma. Te asombra, por ejemplo, la capacidad de sentirte por primera vez importante; te basta ver el antes y el después de esta pobre criatura para comprender el antes y el después de todas las vidas en realidad. Ves por todas partes, aquella vida pasada por la que empiezas a sentir una piedad que no te hace daño, pues se trata de una pieza más del edificio de la realidad; una manifestación de la lógica misteriosa de la que formamos parte. Entonces llega la angustia.

Durante aquellos instantes decisivos comprendes que la antipatía y la suciedad están puestas en el mundo contra ti; se concentra toda en el pecho y comienzas a mirar disimuladamente a tu alrededor para evaluar las posibilidades de fuga. De repente, escuchas el ruido ensordecedor de muchos carros que rápidamente te persiguen. Corres por ese laberinto de calles que ahora son desconocidas; pero aún así sabes que no podrás hacer nada; las fuerzas se acaban, el desastre viene y no lo puedes detener. El riesgo es grande, la desesperación y la agonía de convertirte de nuevo en lo que has sido siempre, un desastre. Se acerca cada vez más y ya no puedes hacer nada, te detienes, lo esperas, y simplemente...
Abres los ojos, miras todo a tu alrededor y te das cuenta de que la dimensión de tu realidad es el laberinto en cuyo interior vives aún atrapada.

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