VIAJE AL CENTRO DE UN GRANITO DE ARENA
Por: Rodolfo Raúl Reyes Núñez Tomado del libro: Cuentos Ribereños Harold vivía con su abuelita a la vera del camino, muy cerca de la población. La anciana era muy devota, y todos los domingos iba a misa, estudiaba quinto grado e iba todos los días a la escuela, con su porta libros a la espalda. Allí, guardaba celosamente un granito de arena, que hace cierto tiempo le había despertado la curiosidad. Por tal razón, cuando estaba solo, lo desenvolvía, lo observaba detenidamente y lo volvía guardar. Harold deseaba saber qué había dentro de aquel granito de arena. Un domingo, la abuelita se fue a la misa y recomendó al niño no salir de casa hasta que ella regresara. Cuando se sintió solo, colocó su mesita de trabajo cerca de la ventana, por la cual penetraban los rayos del aquella mañana, dando al chico la gran oportunidad de observar otra vez el granito de arena bajo la más poderosa de las luces. Es bueno adelantar que Harold tenía un amiguito secreto, con el cual conversaba cuando es...