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ANSELMO RANGEL ALFARO

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Visita La abuela va, la abuela viene en su vieja silla de mimbre. Manda un manotazo, manda otro. Nada atrapa. -¿,Qué pasa, abue? -Una mosca. Seguro tengo legaña. -Ven.  No, no tienes nada -Entonces tendremos visita. -Ojalá traiga buenas nuevas. Al día siguiente, a la misma hora, la abuela, en medio de encendidos velones, duerme en un largo ataúd de cedro. Serenata Ante la ventana de la amada el grillo abre las alas y deja fluir un sonoro y alargado cri..cri..cri.. cri..cri..cri..cri..cri El hombre, que no tiene el pesado sueño de la mujer, que no tolera el idílico lenguaje de los ortópteros,  linterna y sandalia en mano lo busca. A la mañana siguiente una procesión de hormigas lo lleva al cementerio. ANSELMO RANGEL ALFARO (Chlmichagua.  Cesar, 1965). Cuentista, cronista, promotor de lectura, docente e investigador de expresiones culturales  tradicionales.  Licenciado en Lingüística y Literatura- Publicaciones: Recopilación ...

Rodolfo Rincón Páez

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MUERTOS DE MIEDO   Aquí continuamos,  haciendo que vivimos los que nada tenemos que perder excepto alcanzar  la paz. Los mismos de siempre. Los que no tenemos para donde irnos. Como siempre, viendo marchar a muchos dejándolo  todo, sobre todo la muerte. Aquí, inmóviles. Anclados al terruño amado, tutelándole a la Vida el derecho de poseerla así ella pese más que la muerte misma, que la misma muerte. Inmutables. Aquí los solidarios ante el dolor, incubando soledad y tristeza ; acompañando ajenos muertos que de otras partes traen, que son también nuestros muertos por los que también rezamos a DIOS. Atónitos. Aquí los mudos, ciegos, ignorantes y sordos; los mismos que mucho hablamos, vimos, concluimos y escuchamos, pero que al final o al momento el miedo nos taladra la conciencia. Aquí seguimos.... y persistiremos seguir durando para el mañana, así la piel la enjute prematuramente el ardient...

Giovanni Quessep

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Tomado de:  Página de Geovanni Quessep La alondra y los alacranes Acuérdate muchacha Que estás en un lugar de Suramérica No estamos en Verona No sentirás en canto de la alondra Los inventos de Shakespeare No son para Mauricio Babilonia Cumple tu historia suramericana Espérame desnuda entre los alacranes Y olvídate y no olvides Que el tiempo colecciona mariposas Canción y elegía Abandonas la música del bosque Oh cuerpo amado si olvidé tu nombre ¿Qué tiempo de castillo entre las ruinas La clausurada torre? Desde mi canto para qué leyenda (Tejió el amor la túnica imprecisa) Si el canto no es real si el caminante No asciende a tu colina Si sombra de un color es la palabra Ceniza de la piedra es el destino Y el poeta lejano de la noche Al lado del olvido Dónde la oculta voz que te nombraba El extranjero la doliente luna Viene venía por el mar de vino La nave en la penumbra Penumbra de la nave es el espejo La púrpura o lo blanco de l...

Jorge Luis Guerra

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Salvaje Por:  Jorge  Luis Guerra En la mesa había dejado una pecera con oscuras perlas y peces coloridos nadando.  El gato que me había  advertido, supo lo que  era, alcanzando con sus  dos patas  delanteras el borde de la mesa, al igual que mi hijo. Observaban la pecera detenidamente. Curiosos, imaginé.  De repente salta  de la pecera un pez y cae sobre la mesa en medio de los observadores.  El gato  intenta meterlo al agua mientras que mi hijo se lo arrebata para  llevárselo a la boca, luego se me acerca, feliz, con un ligero hilo de sangre mientras  mastica. Tomado de : Puesto de Combate No. 76 JORGE LUIS GUERRA, San Diego Cesar 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar. Miembro del grupo Jauríaa.

Jorge García Usta

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Jo r g e   Ga r cí a   Ust a Balada de Teresa Dáger No hubo mujer bajo estos soles como Teresa Dáger: mitad cedro, mitad canoa. Era bella, inclusive, al despertarse y después de comer ese pobre trigo nativo. En las esquinas, a su paso, hombres sudorosos interrumpían las liturgias del comercio y maldecían la muerte. Era una forma ansiosa. Procedía de una furia vegetal. No la salvó tampoco su belleza. Ahora, a los 80 años, a diferencia de otras que fueron feas y felices, Teresa Dáger sueña sola en el piso quince, rodeada de zafiros derrotados. Y solo piensa en ese arriero de Aleppo que el 7 de Agosto de 1925 la miró con ganas y en silencio  tres segundos antes que su padre la enviara al destierro de la trastienda. Arenga de las mujeres necesarias Ah, necesarias para vivir y morir, con sus aguas rezadas.  Antes de llegar, ellas mojaban de cantos todos los asaltos, los días con sus cejas veloces, el...

Miguel Barrios Payares

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S Por: Miguel Barrios Payares La mujer muerta se llama Sofía aunque yo la llamaba S. No sé si por el simple desprecio a utilizar más palabras de las necesarias para expresarme o por el complejo que se me creó al leer a los rusos. La cosa es que Sofía o S, llámela usted como quiera, se tiró hace menos de cinco minutos del edificio MacDonald’s y ahora su sangre está corriendo por el andén, algunos chicos fotografían su cuerpo, y suben esas fotos a Facebook. S tomaba Coca-Cola y me decía la noche es linda, y yo le contestaba sí peladita, la noche es linda. Me dijo que hacía un frío del putas, pero que no le gustaba usar esa ropa de lana, por gruesa y por fea. Me dijo que prefería los jeans o en un caso extremo las faldas largas y parecer gitana con sus aretitos y toda la cosa. Me dijo, cuando estábamos en el súper mercado, que le dolía ver las frutas amontonadas y que las personas las manosearan, señaló a un aguacate y me insistió en la poca vanidad que tenía. Antes de lanzarse ...

Alfonso Parra Beleño

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DUENDES DEL FUEGO Llamemos a los duendes secretos que conciben y paren  rumores fertilizados de leyendas y cantos. Dejémoslos repletos de palabras gestados en la estación de la sangre sueño de los mares ilusión del rocío apagar  este fuego y sus recuerdos. PRIMER SECRETO DEL FUEGO Fuego herido enreda de danza mi espíritu invasor llegó visitante de la mañana hasta  tu cuerpo. Mi lanza en la mano enternece la aurora sumergidos en el fuego agotamos las estrellas. EL TIEMPO NACE El tiempo nace en cualquier  parte. Uno lo puede formar sobre el fuego o la ceniza; también puede ser cambiado en la primera  tienda con autoservicio que nos palpite cerca. Lo que en realidad no pasa nunca es el olvido. El viene sin llamados dejando caer sus espigas mientras uno desabrocha el alma para dar un retoque a la obra que no ha construido. MARIA LUCHADORA Se te quedaron regados ...