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Jahel Peralta Mendoza

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UN CADÁVER  PARA LA CONVERGENCIA DEL OCASO (Textos tomados de la Revista Letras, Volumen 1 - Número 3 - Año 1 - Enero de 2012) Por: Jahel Peralta Mendoza Por la tarde trajeron a Segundo metido en una bolsa de plástico negro y lo tiraron en el centro del rancho, como un trasto viejo. Los hombres que  lo cargaron la única explicación que dieron fue que lo encontraron  con la cara cagada de moscas azules en la guardarraya del potrero junto a la quebrada. A esa hora el sol en el poniente reclinaba su angustia bermeja sobre los hombros de los cerros verdinegros. El último bostezo de luz incendiaba los pastizales y los cultivos de maíz que había sembrado el viejo Flavio antes de colgarse de la rama del tamarindo del patio. A Segundo le decían así no porque fuera el segundo, sino para no confundirlo con el papá del cual  heredó su gracia. Gertrudis había terminado de barrer el patio,  encerrado las gallinas, regado las macetas que colgaba...

Diógenes Armando Pino Avila

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Evadiendo la misteriosa puerta del olvido Por: Diógenes Armando Pino Avila   Textos tomados del libro inédito: Evadiendo la misteriosa puerta del olvido. Aseadora Muchacha que furiosa tiras la escoba y el trapero cuando limpias los pisos, muchacha que fácil te sonrojas cuando te hablo de tus hechizos. Cuando te agachas y el trapero mojas, siento que por dentro me petrifico, ya que al agacharte a mi vista arrojas un panorama que me deja bizco. Muchacha de formas voluptuosas, que afanosa arreglas el desorden nuestro, muchacha de piernas largas preciosas Que rítmicamente mueves tu cuerpo cuando barres –yo pienso mil cosas– ¡eres capaz de levantar a los muertos! Voluptuosidad Armoniosas curvas sinuosidades de su hermosa y delicada figura, se marcan bajo el ceñido traje de ésta provocativa criatura De andar grácil, bella entre las beldades. ¿Quién pudiera acariciar las estructuras cimbreantes que cubre los encajes de su traje –fach...

Miguel Barrios Payares

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Sol/Off Por: Miguel Barrios Payares La tarde es frágil como las galletas de sal y el piso huele a desinfectante de hospital. Has dicho en alguna ocasión que el fuego pesa como las mentiras pero que las mentiras son más calientes y más incómodas de llevar. El piso está frío, mi cuerpo está desnudo y casi tan frío como el piso. Quiero escribirte algo con buena tinta, algo así como una conversación estilo libre donde parezca que prestas atención y donde yo aparente decirte algo importante. No hay hormigas ni ningún bicho en el piso, sólo se respira una incómoda blancura y seguro desde el suelo se debería ver mejor el techo, con las imperfecciones propias de todos los techos pero, no se ve nada diferente que si mirara hacia arriba estando de pie. En la pared, el suiche de la bombilla está en off y afuera, el sol está entre nubes y eso es algo similar a estar en off. Las ventanas cerradas reciben el golpe del viento aunque la vibración no es muy perceptible, pero están un poco empaña...

Dankir Ortiz

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Por: Dankir Ortiz. JURAMENTO DE MIS PASOS Segundas circunstancias sólo existen en el territorio de las pisadas constantes. Miles de ojos persiguen mis pasos entre bolsas plásticas con rostros… No necesité morir para saber que sólo la mirada devuelve el hambre a mis pisadas y las convierte en fruto de los postes. JURAMENTO DE UNA NO RAZÓN Lo contrario a la verdad es verdad. A la prohibición se suma la imposibilidad aceptada mientras continúan los partos alimentando a las hambrientas                                              cruces. El niño que se saca los ojos para apreciar el color                      ...

Diógenes Armando Pino

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Un secreto para ser contado Por: Diógenes Armando Pino Avila A Joaquín y Arquímedes, y a todos los que como yo, también tienen sus amigos. 1 Este es un secreto que he guardado toda la vida y que hoy después de consultar con mamá y obtener su visto bueno te lo quiero contar, para que sepas de primera mano qué es lo que pasa y no le pongas atención a las murmuraciones. Tu compromiso es: escuchar y no repetir, pues debes guardar mi secreto y no traicionar la confianza que deposito en ti. Comenzaré contándote que desde muy niño tengo un amigo, creo que antes que yo naciera ya contaba con su amistad. Su nombre es Miguel, ¿Miguel qué? Hummm, no se su apellido, nunca me lo ha dicho, o mejor, nunca se lo he preguntado, pues sí, ¿para qué el apellido? si siempre estamos los dos solos y tenemos que jugar y hablar escondidos donde nadie nos vea.       Joaquín Cuando niños sí, jugábamos delante de la gente y permanecíamos hablando de cualquier cosa,...

Diógenes Armando Pino Avila

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El peso de la carreta Por Diógenes Armando Pino Ávila La lluvia de fuego que el sol emite, castiga su cuerpo sudoroso.  Empuja resoplando la carreta donde carga su esperanza desvaída. Los autos pasan rugiendo a su alrededor, en una danza de muerte que hace algunos meses aprendió de memoria. No siente miedo, no es que sea valiente, es que engavetó su miedo en lo más profundo de su alma. Algunos conductores le lanzan improperios. No responde. Solo empuja su carreta con el terco afán de salir de esa avenida que ostenta un nombre de prócer de la independencia. El semáforo cambia a verde, él se apresura a cruzar a la izquierda, busca la calle más tranquila y de escaso tráfico, la que lo conduce al barrio de clase media donde tiene su clientela. Se detiene con su carreta bajo la sombra que proyecta un árbol en la acera. Descansa, disfruta de la suave brisa que golpea su rostro y mitiga su amargura. El sol está ahí, acechándole con odio, a dos metros, esperándolo fuera de la...

Rodolfo Lara Mendoza

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No hay brecha entre nosotros y la Tierra No hay brecha entre nosotros y la Tierra Por eso sé que es mía la mano de humedad que resucita tus nostalgias cuando llueve Y ese amplio bulevar de tus dolencias que suelo recorrer también cuando no estás conmigo No hay brecha entre nosotros y la Tierra Y el pájaro que canta en tu mirada sacude con sus alas este montón de hojas que soy Pedido poco usual para una muchacha de tienda He esperado hasta el silencio de la tienda para hacer mi encargo, he aguardado hasta los últimos pedidos para hacer el mío: “un cuarto y cuatro onzas de cielo” que tú con tu presencia,  muchacha, me brindas por adelantado Así que acabo por solicitar otra cosa: galletas o mandarinas que sacas de una caja como de un sombrero, yogures que justifican mi espera hasta el silencio, hasta ese corazón que guardas en el anaquel más alto A veces, por descuido, solicito algún artículo agotado, y niegas en la flor de tu tristeza como quien...