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viernes, 27 de septiembre de 2013

Ubaldina Díaz Romero

Epilogo en rojo

Y tus manos
Compañeras de las mías
Me acariciarían
Rompiendo
Una inercia de figura blanda
Posada en las entrañas
Desde antes que el hambre

Cada vez que me busques
Con tu boca
Que sorbe pecho a pecho las dudas
De la memoria

O mordiendo en mis caderas
Unas ansias reprimidas
Un aroma espeso de fronteras
Un olor a especias primitivas
Se irá a tu estómago
A roer
El sopor de un pueblo

Así estaríamos mejor
Mi amigo u obsesión
Para oír
El canto del gallo.
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Cómo fue?

Fue así:
A pesar de todas las auroras
A pesar de todas las Jiménez
A pesar de todas las lecciones de la seño quitina
A pesar de mí y de las lúgubres premoniciones
De los férreos mandamientos
Abrió el deseo y su presencia creó
Los hirvientes diseños de la espera
Lunares agobiantes de la cándida nocturna
El espacio entre el grito y las miradas
El lenguaje de la esfinge y sus agüeros.

Amé así desde siempre los silencios
Las llaves que abren los recónditos internos
La fuerza oculta de un respirar desnudo
Las carnes trémulas las savias desatadas.

Amé el trapo rojo colgado en mi ventana
La persiana polvorienta donde escribí su nombre
Donde rodaron las primeras palabras posesivas
Los ácidos relámpagos airados de
La celosa costumbre de un amante lunfardo.

Enero /2007

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Las cantinelas de los ratones de mi cocina

Cualquiera se estremece de la porquería
Y demás sandeces contra la perezosa figura
Que mira nacer, crecer y reproducirse
La camada que hace tres años aposenta
Sus trémulas vidas en el alma de la estufa

Hurgan y pasean el mesón como pedro
Pelean husmean las cacerolas dejando
En cada tramo las huellas la marca
De sus heces por doquier

Han aprendido mejor que sus vecinas
La vida a punta de sobresaltos:

Guindan la espera al pie del fugaz destino
Que a cada segundo les atropella:
Aman lo incierto el peligro el misterio
Gozan a cada instante los segundos o días
O minutos o semanas de su
Collar de puros y brillantes instantes

No hemos podido expropiarles:
Les pertenece el territorio de la estufa vieja
Que empotrada desde hace mucho
En el rincón del hogar
Renunció hace tiempo a la premura.

Mi estufa es como una viejísima isla
Preñada de nietos alocados que cada mañana
Hacen crujir sus huesos en el tropezón
Proverbial de sus afanes.

Febrero 2007.

Ubaldina Díaz Romero.  Nacida en Sabanalarga Atlántico. Sempiterna amiga de la palabra escrita.
Amiga de los exorcismos en silencio.
Ha publicado un poemario y algunos trabajos sueltos en revistas y periódicos nacionales.
Investigadora de los esguinces del destino y la conciencia.
Vive cerca al mar, donde la brisa pugna por cambiar los signos anclados en la espuma salina.

Apacenta versos como a inquietas mascotas. Ellos son hijos de la Morada del SEr.

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