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sábado, 2 de febrero de 2013

Edwar Buelvas Mendoza.



Tedio

De vez en cuando es bueno morir un poco
cansarse de la ropa y los zapatos
colgar la vida en el perchero
al lado de un paraguas
o de algún saxofón



Una espina rompe las venas
y el tambor del crepúsculo
se aja el pensamiento
se alborota la risa de los malos deseos

Un vital ejercicio
para un lunar al borde de unos labios sin gusto

En mi pueblo
la sangre ama a los atardeceres
de vez en cuando
hay fiesta y se prenden los cañones


Historia del miedo.

Involuntariamente,
la luz de tu ciudad en trance
entra en mi pecho incendia la rutina.

Mi guerra es no dejarme tocar
por tus deseos

Es inútil llorar muertes ajenas.
Las nuestras ya vendrán desde algún sitio
sin pedirnos permiso
sin darnos concesiones

En mis venas los rostros se desplazan
indiferentes y tristes sin memoria
sin un pan que morder sin una zarza
que arda en el camino de los desheredados

Involuntariamente
el miedo
-agua de vendaval- carcome la paciencia
y el hueco de la sangre en surtidor se desparrama
como un chorro de nada tras de todo

Hay un eco de voces en el agua
un grito en la paciencia de la carne.


¿Quién soy?

El enigma de la palabra
en la roca
trajo mi nombre al paso de los días

La duda que hay implícita en el tiempo
se clava como el dardo
en el jaguar de mis ancestros

¿soy yo? No sé si hubo un suspiro
en la efusión de noches con orgasmos
no se si hubo pasión en la carne
que hace siglos me trajo una sonrisa

en el ombligo de la tierra
estoy colgando
a penas
con ganas de beber
de unos senos de madre.

Los días sin ti.

Los días sin ti
me traen el delirio de la ausencia
me carcomen la lengua
me cuecen las ideas

ardo en fiebre
amalayo
no me caben en el cuerpo
mariposas ni piel
ni mi alma sostiene ahora mis suspiros

los días sin ti son tristes en mi memoria
invento cuentos de miedo
en la penumbra
incito el mal
pido a la tierra que me devore
ahuyento pájaros del aire
convoco espantos y gritos destemplados
las palabras se afean los silencios
se aturden

los días sin ti son crueles en mis ojos:
veo el desierto de tu piel
y el aroma perdido de tus huesos
veo la oscuridad y no veo nada
veo el tiempo
y no siento el latir de tus venas
veo el camino y no te alcanzo el pie
veo la lumbre y la luz ya no brilla
estoy ciego sin ti y estoy perdido

los días sin tu ser son aves sin mensaje
aves de mal agüero
que rondan mi cabeza
aves desordenadas que me pican los sesos
que me hacen desvariar
y ahogar mis sueños en un ronquido estéril
con falacias a bordo
verdades inventadas
seguridad incierta en este río revuelto
sobre un buque falaz que viaja sin destino

los días sin ti son noches sin sosiego
puerto deshabitado
donde cuento las olas
que van y que regresan sin noticias
ni espectros de nuestras soledades
ni vestigios de ensueño.

Edwar Buelvas Mendoza. Nació el 6 de enero  de 1967 en El Carmen  de Bolívar. Licenciado en filosofía y letras. Especialista en docencia universitaria y educación personalizada. Docente de la Institución Educativa Técnica Industrial Juan Federico Hollmann. También ha ejercido como tutor en programas de educación abierta y a distancia, en la Universidad de Cartagena y en la Corporación Universitaria del Caribe de Sincelejo. Ha publicado textos literarios y pedagógicos en distintos periódicos y revistas de la Región Atlántica. Ha publicado el libro Historia del miedo en 2006.

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