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viernes, 31 de agosto de 2012

Ignacio Verbel Vergara


ORIETTA





Por: Ignacio Verbel Vergara



Orietta está bañándose. Lo sé porque oigo caer el agua. Agua que besa y lame sus formas pródigas. Orietta siempre me gustó. Desde la infancia. Mamá la trajo una tarde, la puso entre Arnoldo y yo y nos informó : “Es Orietta, prima de
 ustedes.”
A Arnoldo le gustaba jugar von avioncitos, carros y caballos de palo o de plástico, pero yo solo quería estar con Orietta, frente a sus ojos negros y brillantes. En la noche ya no quería dormir en mi hamaca sino con ella y para ella, tragándome sus olores, su risa, su voz encantadora.

Mamá decía vea qué muchacho este, vaya para su cuarto y hasta me azotaba ante mi reticencia a cumplir su mandato.
Orietta se unta jabón de fragancias orientales. Hasta acá me llega el aroma de la espuma que resbala por su cuerpo. Ahora, canta. A Orietta le gusta cantar mientras se baña. 

Ella tiene extremidades largas y gruesas y un trasero duro y provocativo. Aunque uno puede pensar que debe tenerlos grandes, sus senos son pequeños y con pezones violetados. Todo esto lo sé porque confía tanto en mí que, sin vacilar, cuando voy a su cuarto y tiene que cambiarse de ropa, lo hace sin ocultarme ningún ápice de su anatomía. Camina desnuda de aquí para allá y ni siquiera me mira. Habla conmigo como lo hace cuando está vestida y yo tengo que tragar en seco, tartamudear y ella se ríe y si acaso expresa: “Vean a este”.

Orietta sale del baño ya, envuelta en una toalla floreada. Llega al cuarto. Salgo de mi escondite. Ella exclama: “¡Hola, hermanito!”
Yo, cierro la puerta que da al zaguán, la aseguro y cuando Orietta se quita la toalla, la abrazo, la beso, la muerdo. Estoy enloquecido de amor y de pasión. Orietta no me huye, no tiembla, me ayuda a que la agarre mejor.
“Al fin te decidiste, hermanito”, me dice. Y me ayuda a echar a un lado mis pantalones, mi camisa, mi bóxer.
Orietta gime complacida, penetrada por mi sed y por mi hambre y lo único que deseamos es que mamá no vuelva por ahora de la calle y que mi hermano Arnoldo, metido a inventor en el cuarto vecino, no vaya a oír todo este estropicio que formamos, estos jadeos, esta música de la piel, la sangre, la carne y el amor.

Ignacio Verbel Vergara, nació en Caracol (Tolúviejo), departamento de Sucre. Miembro fundador de los grupos literarios Atij´Uriva, Umbrales, Palangresueños y El Patio. Miembro fundador de la Unión de Escritores de Sucre.
Graduado en Filosofía y Letras, Postgrado en Literatura Colombiana. Ganador del Premio Nacional de Cuentos “Tiempos Nuevos”, finalista en el Concurso Nacional de Microcuento “Prensa Nueva”, de Ibagué, Finalista en el Concurso Nacional Comfamiliar del Atlántico.
Ha publicado los libros: Y aún el amor (poemario), Latido y Lumbre (poemario)y A pesar del paraíso (poemario). Mantiene inéditos: Balada de Juancho, El Delfín(novela), Apuntes anónimos (novela), Sangre que salta de gozo y dolor (cuentos), Los pequeños tesoros (viñetas) y Cuentos populares de mi tierra.

Poemas de Ignacio Verbel Vergara

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