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domingo, 4 de septiembre de 2011

Beethoven Arlantt


CAZADOR CURTIDO

Avelino, curtido candor de venados, es el capataz de las ganaderías de Ga rcía. En  los días de trabajo, que son todos sus días, monta en su burro mohíno y sabanea  las tierras sin cercados del potrero inmensurable de García.  En uno de esos días, hace dos años, anduvo  por las lomas de Ovejitas y encontró, entre los  brasiles del  lado derecho del  arroyo de  la Paja Larga, un ternero que  ramoneaba en el  pasto seco. Lo miró y, de un salto, bajó del  burro. Se terció la escopeta y se acercó como se le acercaba  a todas las reses del  patrón García. El  ternero levantó la cabeza  para mirarlo desmontar del  burro. Amusgó las orejas. Avelino se acercó  y observó las ancas del ternero. Buscó las marcas del  hierro de García, dueño del ganado cimarrón de sus potreros más extensos que la vista. Vio la mansedumbre  colorada del  ternero. Entonces estiró su brazo y le sobajeó la frente. Le palmoteó la espaldilla y los costillares. Es un buen cabungo»  pensó. Buscó y rebuscó y no le encontró  hierro por ningún lado del cuero. Es el único sin marca» Pensó de nuevo. Se iba a devolver hasta el burro para coger la manila, amarrarlo y echarlo para el corral. En eso, Camacho, cazador  de venados, apareció  por la otra orilla del arroyo, lo miró desde lejos y lo japeó:
_Hepa, Avelino, ¡Cómo es que juegas con un venado moruno! A las primeras el  cazador Avelino no hizo  caso, y siguió palmoteando las ancas del ternero de García. Pasó su mirada por encima del lomo color de sol de los venados del  ternero y vio que el cazador Camacho le apuntaba con su escopeta.
_ Apártate, que también estás en la mira, gritó Camacho.
_Mira que tu escopeta  riega mucho. Puedes matar al  ternero y a mí, protestó el capataz Avelino.

Yo ando  cazando dijo Camacho, sin bajar el cañón de la escopeta.

Avelino corría su mano  sobre el lomo del ternero. Palpó el cuero limpio de garrapatas. Olfateó el olor  a boñiga  seca de la piel de los terneros cimarrones. Atisbó las canillas delgadas y las pezuñas puntiagudas. Sólo entonces Avelino pasó y repasó la mirada en los ojos saltones del ternero sin hierro de García. Un  susto le paró la respiración. Una  lámina  de  hielo aplacó  en cada  jeme de su piel el sofoco del sol. Una corriente de hormigas  le picoteó- en fila cada caño de sangre  en las piernas. Quedó como un monumento, dijo  Camacho cuando contó ese instante. Entonces Avelino empezó  a moverse con una lentitud de estatua, pero el mármol de su cuerpo se fracturaba en cada movimiento y daba traqueteos  de piedras que se rompen con fuego y agua. Camacho esperaba que Avelino saliera de la mira. Pero el salto brusco de Avelino para desterciar  la escopeta hizo  que el ternero se las pidiera a venado y rompiera con su celaje los matorrales del potrero y se internara  en los bosques  de la Montaña  del Águila de Piedra donde no  lo alcanzaran el lamento de Avelino ni el eco del fogonazo de la escopeta de Camacho.

Yo creí que era un ternero, protestó  con  pesadumbre el cazador Avelino.
Camacho escuchó su lamento y sentenció:
Vas a terminar confundiendo los alacranes  con los cangrejos - dijo  eso.

Beethoven Arlantt, 1.961. Nacido en la población de Atanque departamento del Cesar Colombia, desciende de la etnia Kancuama. Es uno de los nuevos narradores del Cesar. 

Tomado de Cuentos Tejido de vientos, Antología de poetas y narradores del Cesar. Fundación Editorial El Perro y la Rana, Imprenta de Apure Veneuela.

2 comentarios:

Miguel Barrios Payares dijo...

Interesante texto señor Diógenes.

Titánica labor la suya de compilar aquí, la literatura reciente de la costa.

Seguiré pasando por acá.

Diògenes Armando Pino Avila dijo...

Gracias Miguel y enhorabuena por tu primer puesto en el concurso de cuentos del Túnel. Un abrazo