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sábado, 10 de septiembre de 2011

José Luis González Mendoza

Tomado del libro: Donde habitan los exilios. Editorial Río de la Plata 


Donde habitan los exilios

Sabemos cuál fue el sueño de ellos, basta saber
que soñaron y están muertos.
                                                            William Yeats

Hay un lugar en los ocasos de los sándalos, en la encrucijada
de la noche y los destierros. Un lugar donde el tiempo,
que el hombre cuantifica con el tabaco, se ha detenido
en el umbral de la clepsidra. Un lugar donde habitan los exilios.

Hay una escuela envejecida por la ficción de la eternidad y las quimeras.
Hay un tiempo pétreo y cuaternario.
Hay una biblioteca enmohecida por el heráclito río de los griegos.
Hay un libro de la biblioteca de los Tolomeos perdurable siempre.
Hay una octava bocacciana y una endecha petrarquesca.
Hay un viejo códice de la Gesta de Beowulf, de Thorkelín.
Hay un haikú de Matsuo  Basho en las paredes carcomidas.
Hay una vieja traducción del Sutra  del  diamante de WongJei.
Hay un juglar que narra  los cantares de gesta de Don Rodrigo.

Pero lentos al  andar llegan hombres.
llegan al pretil de los bohíos  amparados en los
fragmentos de la noche  que socavan las sombras que el lucero alumbra.

Y llegaron a Chengue, a Salitral, a El Salao.
Y llegaron a  Colosó, a Macayepo a San Onofre.
Y llegaron a todos los  rincones del alma persuadida.
Y llegaron... y  llegaron... y  llegaron.
Y el silencio de los grillos, siempre agradable a los oídos, se transformó
en sonidos de motosierras y machetes que salpican gotas de sangre
en la liviandad de las flores, siempre vigilantes de las tumbas.

Y callaron ahora las escuelas y las sinuosas rimas del tiempo.
Y amordazaron el monumento del intelecto vasto y generoso.
Y las luces de las luciérnagas se trasformaron en Libélulas de Fuego.
Y prontamente hundieron sus gladius hispaniensis.
Y asesinaron la paz y el saber de milenarios genes.
Y las cabezas se transformaron en pérfidos balones de fútbol.

Y todos los hombres y mujeres que cayeron son mis hermanos.
Y los insectos de la noche que callaron son mis hermanos.
Y los animales del monte que huyeron son mis hermanos.
Y lánguidas las viudas.
Y los huérfanos, que también son mis hermanos.
Y es incontable la tristeza en los pueblos y caseríos asolados.
Y se marchitaron las trinitarias, los bonches y los campanos.
Y lo que antes era el país de los felices ahora es el país de los exilios.

No es un país para morir de viejo.
¿Es el infierno así?
¿Habría otro Agamenón para arrasar a Troya?
¿Habría otro Alejandro para someter a Persia?
¿Habría otro Escipión para incendiar a Canago?
¿Habría otro Odoacro para saquear a Roma?
¿Habría otro Mehment para conquistar Bizancio?
¿Habría otro Cortés para masacrar Tenochtitlan?

¡Has caído de los infiernos, lucero, hijo del ocaso!
Eras Arcadia,aún más.
Pero ellos Caines sempiternos, de todo me despojaron,
sólo me dejaron el exilio.
Ahora el Minotauro cabalga en los insomnios de la noche.
Ahora las pesadillas cabalgan sobre los sueños de la noche.
Ahora transpiran terrores los horrores de la noche.

Esto aconteció en el ardoroso estío de finales del dos mil
y en otros tiempos aciagos.
¿Hay alguna esperanza?
¿Hay exilios con olvidos?
Hay que volver a inventar la vida, se sabe.
Pero aún perduran dos mil ciento ochenta y ocho hexámetros
de Las  geórgicas de Virgilio,
cuatrocientos treinta y  tres versos de T.S. Eliot: La tierra baldía
y unos versos de Tennysson: un fragmento del Ulises.


Viajeros en el tiempo

Dejaré que el tiempo siga haciendo camino
en el vacío, mientras el universo siempre
dinámico, se expande y se contrae haciendo
la historia y la antehistoria.

Entonces… entonces...
Sabremos quiénes somos y de dónde venimos.

Espacio aéreo Santafé de Bogot4 -Buenos Aires,
Vuelo088 de Avianca
junio 1 de 1999. Rumbo al destierro
Dta 01 de exilio

El síndrome del exiliado

A José María Vargas Vila, quien como  yo,
También conoció  el  exilio.

Día tras día, noche tras noche,
el exilio nos deja inertes. Y el otoño,
que sueña en las regiones donde nada sueña,
parece congelado por siempre, sin los mirlos,
sin las hojas, sin el tiempo, tan vacuo como
una mariposa soñada en un sueño soñado.

La existencia se deshoja en un susurro de
tormentos como la hojarasca surca
el viento llena de melancolía.

La esperanza se fuga -como el helio al sol-
en un proceso de fusión, y una tortuosa aflicción
me hace consciente que el tiempo de otro tiempo
ya no fluye con holgura.

La rutina me atrapa en su espesura para
precipitarme hacia la profunda infinitud de una
existencia invivible.

Oh, Dios, ¿tales cosas pueden ser posibles?
Ahora, la supervivencia depende de no recordar
lo que se sufre ante el destierro.

Buenos Aires, República Argentina, junio 10 de 1993 (Otoño)
Día 10 del exilio


¿Cuándo se es un Poeta?


¿Cuándo se es un Poeta?
Cuando a la cosa en sí
la rompéis en lo concreto

Y le dejáis fluir lo abstracto
en una convulsión febril
hasta agotar la melancolía.

Buenos Aires, República Argentina, junio 20 de 1994
Día 385 del  exilio.

El laberinto de las soledades


Bajo la lluvia matutina, en la estación mítica de Once,
disputando un puesto en los trenes del Oeste.


Es la mítica estación de Once. Una
telaraña de rieles oxidados se entretejen
como un laberinto de soledades que no
llevan a ninguna parte.

Ya no existe más el humo polvoriento
que anunciaba a los abuelos la partida
de los trenes de carbón.

Ahora, en su lugar, está el aroma enrarecido
de las putas que los sábados temprano
abarrotan los vagones como cenicientas 
inocentes en busca de ocultar al alba sus falsías.

Los vendedores ambulantes pululan ordenados
por una ley tácita tratando mitigar el hambre
de los suyos.


Y una copla de Alberto Cortés resuena
desde lejos: "para qué he de tener hambre
si no hay con qué comer".

Buenos. Aires, República Argentina, julio 16 de 1994
Día 411 del exilio.

José Luis González Mendoza. Sincelejo Colombia, 23 de noviembre de 1956. Novelista, poeta, cuentista, ensayista, periodísta y crítico de arte. Médico de la Universidad de Cartagena y especialista en diagnóstico por imágenes Univeridad de Buenos Aires. 
El Inquisidor (novela), Donde habitan los exilios (Poesía), La naturaleza esencial del tiempo en Borges (Ensayo)

1 comentario:

Miguel Barrios Payares dijo...

Excelente...

Buena producción y pegada a la tierra, a nuestra realidad...

Buen aporte amigo Diógenes.