Seguidores

viernes, 5 de agosto de 2011

Santiago Pinto Vega


Tomado del libro: Tejedores del Tiempo. Pinto Vega Santiago. Instituto de Investigación Educativa  Afroamericano -IVEA. 2008

Palenquera


Una heroína explotada
por mercaderes de la
historia de Cartagena


I

Mientras
el cielo abre
su abanico de estrellas
sobre los tizones ebrios
de tu fogón de piedra,
la sangre adoba la comida
con la sal que da la vida,
tus hijos frente al mar esperan
las playas abiertas
para que las olas se entretengan
con la piel de la madera.

II

Arrancaré
de mi labio
un poco de dulzura.
Sacaré de tu cuerpo
todos los golpes
que te han dado
para que sientan y sepan
 que tu dolor es humano.

III

Tú y yo
nos hemos vestido juntos,
la verdad
es que no sabemos
por qué nos vestimos,
 la verdad
es que poco
nos interesa saberlo,
la verdad
es que juntos nos vestimos
y vamos
como vinimos
como  si hubiéramos
 venido a este mundo
por el placer
de vestirnos.


La Lavandera de
Santa  Rosa  de Lima

Altiva
bella
y feliz,
morena
y dulce
se mueve
mi abuela Ángela Zambrano.

Como una solitaria
luz de la mañana
se levanta,
no se cansa
friega
los pañales
de su nieto,
los deja limpios
como una azucena
colgados al sol
con ganchos de ceiba
para que el viento
los seque
en dos horas
 largas de espera


II

No todo estaba perdido
 sobre la tarima
de cedro negro.

Mi abuela saboreaba
 sobre el taburete de cuero
 la dulce manía
de encender las velas
para que el santo del pueblo
 saliera con su espíritu
a revivir tantas cosas muertas
por tantos años de espera.

Mi abuela Ángela Zambrano
Amaba sus trastos viejos
y cada noche
durante su sueño
los desnudaba
con la esperma de sus dedos
y el mechero de gas de su aliento.

Aromas
sonidos
y poesía
fueron parte de su vida,
fueron instantes de alegría,
fueron cantos de vida,
fueron fuentes de placer,
fueron agua fresca
para el dolor y la angustia.


Mi abuela Ángela Zambrano
vivió sola, única
navegó con sus sueños
un río infinito de placer
después de cien años
de caminar
sobre las polvorientas calles
de Santa Rosa de Lima
donde el agua tomaba
de su sed centenaria.


III

A mi abuela Ángela Zambrano
no la conocí como era
estaba muy pequeño
pero caminaba con ella
por las calles de Santa Rosa de Lima.

Fui su báculo
de la calle del Trompo a Calle Nueva.
Dormía sola
en su cama de tijeras.
Con sus ojos me hablaba
de las cuatro velas de esperma
que iluminaran su rostro
 cuando ella muriera.

Caminaba lenta,
suave y serena
y yo cantaba sus pasos
como si de ellos dependiera
que mis años no fueran cortos.

Murió sola
como mueren
los que pierden la mirada.
Se fue sin pronunciar palabra
y con mis manos cerré sus ojos,
sola en medio
de un centenar de nietos.


El Carretillero

Con la justa medida de un soñador
 el carretillero empuja
las tres ruedas de su angustia.

Lleva la sed del agua de panela
y la justa balanza de la música,
por la dulce manía de cobrar
para su cuerpo lleno de angustia.

Vende yuca,
 plátano verde
y mango de azúcar.
Vende a la medida justa
de todos los días
con voz precisa
la libertad que le dan.

Así vende el soñador del pan
cada ritmo de la música
empujando las tres ruedas de su angustia
 por las angostas calles de la ciudad.

II

Cartagena es transparente
como el vidrio
en un día de siempre
que nunca se detiene
 el carretillero
toma del bangaño
seco del día
agua para su sed
-agua de sí mismo­
y empuja sin piedad
su carretilla de tres ruedas
gastándose en plátano verde,
en ñame de espinas y yuca.

Y cuanto más agua toma
por el delirio de su venta
 más hierve su voz.
Su voz seca
más seca se pone,
su piel negra
más negra se pone
bajo este sol de Cartagena
que no da tregua
ni en el tiempo
ni en la calle.


Oda a las Madres de Bojayá

Desde hace largos años
padezco la locura de la poesía.
¡con este pesado fardo vivo,
con este luminoso empeño espero volver
porque volver es la salvación del hombre!

El destierro duele
Como la muerte!
¡Me inquietan los pájaros
que hacen sus nidos
en ramas tan frágiles!

¡Me inquietan las madres
que alimentan sus hijos
en desoladas catedrales.
Son tan desprevenidas
que no temen a los cuervos
que rezan en los altares.
Me duele que vivan a su suerte,
que solo lloren,
que no protesten.

Por la levadura del pan
que amasan las madres,
despierta el amor que tengo.
Por el camino hacia el río,
reconozco el universo
de los que aman el mar.

Por eso vuelvo a ese lugar de la tierra
para alcanzar
lo que el cielo no puede dar.

Allí por el agua que tomo
nacen mis poemas,
cargo el agua de mis pozos
y el barro de mi suelo.

Allí por la presencia
 del verde en mis ojos
el Guayacán permanece en el invierno
y florece
para siempre en el verano.

Aquí todavía hay hombres
que sienten el murmullo de los peces.
Aquí debajo de las escamas
duermen años de ira
sin memoria.

Aquí las hojas caen de los parques
como reliquias de los gases que arden.

En la boca de los altares
Cristos degollados,
niños abandonados
a la tórrida violencia del fuego
y el poeta piensa
que todavía los hombres
tocan campanas,
que llevan sonidos alegres
al fin eterno de los amantes.

Poema  Borroso

No hay nada igual
sobre este mundo
como sacar
un poema borroso
del pozo
donde nadie lo ha visto.
Este lo saqué un día cualquiera
como a un niño
recién parido
empapado de la sangre
de mi cuerpo.
Este poema
aún no lo he pasado
 en limpio.
Como a un niño
recién parido
 lo arropé
con pañales blancos
olorosos a mirto.
A este poema
hay que dejarlo
como ha nacido
 para que tenga
los rasgos intactos,
para que huela
como huelen los mirtos
cuando se visten de blanco.


Duele la Piel de Cobre

La mancha terrestre  
de la piel de un hombre
duele como su amor
que es de pura sangre
puesta al fuego,
con un dolor
que derrite la aurora.

La mancha terrestre  del amor
es tinta roja
que vacía el fulgor
de todos los días.

Duele la piel
 que se niega
y se empolva
 y llora
como si fuera
extranjera
que no sabe
de donde viene
porque es ausencia.



Santiago Pinto Vega. Nació el 25 de julio de 1933 en Santa Rosa de Lima, Norte de Bolívar. Hizo estudios de primaria en el cole­gio Santo Tomás, dirigido por el maestro Emiliano Alca­lá, Bachiller del Liceo Bolívar de Cartagena, Licenciado en Física y Matemática de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja, Máster en Energía Nuclear de la Universidad de Puerto Rico, Máster en Física pura de la Universidad de Indiana, USA, Philosophy Doctor de la misma universidad, Postdoctorado de la Universidad de Upsala, Suecia.
Autor de diferentes obras y artículos relacionados con su campo profesional. Ex rector de la Universidad Industrial de Santander, Decano de Ciencias de la Universidad Distrital, Ex rector del Centro Pedagógico de Formación Integral -CEMPI-,
Ha publicado las siguientes obras:
Pozo de mi Agua; El Sabor de la Fruta; Mi Bote de Sueños; Las Canoas del Viento; La Idea de la Luz; El Origen de mis Sueños; Cartagena Azul y Verde; Calor de Infancia; Tejedores del Tiempo; La Pobreza es Delgada.•

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El autor escribe con una nobleza que ha de salirle del alma, porque con la sencillez que lo hace y la preparación que tiene, parece estar en dos mundos maravillosos, (no atino a deducir el mejor). Sabe de fricciones físicas y sociales y ha de manejar las dos con mucha pericia, como se nota en sus poemas y ha de notrse en sus teoremas, materia para los más entendidos.
Sería muy bueno traer a este señor a Valledupar Diógenes.
Álvaro Maestre García.

Anónimo dijo...

Poesía pura, deja volar sus sentimientos y los plasma en estas hermosas letras.
Gracias, santiago por estas lineas que nos llevan a pensar en la realidad de nuestras tierras.
con aprecio jhonny escobar.