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sábado, 19 de febrero de 2011

Maryis Del Rosario Pacheco

El sueño del hermano de Augusto

Por: Maryis Del Rosario Pacheco

Augusto le terminó de dar el jarabe y no le prestó más atención. Se puso los tenis, cerró la puerta y se fue a trotar.

Él siguió acostado en el sofá azul de la sala. Tranquilo. Revisaba las máscaras africanas que colgaban en la pared gris de enfrente. No había comido –recordó–, y no le provocaba nada. La fiebre lo quemaba por dentro, se le antojaba pensar que un baño le calmaría ese incendio interno pero estaba demasiado débil para levantarse. Poco a poco fue cerrando los ojos hasta quedarse dormido nuevamente.

Soñó por segunda vez que leía una historia escueta.
“Nadie sabía cómo había ocurrido. Una mañana simplemente empezó a llover y al cabo de varias horas las calles y las casas se inundaron. Parecía un río la ciudad. Luego los pianos, y únicamente los pianos, formaron filas, en silencio, y se largaron.

Las personas se acostumbraron poco a poco al nuevo estado de la ciudad, otras simplemente hicieron casas en lugares más altos y los que no, se fueron a otras partes menos húmedas donde los pianos no se fueran.
Cuando por fin se esperaba que terminaran de escurrirse las calles para volver a salir en bicicletas los domingos, caminar pisando el suelo y no brincando los techos o en balsas improvisadas; volvió a llover.

Las nuevas casas se inundaron también. Hubo dos muertos. Para asombro de todos, la fila de pianos regresaba. Intactos, como si el agua no los rozara para deteriorarlos. Se fueron acomodando en sus respectivas casas, en los mismos lugares donde antes habían estado, sin importar si estaban o no sus antiguos dueños. Horas más tarde, toda la ciudad estuvo seca, como si sólo un rocío hubiese caído”

Él despertó y se halló solo en el salón oscuro, volvió a recostarse en el sofá azul y soñó por tercera vez.


Maryis Del Rosario Pacheco.

Nació antes de que entrara en Neoliberalismo al país y durante sus primeros años de vida sufrió la modificación de las horas. Hija sin padre. Con una madre enorme que la liberta del llanto nocturno, aún estando cerca al tercer piso de la vida.

En el Dos mil once, continúa sus estudios de Derecho y asiste al Taller literario Renata.
Elogia la dificultad, lee y a veces escribe cuentos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

!Es genial Margi!
Álvaro.

Anónimo dijo...

Ya quiero imaginarme el tercer sueño! Buen texto Margii!!!!

Félix