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Jorge Artel

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Foto tomada de: www.elespectador.com  La  cumbia Hay un llanto de gaitas diluido en la noche. Y la noche, metida en ron costeño. bate sus alas  frías sobre la playa en penumbra, que estremece el rumor de los vientos porteños. Amalgama de sombras y de luces de esperma, la cumbia frenética, la diabólica cumbia, pone a cabalgar su ritmo oscuro sobre las caderas ágiles de las sensuales hembras. Y la tierra. como una axila  cálida de negra, su agrio vaho levanta, denso de temblor, bajo los pies  furiosos que  amasan golpes de tambor. El humano anillo apretado es un carrusel  de carne y hueso, confuso de gritos ebrios y sudor de marineros. de mujeres que saben a la  tibia  brea del puerto. al  yodo fresco del mar, y al aire de los astilleros. Se mueve como una sierpe sonora de cascabeles. al compás de los chasquidos que las maracas alegres salpican sobre las horas desmelen...

David Sánchez Juliao

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El pargo rojo Tomado de  http://www.davidsanchezjuliao.com/cuentos.asp M agdalena Santiago vive –sigue viviendo-- de comprar, limpiar y desescamar pescados a la orilla del mar. Se levanta con los primeros ardores del alba y se va al puerto a esperar el retorno de los pescadores. Allí canta, invariablemente, todos los días a idéntica hora, la misma canción; una tonadilla de aliento africano cuya letra, ella lo ignora, tiene origen en el romancero español:  Rey que sabe/leer y contar/dime cuántas olas/manda la mar.  Acaso aquella liturgia es, además de una orden de su porción de sangre negada, la expresión del sueño incumplido de ser alfabeta. Porque, por el contrario del rey del estribillo, Magdalena ni sabe leer ni sabe contar. Pero tiene un don especial: cuando ha cantado, sin contarlas, diez veces el estribillo, señala en el horizonte las primeras canoas. Magdalena nada sabe de números o letras, pero el cantar le otorga un acertado manejo del ti...

José Luis González Mendoza

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Tomado del libro: Donde habitan los exilios. Editorial Río de la Plata  Donde habitan los exilios Sabemos cuál fue el sueño de ellos, basta saber que soñaron y están muertos.                                                             William Yeats Hay un lugar en los ocasos de los sándalos, en la encrucijada de la noche y los destierros. Un lugar donde el tiempo, que el hombre cuantifica con el tabaco, se ha detenido en el umbral de la clepsidra. Un lugar donde habitan los exilios. Hay una escuela envejecida por la ficción de la eternidad y las quimeras. Hay un tiempo pétreo y cuaternario. Hay una biblioteca enmohecida por el heráclito río de los griegos. Hay...

Beethoven Arlantt

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CAZADOR CURTIDO Avelino, curtido candor de venados, es el capataz de las ganaderías de Ga rcía. En  los días de trabajo, que son todos sus días, monta en su burro mohíno y sabanea  las tierras sin cercados del potrero inmensurable de García.  En uno de esos días, hace dos años, anduvo  por las lomas de Ovejitas y encontró, entre los  brasiles del  lado derecho del  arroyo de  la Paja Larga, un ternero que  ramoneaba en el  pasto seco. Lo miró y, de un salto, bajó del  burro. Se terció la escopeta y se acercó como se le acercaba  a todas las reses del  patrón García. El  ternero levantó la cabeza  para mirarlo desmontar del  burro. Amusgó las orejas. Avelino se acercó  y observó las ancas del ternero. Buscó las marcas del  hierro de García, dueño del ganado cimarrón de sus potreros más extensos que la vista. Vio la mansedumbre  colorada del  ternero. Entonces estiró su brazo y le s...

Jorge Marel

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PALABRA  DE HONOR Os doy mi palabra No palabras  cruzadas Jamás  palabras  mayores Mucho  menos  la palabra encarnada Solamente mi palabra Os doy mi palabra A media palabra Tratando de medir mis palabras Palabra  por  palabra Os doy  mi palabra No me dejéis con la palabra en la boca        Yo soy un hombre de palabra           Yo no tengo más que una palabra Palabra de honor. DISCURSO EN BENARES SOBRE LAS VANIDADES  DEL MUNDO Mirándonos en absoluto silencio con una flor en su mano Buda   El Iluminado no requirió de las palabras EPITAFIO PARA EL POETA LIPO Ebrio en un  río, una noche se bebió la muerte en el cáliz plateado de la luna... EPITAFIO PARA EDGAR LEE MASTERS Fue el poeta de tos mil epitafios escritos en la colina de Spoon  River. Ahora, bajo tantos n...