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viernes, 25 de abril de 2014

Mario Benedetti

A tientas
Se retrocede con seguridad
Pero se avanza a tientas
Uno adelanta manos como un ciego
Ciego imprudente por añadidura

Pero lo absurdo es que no es ciego
Y distingue el relámpago la lluvia
Los rostros insepultos la ceniza
La sonrisa del necio las afrentas
Un barrunto de pena en el espejo
La baranda oxidada con sus pájaros
La opaca incertidumbre de los otros
Enfrentada a la propia incertidumbre

Se avanza a tientas / lentamente
Por lo común a contramano
De los convictos y confesos
En búsqueda tal vez
De amores residuales
Que sirvan de consuelo y recompensa
O iluminen un pozo de nostalgias

Se avanza a tientas / vacilante
No importan la distancia ni el horario
Ni que el futuro sea una vislumbre
O una pasión deshabitada

A tientas hasta que una noche
Se queda uno sin cómplices ni tacto
Y a ciegas otra vez y para siempre
Se introduce en un túnel o destino
Que no se sabe dónde acaba.


Ahora en cambio
Hubiera entregado el Dios que no poseo,
Hubiera aprendido tres o cuatro signos,
Y así desalentado,
Así fiel, ceniciento,
Invariable como un recuerdo atroz,
Me hubiera respondido,
Me hubiera transformado en ademanes
Me hubiera convencido como todos,
Refugiado en el hambre universal,
Salvado para siempre y para nada.

Ahora en cambio estoy un poco solo,
De veras un poco solo y solo.
Mi tristeza es un vaso de oraciones
Que se derraman sobre el césped
Y desde el césped nace Dios
Y está también un poco solo,
De veras un poco solo y solo.

Mas yo le ayudo a conocer las aves
Y en toda su extensión la herejía vegetal,
Los corazones de sus alegres huérfanos,
La tierra que es la palma de su mano.

Amor, de tarde
Es una lástima que no estés conmigo
Cuando miro el reloj y son las cuatro
Y acabo la planilla y pienso diez minutos
Y estiro las piernas como todas las tardes
Y hago así con los hombros para aflojar la espalda
Y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
Cuando miro el reloj y son las cinco
Y soy una manija que calcula intereses
O dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
O un oído que escucha cómo ladra el teléfono
O un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
Cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte por sorpresa
Y decirme "¿Qué tal?", y quedaríamos
Yo con la mancha roja de tus labios
Tú con el tizne azul de mi carbónico.

Arena
Arena entre mis dedos
Bajo mis pies de plomo
Arena voladora
Arena buena

En tu memoria polen
Quedaron escondidos
Mis castillos

Guárdalos hasta el día
En que un niño
Otro niño
Se acerque a rescatarlos
Con mi salvoconducto


Ausencia
El niño que no vino
Tiene los labios fuertes
Tiene las manos tiernas
El alma como nube

No es nadie
Es sólo un niño
Saca viejas monedas
Del bolsillo de Dios
Se parece a la madre
Su misma risa ancha
Su corazón a saltos

Juega con los silencios
Y con ellos hace otros
Silencios
Y se aburre

El niño que no vino
No viene
Porque cree
Que todo el que aquí nace
No se muere
Después.


Ausencia de Dios
Digamos que te alejas definitivamente
Hacia el pozo de olvido que prefieres,
Pero la mejor parte de tu espacio,
En realidad la única constante de tu espacio,
Quedará para siempre en mí, doliente,
Persuadida, frustrada, silenciosa,
Quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
Tu corazón de una promesa única
En mí que estoy enteramente solo
Sobreviviéndote.

Después de ese dolor redondo y eficaz,
Pacientemente agrio, de invencible ternura,
Ya no importa que use tu insoportable ausencia
Ni que me atreva a preguntar si cabes
Como siempre en una palabra.

Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
Desgarradoramente idéntica a las otras
Que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
De mi voz como niño, esa que no sabía.

Ahora qué miedo inútil, qué vergüenza
No tener oración para morder,
No tener fe para clavar las uñas,
No tener nada más que la noche,
Saber que Dios se muere, se resbala,
Que Dios retrocede con los brazos cerrados,
Con los labios cerrados, con la niebla,
Como un campanario atrozmente en ruinas
Que desandará siglos de ceniza.

Es tarde. Sin embargo yo daría
Todos los juramentos y las lluvias,
Las paredes con insultos y mimos,
Las ventanas de invierno, el mar a veces,
Por no tener tu corazón en mí,
Tu corazón inevitable y doloroso
En mí que estoy enteramente solo
Sobreviviéndote.


Cálculo de probabilidades
Cada vez que un dueño de la tierra
Proclama
Para quitarme este patrimonio
Tendrán que pasar
Sobre mi cadáver
Debería tener en cuenta
Que a veces
Pasan.


Como si fuéramos inmortales
Todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final
Sin embargo hay que vivir como si fuéramos inmortales
Sabemos que los caballos y los perros tienen las patas sobre la tierra
Pero no es descartable que en una nochebuena se lancen a volar

Sabemos que en una esquina no rosada aguarda el ultimátum de la envidia
Pero en definitiva será el tiempo el que diga dónde es dónde y quién es quién

Sabemos que tras cada victoria el enemigo regresa buscando más triunfos
Y que volveremos a ser inexorablemente derrotados vale decir que venceremos

Sabemos que el odio viene lleno de imposturas
Pero que las va a perder antes del diluvio o después del carnaval
Sabemos que el hambre está desnuda desde hace siglos
Pero también que los saciados responderán por los hambrientos

Sabemos que la melancolía es un resplandor y sólo eso
Pero a los melancólicos nadie les quita lo bailado
Sabemos que los bondadosos instalan cerrojos de seguridad
Pero la bondad suele escaparse por los tejados
Sabemos que los decididores deciden como locos o miserables
Y que mañana o pasado alguien decidirá que no decidan

Sintetizando / todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final

Pero así y todo hay que vivir como si fuéramos inmortales.

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