Seguidores

sábado, 9 de noviembre de 2013

Fadir Delgado

CIUDAD DE ARRUGAS

Hemos comprado la muerte y la estamos pagando a plazos
Qué se puede decir si la mentira sólo nos funciona cuando
somos niños y la risa es una máscara que se alquila a bajo precio.

El cine abandonado en la esquina como ropa vieja
Las calles llenas de graffitis de gente que sé hasta el
silencio se lo han tenido que guardar en los bolsillos.
Dioses guerreros
Rezos antiguos
Tristes iglesias y este desarraigo absurdo de la palabra
Aunque necesitemos de un rincón
se debe entender que hay demasiados mares entre
la mentira y el secreto

Todo recuerdo trae su dolor bajo el brazo, como las noches
que arrastran soles para semifelices de los sábados o
escalofríos repartidos como gatos alegres.

Alguien habla de disfraces del teatro callejero y la burla.

Aun así no se puede evitar la verdad inconclusa
Los cementerios del amor
El aliento seco de las piedras

Esta ciudad de arrugas, de mármoles carnales no habla. Sólo
entrega el aullido del último abrazo, el peligro del cuerpo.
Me entrega la angustia del perro callejero.
Tambores en las esquinas llamando tradiciones
La actitud aburrida del teléfono.
-Relojes mentirosos- la piel no resistirá el sudor de los asfaltos.
La guerra también pedirá auxilio y entonces no se podrán
hacer juguetes de tierra. Hasta las ruinas de la ciudad nos abandonarán.

Tristes iglesias
Dioses guerreros
Rezos antiguos
Seremos relámpago de los soles. Seremos celdas del asombro.
Tal vez llegarán los días donde las máscaras no tendrán un bajo precio
y entonces deberemos pintarnos la risa con retazos de miseria.

RITUALES CITADINOS

Ha cambiado el color de los cines
Los árboles se adornan de puñales felices
Ha cambiado la complicidad de los moteles.

Muchas veces en las esquinas 
se amontona la gente para arrojarle
alguna risa al asfalto, algún sueño preñado de miedo.
En estos lugares no decir la verdad es envenenar la lengua.
Las mentiras saben a óxido.

Se inauguran escombros citadinos
y las ratas se disfrazan para la fiesta.

En la ciudad hay tardes que se han extendido como serpientes
Hay casas que arrastran la indiferencia de las calles
Ocultan sobrevivientes de un domingo
En esta feria del desencuentro hay un mueble muerto
con los brazos abiertos esperando
que los amantes se liberen de la ropa
y solo le llegan los gatos tristes de los árboles.

Es bueno arrinconarse en cualquier semáforo
y detenerse en conversaciones simples
Comentar sobre el nacimiento del perro
para así no hablar nunca de la muerte
Por suerte aquí en la plaza se desconocen los peinados agrios
el ropaje de la farsa.

Y mientras el cielo pestañea
no hay lenguaje de dientes que espante.

Murciélagos en el teatro
Periódicos del día ajustados con piedras
como crucificados en los andenes.

Nadie sabe que este monumento del centro
señala el rincón que no hemos encontrado
ni siquiera los vendedores de sudor
que inventan relojes para no discutir nada con el tiempo.

Las bienvenidas del mercado
Libros coloreados de sol
Hoy no va a ser posible sentarse en esta banca sabia de la plaza
y clavarle una espalda a los abriles universales del adiós.
Esta ciudad volverá a extender
otra tarde como
remendar el otro día que se nos viene.


PIANOS DE SAL

Este noviembre de sal no podrá entender la risa desnuda
Y entonces habrá que ocultarse en el borde de un sol viejo,
arrebatarle las máscaras a esta ciudad roja.

Habrá que incrustarle un piano al dolor.

Lejos de todo este absurdo sólo existe el sobresalto
de otras ruinas, los escalofríos del domingo.
Pero también alguien debe creer que al otro lado hay un
cementerio de bocas y abrazos son crucificados en los espejos.

Aún así, hace feliz un juguete de hierro. Todavía no espantan los relámpagos.
Hay diarios de mal olor e innumerables adioses que caerán sobre la espalda.
Se deberá hablar del asombro o comerse la verdad de las piedras.
Dejar mordeduras en este intento inútil de querer.

Cuando todo suceda
Quizás el mundo se trague diciembre. Alguien multiplicará
la infancia de los sábados. Y se detendrá la tragedia del reloj

Aunque hayan tantos abismos en las ventanas nadie despojará la risa.
Cuando todo suceda
La luna se encenderá con el maúllo de los gatos.

Habrá que incrustarle un piano al dolor

Pero no todos los pianos son azules.
Algunos son de sal y noviembres.


OJO DE PEZ

Ahora las hélices duermen
se dejan cuidar por los ojos soñolientos de los perros
Las veo como soles muertos condenados
por una diosa antigua
Y a veces como caracoles extraños
ofreciendo abrazos
hay hélices con ojos de pez
hélices heridas esperando la cura de Asclepio
o una bendición balsámica
aguardando por el viento del sur
adivinando el próximo gesto del círculo blanco
queriendo imitar el calendario lunar
Las percibo como comedias trágicas
como el mundo subterráneo de las hormigas
Asusta cuando atisbo en ellas el tártaro de Hades.

Las hélices también son ninfas 
que cuidan las lluvias cuando los perros duermen
Se divierten con los caballos blancos del sol
viajeros legendarios del cielo.

Aquí me hablas de hélices abiertas
Yo te hablaré de sus fiestas al óxido
de sus mitos de hierro
de la gloria que inauguras 
cuando te sientas en ellas para contar el tiempo.
para contarte.

HIJA DE LOS PECES

Hija de los mangos
Has venido a recoger los muertos
Has venido a recoger la gaita
No insistas en curar a esta ciudad
La gente se cubre de tierra para luego limpiarse
y no pasa nada
Hija del maíz sol
Es tan doloroso mantener los ojos abiertos
Sostener esta masa de carne sobre los huesos
Hija de los metales
He encontrado telarañas en las manos y una lágrima vieja
Una lágrima de aquel noviembre en mi oído izquierdo
Todo es por esa mala costumbre de llorar boca arriba.
Hija de la nada
Allí esta la gaita
Hija de los sueños
No llueve
Es sólo el sudor de pan- gu
o tal vez los cabellos de la diosa Aditi cansados de parir ríos condenados
Allí esta la gaita
Hija de los peces
La encontré sin sus labios de plumas
Su cuerpo de madera es una calle de cicatrices
Allí esta la gaita
Ni el dios Pan podrá salvarla
Me mira
Y ahora es una gaita sin palabras
Hija de las aguas
La sueño como el pez heroico de la India
Y pienso en aquel mito chino
en donde el agua y la sangre nacen de un huevo negro
Hija de los metales
El desconoce la ira de las seis de la tarde
Las agujas hirvientes del medio día
Dios de la luz
Él no sabe que la gaita ha muerto
La gaita es un cuerpo de cenizas que danza el baile de la nada
Danza para ti
Hija de los mangos
Que has venido a recoger los muertos


Fadir Delgado nació en Barranquilla, Colombia, el 28 de enero de 1982. Autora del libro La Casa de Hierro, 2002. Comunicadora Social, sobresaliente en el campo de las artes de Barranquilla. Ha sido orientadora de actividades literarias dirigidas a niños y jóvenes. Fue Orientadora literaria de la Casa Museo Julio Flórez de Barranquilla en la actividad “La Nueva Poesía” dirigida a Docentes, y en los talleres para estudiantes del municipio en los años 2002 y 2003. Es socio fundadora y orientadora artística de la Fundación Casa de Hierro, desde la cual lidera y promueve espacios culturales para la ciudad, como el Café al Aire Libre y el Encuentro de la Niñez y su Barrio. De ella afirma el escritor colombiano Julio Olaciregui: “… Capta los colores, vibraciones y angustias de la ciudad con un método poético cuyo secreto sólo ella posee. Parte de sus visiones sobre la Barranquilla que la nutre, y a veces espanta, se encuentra en su libro La casa de hierro. Yo siento en sus textos la mirada, su observación de significados en los detalles y sinsentidos de la vida cotidiana, reflejados en esos juegos con la imaginación que nos animan desde la infancia. Para escribir suele caminar mucho, las mejores ideas nos vienen así, caminando, deja su alcoba en el Barrio Abajo de Barranquilla y sale con su mirada risueña y grave atenta a los ojos del prójimo, deslizándose por las calles del centro, bailando sobre esas "sábanas de cemento", adivinando en la pintura descascarada de algunos muros los gritos de la indiferencia sintiendo el rayo, el “escalofrío del abrazo” mientras espera el cambio del semáforo. "Muchas veces en las esquinas se amontona la gente para arrojarle alguna risa al asfalto, algún sueño preñado de miedo", dice en uno de sus poemas inéditos, Rituales citadinos. Su voz late con el mar, prestando su voz a la vida, ahora, dándole cuerpo a la creatividad, como dice en otro de sus textos, a las temibles muecas del desorden”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La belleza y la inteligencia de fadir es proverbial!
Álvaro Maestre García.

Anónimo dijo...

Bella y extraordinaria poesía. Es arroyadora esta mujer. Mario Guerra