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sábado, 18 de junio de 2011

William Jiménez

UN JARDÍN PARA GIOVANNI QUESSEP

Los polvos de las cavernas
son tus silencios
cada pétalo de tu metamorfosis
se va suicidando
en las sillas del crepúsculo
Esto no es Verona
ni todos los cantos  son griegos
¿extranjero de tu soledad?
¿exiliado de tu isla?
Desvístete entre los fuegos
para que veas los versos de tu ceguera
Tu callar es una soga
que atraviesa tus ojos
mientras la palabra
estalla  entre nosotros
Si tienes  razón tu escritura
es un diamante
enlodado en cenizas
que va brillando en el día
y no quema en la noche
Siéntese de nuevo en su jardín
a ver la democratización del crimen
mientras reposa el ritmo
y la última canción de su fábula.

EL CALABOZO  Y EL GRITO
(Evocando a José Aníbal Moya)

Los helicópteros navegan  en la luz propagando la oscuridad.
Las escaleras de un reino de ojos pululan el azufre
esparciéndolo a los acuarios  imposibilitándolos de los
naufragios. ¡se ha prohibido gritar las llagas de las cenizas!
Lo azul de los cuerpos son la esperanza  para retornar.
Los vigilantes oscilan entre los espacios: uno para panoptizar
los cabellos y otro para la tortura con una ratonera y un balde
para mezclar nuestra sangre con lo narcótico. Nos disparan
las membranas, nos visten de  pólvora, nos mancilla la
simiente, nos vomitan el agua, nos descuartizan los arboles
desde torres fabricadas por su absurdo. Han tratado de
podrir el sol pero  la luz estalla  en el vacío. Han hecho de la
aldea un cadalso, han colgado las vísceras de los puentes,
han alimentado el hambre con los dientes degollados que
sueltan los aviones  a una sinfonía de huesos. La desnudez
ha de conspirar contra los nuevos siniestros

METAMORFOSIS DE ALEJANDRA PIZARNIK

No he podido asesinarte
en los umbrales de los ríos
que parten hacia al alba
a veces el alba no es la música
a veces los dientes  de la noche no son escritos
¿Cuál es el infierno que grito?
¿Dé qué fuego  escribo mis voces?
No he podido ser tu otra
por los dueños del silencio
por los funestos traficadores de sogas
con que atan a los cuerpos
No agotes los espejos
con las piedras
Ni éste asilo podrá con mi tinta
por  eso me desnudo
por  eso hundo mi clítoris
en tu sombra vestida de ceniza
No he podido asesinarte
porque he sido suicidada.


(Tomado de: Revista Letras. Número 1. Año 1. Mayo de 2011. Valledupar)

William Jiménez. Valledupar 1.988. Hace parte del Colectivo Literario Yuluka. Poemas suyos parecen en la Antología Yuluka-Poetas de Valledupar (Colección Los Conjurados, Común Presencia Editores)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es un texto electrizante, bañado con la cólera del fuego que grita verdades de incendio. Se visualiza una poética enérgica y de mucha fuerza. Es vivificante enterarse de la existencia de poetas así.

Anónimo dijo...

Desde el anonimato, apuesto por esta poesía tan febril.

Anónimo dijo...

bueno quisiera decir que esas palabras son mías solo que aun no la mato del todo siempre revive en mi sombra

nemesis