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viernes, 18 de marzo de 2011

José Javier Sánchez

(Tomado del libro Fragmentos para una memoria. Colección Poesía Venezolana Contemporánea. Editorial El Perro y La Rana. 2007).


Una abuela es una casa
a la memoria de Isola Linares de Sánchez, mi abuela
Yo también tuve una casa como las que obsequia el poeta Luis
                                                                                 [Alberto
pero jamás un padre como el Inmigrante de Gerbasi.
Mi infancia transcurrió junto a mi abuela
que llevaba consigo una inmensa biblioteca adherida a la
                                                                      [memoria.
Mi casa era un jardín encerrado en ruinas marginales de
                                [techos de zinc repletos de goteras...
Mi abuela trajo al mundo diez lumbreras
que en el transcurso de la vida se le fueron convirtiendo
en cosas inferiores a mecheros de kerosén,
de los que he visto en algunos caseríos de Lara.
En esa casa el sol se llamaba mi abuela.
Lo más hermoso de mi casa era el jardín, el altar de los santos
                                                                           [y su cuarto,
los cuales edificó a fuerza de ilusiones.
Ella me dio a probar el algarrobo
y me enseñó a desenterrar lombrices y misterios de la tierra;
me presentó al Ángel de la guarda
y aprendí a amar a las mujeres a través de María,
a convertir cristianos con el agua bendita,
y a luego en un novenario expulsarlos de la tierra.
Con ella construí pesebres
y lloré por más de cinco años la muerte de Cristo.
Ella me enseñó que el marxismo
era el cristianismo sin Jesús y sus apóstoles.
Mi abuela era mi casa.
Mi casa era mi abuela.
Cuando ella murió, supe también que ella era el hogar;
el techo, el piso, las paredes,
las ventanas y hasta las mismas cuerdas
donde colgaba mi espíritu cuando era derrotado.
Y con su brisa me secaba los dolores.
Y me reanimaba con la gran oración de sus abrazos.
En mi casa
Con mi abuela.

Las nenas de mi barrio
Las nenas de mi barrio caminan por las calles de mi barrio como
si lo hicieran por grandes pasarelas de Roma o de New York.
Yo las he visto exhibir sus mejores trapos a un grupo de
intelectuales de la grama que las observan en la gran subasta
                                                                          [del deseo.
Las nenas de mi barrio dejaron el liceo para mostrar sus
atributos en una gran avenida donde con perfume barato se
entregaron al acto de intercambiar su humanidad por
                                                 [cuarenta billetes de a cien.
Las nenas de mi barrio fumaron marihuana para así adornar
su gran paraíso marginal con alucinaciones mucho más
                            | marginales pero que las hacían diferentes.
Las nenas de mi barrio se morían por darse una vuelta en una
moto y más de una entregó su inocencia por sentir el placer de
                                                   [la brisa soplándole el cabello.
Las nenas de mi barrio, como dice Miguel James, hicieron
el amor con nenes de mi barrio que tenían pistolas y tenían
navajas o que robaban bicicletas y motos y luego por mi calle
                                                                      [las mostraban.
Las nenas de mi barrio nunca aceptaron bailar conmigo en
una fiesta porque yo no tenía una navaja, porque no me
                       [drogaba y porque a veces rezaba con las viejas.
Pero a mi me gustaban mucho las nenas de mi barrio y yo me
conformaba haciéndole el amor a las madres de las nenas de
mi barrio y en su olor a cigarrillo recordaba el olor a flores de
las nenas de mi barrio y al lamer sus sudores con un gusto a remojo
y tabaco imaginaba que besaba a las nenas de mi barrio.
Porque las nenas de mi barrio a veces se dejaban mirar
y más de una vez cuando las vi sentadas en una acera
alucinando aún por causa de un buen hongo y tuve chance
de despojarlas de su ropa y de besar sus mamas y escalar a los
 picos caídos de sus pechos e internarme en la selva de su pubis
y enjuagarme en sus chorros vaginales.
Yo las dejé tranquilas.
porque las nenas de mi barrio son nenas de mi barrio así como
mi hermana y así como mi prima y como lo fue mi madre y lo
fueron mis tías que cuando adolescentes no fueron la
excepción y a lo mejor también subieron a una moto para darse
                                                                               [una vuelta.

Ella me dice.
Ella me dijo
hazte mi novio y yo lo hice
y me enamoré de sus ojos chiquiticos y su cadera enorme
y empecé a cabalgar por los reinos de Zeus.

Ella me dijo
cásate ahora que es Navidad y hay aguinaldos
y yo me casé y me gasté hasta los villancicos
y entre hallacas y gaitas
elevamos nuestro espíritu al reino de los cielos.

Ella me dijo
deja ya de escribir y hazte empresario
tú estarás mejor con tu bolsillo
y yo con mis pequeños gastos.
Entonces quemé todos mis manuscritos
y me metí en el negocio de seguros
trabajé día y noche
noche y día
y conseguí ganar dos sueldos mínimos,
                                                            una úlcera
                                                                     y mucho más
que pocas canas.

Ella me dijo
tú ya no me atiendes
me voy a casa de mis padres
o de mi prima en Francia.
Y yo lloré; me arrastré por todos los rincones
mientras ella volaba hacia otro continente.

Ella me dijo, hoy,
después de varios meses,
en París no hay empleo,
extraño tu perfume, extraño tu sonrisa y todos tus poemas
mis ojos la vieron como hace tiempo atrás.

Ella me dijo
ven, volvamos.
lo que ella aún no sabe
es q|ue descubrí una esquina
donde la brisa me acaricia y respiro mejor;
han desaparecido esas antiguas canas;
y escribo, leo, sonrío y algunas veces lloro
v lie conseguido a un ser con quien decirme cosas.

Ella me dice..

Una bala tiene el poder
De acabar con una vida
de cercenar una pierna
de crear un huérfano, una viuda
de aniquilar mil proyectos y metas.
         Un acto de graduación
          una vida perfecta.
          Cien vidas en treinta años.
                   Un libro, un artista, un poeta,
                         un guardia, un sacerdote, un cirujano,
                                   un reo, una prostituta o un profeta.
De destruir Asesinos
                               Inocentes
                                             Porquerías
                                                             o Lumbreras.
 Tú tienes eí poder de no apretar el gatillo
de pasar la página
de darte otra oportunidad y no arruinar tu fiesta.
La fiesta que es la vida.

Allá arriba en los barrios de Caracas
E1 hambre es el sol y el firmamento
los niños la espantan en la calle jugando fusilado callejero
se le ocultan jugando al escondite,
en un papagayo la elevan al cielo.
La baten contra el piso con sus trompos
le golpean con sus metras el rostro
con sus gurrufíos la mutilan, la aniquilan,
siempre la corren con sus juegos.
Los adultos también tienen sus mañas
las ancianas la exorcizan con sus rezos
los ancianos la ignoran en medio de la plaza
compartiendo chimó y aguardientito
mientras echan sus cuentos de muchachos
que no son otra cosa que sus sueños.
Las mujeres y los hombres la transmutan en afectos a través
                                                                            [del sexo
los jóvenes la evaden con licor,
con barajas, con dominó y con dados
con aros, arquerías y balones
y algunos con drogas de poco valor y altísimo riesgo.
El hambre de los barrios no es igual al hambre de los pueblos, ni a la de las urbanizaciones, ni a la de los conventos.
Es un hambre distinta.
A fin de cuentas lo importante es no ser desnutridos del alma
y aunque el niño, el joven o el anciano le dan un distinto
[tratamiento
si usted es un niño del barrio y llega a ser del barrio anciano seguro pasará por todo esto.

La vergüenza quedó sobre las sábanas
                                             diluida en sudores
                                                                          en lágrimas
                                                                                            en flujos.
Yo conocí el sexo
                       ella el amor
y viceversa.
                                    No descifré su edad
                                   ni ella mis frustraciones
                                                         Y entre cigarrillos
                                                          y televisión por cable
                                                                         esperamos al sol para
                                                                                 [lavarnos el alma.

- Algunas veces
Dios me juega al escondite.
Se meoculta en las cuevas de la decepción
- ero a buscarlo con lágrimas en los ojos y con mis labios
                                                       [incrustados en mis dientes.
Pero simplemente es un juego
tarde o temprano lo encuentro y al verle el rostro descubro en
                                                        [sus ojos mi cara reflejada
lo abrazo, seco sus lágrimas y le digo que no huya
que yo estaré allí para acompañarlo.

José Javier Sánchez. (Caracas, 1970)
Poeta y promotor de lectura. Licenciado en Educación. Fundador de la Red Nacional de Promotores de Lectura y de La Red Nacional de Escritores de Venezuela. Actualmente coordina el Programa Nacional de Promoción de Lectura "Leer es Entender" de la Biblioteca Nacional.

1 comentario:

José Javier Sánchez dijo...

Hermano gracias por tan afectiva promoción. Que viva la poesía