William De Ávila Rodríguez

Confesiones crepusculares en la heladería (Tomado de:Revista LetrasNúmero 2, Año 1. Octubre de 2011) Estuvimos en la heladería de la esquina, al lado de mi casa, allí nos alcanzó a sorprender la luz parda de la noche. Pedimos cervezas, helado de chocolate, maníes y mentas. Nos untamos las bocas de acidez, miel y besos, rompimos la timidez del primer encuentro sin cita previa. Apuramos la bebida que corría espumeante por las gargantas. En medio de nuestras voces y risas, nos quedábamos callados y nos mirábamos los rostros, nos mirábamos a los ojos y cuando allá en el fondo de las pupilas descubríamos el secreto o el deseo del otro, reíamos con complicidad y alguno de los dos buscaba los labios esperantes de caricias y mordiscos. Deslizaba mis dedos en medio de su pelo recién pintado, que le caía en el borde de los hombros, y mis yemas viajaban por el nacimiento de su espalda, se estremecía y me quitaba la mano diciendo:...